J. M. Servín (Ciudad de México, 1962) es uno de los últimos escritores transgresores en el país. Autodidacta, outsider, viajero, editor, parrandero y un sobreviviente de sí mismo.
“Ya viví lo suficiente como para hacerme ilusiones de premios y cosas así. Yo estoy haciendo mi trabajo y creo que he tenido resultados que para mí son estupendos. No tengo deudas por cobrarle a nada ni a nadie; mi vida es mi bebida, mi pareja, mi perra, mis lecturas e intoxicarme cada vez que pueda”, dice a MILENIO.
El autor llega a la entrevista caminando; junto a él va Ginebra, su querida mascota. Acaba de publicar Antes de Otis (Random House), donde de entrada escribe: “A veces hay que inventar la vida para que no nos aplaste”.
Para él, su libro es “una novela testimonial, una literatura trashumante y vagabunda que entreteje la historia social de México desde el morbo y la frivolidad con Acapulco como escenario”.
En la novela, Servín va del presente al pasado, “hay muchos escenarios y épocas que son saltos temporales, escenográficos. El narrador se va transformando. No se puede decir que crece porque de alguna manera también es una novela de iniciación sobre cómo se hace un escritor”.
Servín visitó el puerto tres meses antes de que el huracán Otis lo azotara y entonces “me llegaron un montón de recuerdos familiares y personales. ¿Qué mexicano no ha venido a Acapulco? Me hospedé en un hotel legendario, el Flamingos; la guarida de bacanales hollywoodenses, donde tuvo lugar un insólito encuentro entre Johnny Weissmüller, el Tarzán en decadencia. Además está la especulativa presencia de Charles Manson; él lo declaró en una pequeña grabación de audio y no sabemos si fue cierto o no. Aquí mató a dos personas y me imagino que fue a Ciudad de México donde se topó con Jack Kerouac y varios aspectos personales que dieron a esta novela un non-fiction, una literatura autorreferencial, autobiográfica”.
Insiste en que es una novela testimonial, “pero donde trato de entretejer aspectos de la historia social de México, del México contemporáneo, a partir del escándalo, a partir del morbo y la frivolidad”.
La unión de dos fracasos
El escritor habla en la novela de su vida en París, su regreso a México y el peso del destino en su camino por ser escritor:
“Y de lo que pasa alrededor de algunas mujeres que han atravesado mi vida y también digo: el amor es la unión de dos fracasos, el tuyo y el del otro. Creo que la vida está más marcada por el fracaso y su aceptación que por el hecho utópico, idílico, de querer ser exitoso. El éxito no te deja nada, el éxito apesta, pudre a la gente; entonces creo que en mis circunstancias he aprendido y he vivido mucho a través de apostarle al fracaso, como escritor, persona y como parte inalienable de la vida.
“Este país está lleno de fracasos, y que nos lo quieran vender de otra manera es el gran error en este país, en vez de aceptar que fracasamos para resurgir, renovarnos y reinventarnos”.
Sobre el puerto, añade: “Acapulco es eso, un fracaso anunciado, y una de las grandes figuras del modernismo mexicano inaugurado con Miguel Alemán y que refleja todos los vicios y las cualidades que puede tener una sociedad como la mexicana. Pero ese glamour, el jet set, ese cosmopolitismo no lo vivimos nosotros, es una construcción de las clases poderosas, de la alta burguesía donde se ocultan muchos aspectos. Por ejemplo, que el surgimiento de Acapulco tiene que ver con la apertura de los capitales de la mafia italoamericana, estadunidense, y eso no se dice. Yo tuve que hacer una investigación documental para entender cómo y dónde surge el mito de Acapulco”.
Sin rendirse al melodrama
El autor se hizo escritor tarde, a los 40 años, después de ganar un premio modesto. “Mucha gente a esa edad ya se casó, tuvo hijos, y nadie quiere ser escritor, menos en este país donde no se gana ni madres porque hay que estar remando contra la corriente. Es una novela que tiene mucha iniciación, pero también cómo no rendirme al melodrama, sino mostrar la tenacidad y el arriesgue que puedes tener en todas las decisiones que tomas en tu vida. Las mías han sido así. Todo lo que viví a lo largo de la mayor parte de mi vida es un material literario que a mí me ha dado práctica inagotable. Podría hacer otras cuatro novelas con todo lo que me ha pasado”.
Y afirma que la vida que ha adoptado no le permite tener una visión entusiasta: “A mí no me interesa en mínimo un carajo el futuro y el éxito me parece insuficiente y podrido. Creo que debemos tener siempre la guardia en alto, porque la vida te da pocas oportunidades para que tengas una segunda oportunidad, para resarcirte, redimirte, para seguir adelante”.
Sin embargo, hay momentos de felicidad en su novela: “Salirme con la mía me hace muy feliz, y haberme convertido en escritor en las circunstancias que yo narro ahí fue eso, salirme con la mía a pesar de todo, porque nadie lo presentaba así”.
J. M. Servín se hizo a base de lecturas y es autodidacta desde la adolescencia. “Ni siquiera terminé la prepa. Fui obrero la mayor parte de mi vida. A los 31 años me fui de México para trabajar como indocumentado, primero en Estados Unidos y luego en Francia. Todo eso me dio una especie de acervo de experiencias que hoy puedo trabajar para novelar, para narrar, para hacer crónica. Después de Otis es un libro de madurez, de plenitud, donde sé lo que escribo, sé cómo hacerlo y donde me vale madre lo que siga adelante”.
Dato
Presentación de Antes de Otis de J. M. Servín: 26 de marzo a las 19:00 horas en la librería Octavio Paz del FCE. Miguel Ángel de Quevedo 115.