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Viernes , 15.02.2019 / 23:47 Hoy

La apuesta que se convirtió en el segundo Himno Nacional

Hoy se cumplen 163 años del nacimiento de Genaro Codina, el compositor que creó 'La Marcha de Zacatecas' a partir de una apuesta que jugó con su compadre.

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En México se juegan todo tipo de apuestas. Pero apostar entre dos amigos a ver quién compone la mejor marcha, y que ésta se convierta en el segundo Himno Nacional, no se da tan seguido. Quien ganó aquella apuesta se llamaba Genaro Codina Fernández, el creador de La marcha de Zacatecas.

Nacido en una familia zacatecana de clase media, el 10 de septiembre de 1852, Codina fue un entusiasta compositor de música conmemorativa. Sobre todo de marchas. Mostró desde temprana edad una habilidad excepcional para tocar varios instrumentos musicales, entre ellos el arpa, su favorita.

Sin embargo, Codina tomó la música más como afición que como medio de vida. Prefirió aprender el oficio de cohetero y ejercerlo con dedicación, no sólo en fiestas patronales y patrias, sino también al servicio de uno que otro activismo político. Sus conocimientos de pirotecnia lo llevaron a granjearse problemas con la autoridad y uno que otro día en la cárcel.

Cuando quiso cambiar de aires, Codina aprendió de su padre los tejemanejes de la contabilidad y se empleó en la Casa de la Moneda de Zacatecas. Por supuesto, no abandonó la música: además de tocar en grupos amateurs, componer danzas, mazurcas, valses y otros géneros de moda, formaba parte de un selecto círculo de amigos. Muchos de ellos, excelentes músicos.

Por ejemplo su compadre y concuño, Fernando Villalpando Ávila, compositor también de grandes marchas, violinista y director de la Banda Municipal de Zacatecas. A los 11 años ya andaba en la pelotera tocando corno y clarinete en un batallón, a las órdenes del Gral. J. Jesús González Ortega, a quien compuso una famosa marcha fúnebre.

En 1887, Codina dedicó al presidente su Marcha Porfirio Díaz, quien agradecido le dio un puesto vitalicio como contador en lo que sería la Secretaría de Hacienda, en Zacatecas.

La apuesta

Las reuniones de Codina con sus amigos se daban en casa de Villalpando. En una de ellas, en 1891, al amparo de un buen chocolate frailero con piquete, Codina y Villalpando decidieron hacer la apuesta de componer la mejor marcha militar para dedicársela al entonces gobernador del estado, General Jesús Aréchiga Mojarro.

Llegó el día del certamen. El jurado fue conformado por amigos, parientes y colados, que con su aplauso decidirían el vencedor. La marcha de Villalpando fue interpretada al piano por Francisco Aguilar y Urízar, mientras que Codina prefirió arrancarse con lo que mejor sabía tocar y en donde había compuesto su obra: el arpa.

La decisión fue unánime a favor de Genaro Codina. Sin embargo, al presentar en público su Marcha Aréchiga, el mismo gobernador pidió que se le cambiara el nombre: "…de por sí ya soy impopular".

La primera instrumentación de La marcha Zacatecas la hizo el violinista Aurelio Elías, director de la Banda de Música del Hospicio de Niños de Guadalupe. La segunda la llevó a cabo el mismo Villalpando y es la que se toca en la actualidad.

Tanto Codina como Villalpando murieron en 1901, con dos meses de diferencia. Pero La marcha de Zacatecas trascendió y sigue dando a los mexicanos un espíritu de pertenencia.

Música de guerra y celebración

La marcha, en sus inicios, era una estilizada forma de danza que se utilizaba más para dar saltos con la damisela que para acompañar desfiles. Con el paso del tiempo, sus acentuados patrones rítmicos (binarios) y sus melodías pegajosas interpretadas por instrumentos “ruidosos” (percusiones, metales y alientos), fueron convirtiendo al género, por un lado, en música conmemorativa, de celebración, y por otro en música cuya funcionalidad servía para que los ejércitos desarrollaran maniobras de movilización y coordine en espacios abiertos.

Por años, las marchas fueron adaptaciones de canciones populares que la gente se sabía de principio a fin, de ahí su practicidad de interpretación. Aunque el género también fue adoptado entre compositores de música “culta”, como W.A. Mozart y su famosa Marcha Turca, pieza favorita de aficionados y profesionales incluida en su Sonata para piano, n.º 11 (K.331).

El siglo XIX fue la edad de oro de la marcha, un siglo bélico por excelencia en todo el mundo. Durante ese periodo, México pasó por una desastrosa Independencia, dos intervenciones extranjeras, Santanazos, fusilamientos de emperadores, guerras de Reforma, zafarranchos fratricidas y drásticos bandazos de gobierno.

Por lo mismo, mucha de la música de la época estaba enfocada a ser una herramienta que exaltara valores patrios de conveniencia, un vehículo de la ideología que quería imponer el régimen en turno (y vaya que eran gobiernos cambiantes: simplemente de 1843 a 1847 hubo ocho diferentes presidentes).

Los ritmos festivos de marchas, polkas, mazurcas, danzas, etc., ayudaban también a impregnar de un nacionalismo cargado de poética sentimentalista las hazañas de algún héroe o eventos nacionales. Desde luego, hubo marchas importantes que conmemoraron verdaderas proezas, como la Marcha Zaragoza, de Aniceto Ortega, una obra que se interpretaba en vez del Himno Nacional durante el gobierno de Benito Juárez, y que fue compuesta en honor del héroe que logró la única victoria contra los franceses, en 1862. La marcha alcanzó fama mundial y hasta el ejército prusiano la utilizó en su guerra contra los franceses, solamente para recordarles que no eran invencibles.

Letra completa de la Marcha de Zacatecas

Prestos estad a combatir
oíd llamar suena el clarín,
las armas pronto preparad
y la victoria disputad;
Prestos estad suena el clarín
anuncia ya próxima lid,
vibrando esta su clamor
marchemos ya con valor.

Sí, a lidiar marcharemos
que es hora ya de combatir
con fiero ardor, con gran valor,
hasta vencer, hasta vencer.
Hasta morir.

Prestos estad a combatir
oíd llamar suena el clarín,
las armas pronto preparad
y la victoria disputad;
Prestos estad suena el clarín
anuncia ya próxima lid,
vibrando esta su clamor
marchemos ya con valor.

Como huracán que en su furor
las olas rompe de la mar
con rudo empuje y con vigor
sobre la huested avanzad;
no os detengais, no haya temor
pronto el ataque apresurad
guerra sin tregua al invasor
viva la patria y libertad
viva la libertad, viva.
Viva la libertad, viva.
Que viva sí, viva.

Oh, patria mia, tu hermoso pabellón
siempre sabremos, llevarlo con honor.
Oh patria mia , tu hermoso pabellón
siempre sabremos, llevarlo con honor.

Prestos estad a combatir
oíd llamar suena el clarín,
las armas pronto preparad
y la victoria disputad;
Prestos estad suena el clarín
anuncia ya próxima lid,
vibrando esta su clamor
marchemos ya con valor.

Como huracán que en su furor
las olas rompe de la mar
con rudo empuje y con vigor
sobre la huested avanzad;
no os detengais, no haya temor
pronto el ataque apresurad
guerra sin tregua al invasor
viva la patria y libertad
viva la libertad, viva.
Viva la libertad, viva.
Que viva sí, viva.

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