La caricatura de Poirot

Hombre de celuloide


Difícil olvidar aquel 1989 en que la batalla de Azincourt fue narrada en un majestuoso plano secuencia que dirigió Kenneth Branagh. Eran los años de Enrique V y Branagh era una promesa y no la realidad de este director que ha tenido que llegar al extremo de dirigir Thor en 2011 para mantener su nombre en la mente de los lectores de tabloides. En aquel 1989 uno no hubiese podido imaginar que Branagh pasaría más trabajos interpretando a Hércules Poirot que a Enrique V ni que una producción de este tamaño flaquearía justamente por culpa suya. Porque el único problema de Asesinato en el Expreso de Oriente es Branagh. Este director que hizo una gran película hace 28 años… nada más.

Los problemas comienzan con el principio. Estamos en Jerusalén, los religiosos caminan hacia el Muro de los Lamentos cuando irrumpe en escena un muchachito a quien seguimos por la ciudad. Y el problema no es ni el niño ni el plano secuencia. Es la música. Con ella el director está empeñado en demostrar que lo que está por contar es una comedia. ¿Error de género? Creo que sí. Pero la cosa se pone peor: el niño nos conduce hasta un tipo muy maquillado que dice ¡oh là là! Con acento ramplón. ¿Eso es Hércules Poirot? Branagh cree que sí.

La producción no está mal. En contraste con la pésima actuación de Branagh están Penélope Cruz y Judi Dench. Además, la historia de Agatha Christie sigue siendo apasionante, pero tengo la impresión de que, inspirado en la interesante adaptación que la BBC ha hecho de Sherlock Holmes, Kenneth Branagh decidió realizar en clave cómica lo que es en realidad cine de misterio. La diferencia estriba en que los directores y guionistas de Sherlock juegan con la erudición de los fanáticos en lugar de traicionarlos. Los amantes de Poirot, por su parte, no encontrarán en esta versión de Asesinato en el Expreso de Oriente ni guiños inesperados ni reinterpretaciones audaces sino más bien a un hombre con un bigote ridículo tratando de convencer al público de que sabe hablar francés. Branagh dio a Enrique V un rostro, pero a Poirot no ha podido regalarle ni siquiera los trazos suficientes como para reconocer en él a una caricatura.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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