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Kamel Daoud revisita a Meursault

“Tengo atorado este país y no puedo pensar en nada más”, escribía Albert Camus a un amigo suyo en 1955, acerca de la Argelia que lo vio nacer

Un año antes había estallado el violento conflicto que llevaría a esta colonia francesa a su independencia en 1962. La relación que ligaba al escritor con ese país era, en efecto, compleja, y hasta nuestros días las polémicas al respecto no han cesado de surgir en ambas orillas del Mediterráneo. Durante largo tiempo, en Argelia se consideró a Camus como un traidor que permaneció fiel al régimen colonial; no fue sino en la década de 1990, al momento de la guerra civil, que los periodistas y escritores comenzaron a reivindicarlo como parte de su patrimonio literario. Mientras tanto, en Francia, se prefería dejar de lado su origen argelino y realzar el carácter universal de su legado.

Sin embargo, la posición de Camus no fue ambigua en ningún momento: nunca apoyó al movimiento independentista, ya que creía que una Argelia francesa era posible todavía, una comunidad franco–árabe que evolucionaría lentamente hacia la justicia social. “He intentado definir claramente mi posición. Una Argelia constituida por poblamientos federados y unida a Francia me parece preferible, sin comparación posible en lo que respecta a la simple justicia, a una Argelia unida a un imperio del Islam que no realizaría para los pueblos árabes sino una suma de miserias y sufrimientos y que arrancaría al pueblo francés a su patria natural”. Su apego a la tierra de su infancia parecía impedirle entender la totalidad del problema colonial o, para decirlo con Edward Said, su “inconsciente colonial” fue más fuerte y lo llevó a seguir afirmando la prioridad francesa en Argelia. Su muerte en 1960 impidió saber si su posición habría cambiado con el curso de los acontecimientos y habría terminado por reconocer el deseo de independencia de aquellos a los que siempre llamó árabes, a pesar de la diversidad de sus orígenes.

Más problemático aún que su posición política resulta el hecho de que en la obra literaria de Camus la realidad argelina haya sido silenciada como en El extranjero o en La peste, donde los muertos son árabes a los que se les niega un nombre. Anónimos y sin palabra, así aparecen en sus relatos. Este doloroso silencio es el punto de partida de la novela del escritor y periodista argelino Kamel Daoud (1960), Meursault, caso revisado (Almuzara, España, 2015), que se propone darle por fin voz al árabe asesinado por el famoso personaje de El extranjero. Y ante todo darle un nombre porque “es tan importante darle un nombre a un muerto como a un recién nacido”. De esta forma, la novela va colmando progresivamente las lagunas del relato de Camus, se va filtrando por sus intersticios hasta hacer surgir la realidad argelina que ocultaba la visión de Meursault.

Así conocemos finalmente el nombre y la historia de ese célebre personaje anónimo, Moussa Ould el–Assasse, gracias al relato que de él hace su hermano, a lo largo de una serie de conversaciones en un café de Orán con un joven francés que prepara una tesis sobre Camus: “Como todos, has tenido que leer esta historia tal y como la relató el hombre que la escribió. Escribe tan bien que sus palabras parecen piedras talladas por la mismísima exactitud. […] Su mundo es pulcro, cincelado por la claridad matinal, preciso, nítido, trazado a fuerza de aromas y de horizontes. La única sombra es la de los ‘árabes’, objetos borrosos e incongruentes, venidos ‘de otro tiempo’, como fantasmas con un sonido de flauta como única lengua”.

Entre lectura insolente y variación independiente de su centro, el libro de Kamel Daoud toma el partido de la ficción, de la libertad creativa que le permite escribir el reverso de la historia y, tal vez, de liberarse del peso que representa la herencia de Camus en su país de origen: “Camus es inevitable en la genealogía del escritor argelino, pero no soy un camusiano. No me gusta la tendencia que construye un templo alrededor suyo. Cuando comencé a escribir Meursault, caso revisado, mi editor me había propuesto que escribiera un ensayo sobre Camus y me negué. Quería conservar la mala lectura, falsa, aproximativa, que tiene la gente de él en Argelia. Mi propósito no era hacerle un juicio. No tengo su genialidad, pero tampoco quería enfrentarme a su texto sintiéndome inferior”.

No sin cierto placer desacralizador, el autor aborda El extranjero reutilizando varios de sus pasajes o incluso reescribiéndolo a la manera de otra célebre novela de Camus, La caída, en la que un hombre durante un largo monólogo se confía a otro en un bar, tal y como lo hará el hermano de Moussa, el árabe asesinado. Como si se tratase de hacer ver la indiferencia del mismo Camus hacia esos personajes que dejó sin nombre. “Esta historia debería escribirse entonces en la misma lengua, pero de derecha a izquierda”, le dice el narrador al joven que lo escucha. Pues para hacer justicia finalmente a ese muerto sin nombre habría que forzar la lengua del otro, el francés, a seguir el sentido del árabe, a incorporar en sí esa tensa relación con la alteridad y a contar lo que hasta ahora ha callado.

Mediante un dispositivo que funciona por inversión, Daoud reflexiona ante todo acerca de la Argelia contemporánea, marcada por la relación aún conflictiva con la herencia que dejó la colonización y que, por lo mismo, continúa influyendo en su relación con Francia. Tal vez en esto reside el principal interés de la novela que peca en ocasiones de cierto didactismo. Más que resentimiento o búsqueda de venganza, Meursault, caso revisado ahonda en la historia del país como para intentar entender dónde se sitúan las fallas, la línea de fractura que ha dividido profundamente a la población. Una sociedad dominada por la indiferencia, la indolencia, en la que la religión ocupa cada vez un lugar más predominante, disminuyendo la libertad de actuar y de expresarse. Kamel Daoud nos ofrece así otra lectura del texto de Camus, que suele leerse como una parábola de la condición humana: la suya es una lectura encarnada de quien mediante la palabra se rebela y defiende su libertad de pensar, de imaginar en un contexto hostil.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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