Con autorización del autor, publicamos este poema que forma parte del libro Cantar del Marrakech (Tierra Adentro, 1993)
Juan Gabriel maldito
Si fuera solo
desmadrarse tres minutos.
Pero la canción,
Juan Gabriel maldito,
se clava en el hueso
y se entierra detrás de la pupila.
Como enfermedad que dura más allá del microbio,
dulcemente nos quema.
Tú lo sabías,
emergiendo en púrpuras de tu abrigo,
con la voz vasta
del que ha sufrido la pasión de todos.
Tú, profeta
—las mieses cayendo sobre el corazón de tus pobres
y el sexo de los eunucos coronándote—,
no conocías lástima ni reposo.
Ahí va tu evangelio:
en las cantinas, en los tristes hotelitos
y en el radio de las niñas que sueñan.
Esta es la verdad,
el cuerpo y la sangre
de los que se alzan contra sí mismos.