Una cabeza humana sobre una mesa, manos y pies mezclados con frutas o cadáveres convertidos en personajes de escenas que recuerdan pinturas religiosas. Puede sonar a una escena salida de una pesadilla, pero se tratan de fotografías con un proceso deliberado que exploran cosas como la muerte, el cuerpo y la religión.
Detrás de estas obras, se encuentra el fotógrafo estadunidense Joel-Peter Witkin, nacido en Brooklyn en 1939, nunca ocultó que trabajó con cadáveres y restos humanos reales como materia prima y México ocupa un lugar particular dentro de esta historia.
¿De dónde conseguía Joel-Peter Witkin los cadáveres?
La relación de Witkin con los muertos no comenzó únicamente como una provocación artística. Antes de hacerse de un nombre, tuvo contacto profesional con la fotografía médica, y posteriormente buscó espacios donde pudiera trabajar con cuerpos humanos para desarrollar sus composiciones.
El propio fotógrafo llegó a señalar en una entrevista que utilizaba cuerpos no reclamados por familiares. También recurrió a esqueletos y restos conservados con fines científicos o para muestras en museos.
Una publicación académica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) documenta que Witkin seleccionaba algunos de sus sujetos en morgues y escuelas de medicina de la Ciudad de México, además de encontrar modelos vivos mediante anuncios publicados en periódicos.
Esto no se trata solamente de un relato asociado posteriormente con el fotógraf. Museos conservan obras suyas cuyo propio título registra que fueron realizadas en México.
México y una de sus fotografías más inquietantes
Entre las piezas más conocidas de este periodo está "Feast of Fools", realizada en Ciudad de México en 1990.
La composición presenta una naturaleza muerta en la que frutas conviven con manos y pies humanos, un ejemplo explicito de la manera en que Witkin mezclaba elementos tradicionalmente asociados con la belleza artística con restos del cuerpo.
Una edición de Feast of Fools pertenece actualmente a la colección del Whitney Museum of American Art, mientras que el Princeton University Art Museum conserva otra versión en fotograbado.
"Head of a Dead Man", otra pieza que deja todavía menos espacio a la ambigüedad: el registro oficial de Princeton la identifica como una obra realizada en Ciudad de México en 1990 y centrada en la cabeza de un hombre fallecido.
¿Por qué Joel-Peter Witkin fotografiaba la muerte?
En una extensa entrevista conservada por los Archives of American Art del Smithsonian Institution, Witkin habló de su interés por buscar lo sobrenatural mediante la fotografía y de encontrar una forma de redención espiritual a través de ese medio.
Su relación con la religión aparece desde sus primeros años como fotógrafo. El Smithsonian American Art Museum documenta que cuando era joven utilizó una cámara con la intención de intentar "ver" a Dios mediante la imagen.
Décadas después, Witkin continuó relacionando su producción con una búsqueda espiritual. Para él, fotografiar aquello que produce temor, rechazo o incomodidad formaba parte de una reflexión más amplia sobre la existencia, la muerte y el lugar del ser humano frente a ambas.
Sus fotografías y su proceso creativo
Witkin preparaba dibujos, escenarios, máscaras, objetos y posiciones antes de realizar cada toma. Después intervenía físicamente el proceso fotográfico para conseguir el aspecto envejecido y dañado que caracteriza buena parte de su obra.
El Museo Reina Sofía explica que sus fotografías normalmente parten de un dibujo preparatorio. Una vez realizada la toma, Witkin podía raspar parcialmente la emulsión del negativo y posteriormente trabajar la impresión con tratamientos de selenio o sepia.
Princeton conserva incluso dentro de su colección las notas manuscritas del fotógrafo sobre el proceso de impresión de "Studio of the Painter: Courbet, Paris 1990" y una máscara de yeso pintada que empleó en la composición.
Es decir, detrás de la apariencia de pesadilla existía una puesta en escena minuciosamente planeada y trabajada.
Entre el rechazo y los grandes museos
El Museo Reina Sofía, que le dedicó una exposición en 1988, señala que sus imágenes difícilmente pasan desapercibidas por el espectador debido a la intensidad con que abordan asuntos como el sexo, el dolor y la muerte.
Sus fotografías han sido consideradas perturbadoras e incluso ofensivas por algunos espectadores, mientras que otros espacios artísticos las incorporaron a la discusión sobre los límites de la fotografía y la representación del cuerpo.
Lo curioso es que imágenes construidas con aquello que normalmente se consideraría tabu terminaron dentro de algunas de las instituciones artísticas con mayor reconocimiento en el mundo.
El MoMA PS1, una de las instituciones dedicadas exclusivamente al arte contemporáneo más grandes de los Estados Unidos, le dedicó una exposición fotográfica desde 1980.
RCEH