El público del Radio City Music Hall estalló en vítores cuando, hace poco, Bernadette Peters subió al escenario para unirse al director Gustavo Dudamel en un bis sorpresa. Ella era la estrella, pero la noche era de él. Fue agasajado por una leyenda de Broadway y dirigió a la Filarmónica de Nueva York mientras el recinto estrenaba el nuevo sistema de sonido envolvente del teatro con un programa de música de compositores neoyorquinos como Aaron Copland, George Gershwin y Leonard Bernstein.
Dos semanas más tarde, al otro lado del país, Dudamel subió al escenario del Walt Disney Concert Hall de Los Ángeles, su hogar musical desde 2009. Pero en lugar de una ganadora de dos premios Tony, le acompañaba una ganadora de dos premios de la Academia: Cate Blanchett, con quien presentó la música de Beethoven para la obra de Goethe, ‘Egmont’, actualizada por el dramaturgo Jeremy Harris.
Tras 17 años como director artístico y musical de la Filarmónica de Los Ángeles, Dudamel asumirá oficialmente el mismo cargo con la Filarmónica de Nueva York en septiembre. Se trata tanto de un nuevo capítulo para este director de 45 años como de la orquesta neoyorquina, de 184 años, que no había tenido un maestro de tan alto nivel desde Bernstein.
Dudamel dijo que, aunque su relación con la Filarmónica de Los Ángeles “era estupenda”, se marchaba: “Necesito este nuevo capítulo para mí”.
Los Ángeles tiene una de las orquestas más admiradas del país, y tiene un historial de directores a la altura. Dudamel sustituyó a Esa-Pekka Salonen, quien ahora regresa como director creativo de la orquesta durante la búsqueda de un sucesor, y Salonen a su vez había sustituido a Zubin Mehta.
Cuando Salonen se fue, “hubo una avalancha de amor hacia él —afirmó Deborah Borda, antigua directora de las orquestas de Los Ángeles y Nueva York, y quien contribuyó decisivamente a traer a Dudamel a la Filarmónica de Nueva York—. Y creo que ocurrirá lo mismo con Gustavo”.
Antonio Villaraigosa, ex alcalde de Los Ángeles, presentó a Dudamel en su primera actuación como director musical de la Filarmónica en el Hollywood Bowl en 2009.
“La gente le echará de menos —dijo Villaraigosa—. Pero preferimos disfrutar de estos 17 años que lamentar que se vaya. Él sigue adelante, las transiciones son oportunidades para reimaginar”.
Aun así, la pérdida de alguien tan fundamental para la identidad cívica y cultural de Los Ángeles es un momento preocupante para esta zona, tanto como podría ser un momento de celebración para Nueva York.
Se ha producido en un momento en que Los Ángeles lucha por recuperarse de los devastadores incendios forestales y afronta la ansiedad por las redadas de los funcionarios federales de inmigración.
Hay recordatorios del final de la era Dudamel en pancartas que dicen “Gracias, Gustavo: última Temporada de Dudamel”, en farolas a lo largo de Beverly Boulevard. Hay camisetas y carteles conmemorativos a la venta en la tienda de regalos del Disney Hall, y es difícil encontrar un asiento libre en sus actuaciones, ya que la gente empieza a asimilar su inminente partida. Y los aplausos que reciben sus entradas en escena parecen un poco más fuertes y prolongados estos días.
Sus últimas actuaciones como director musical y artístico de la orquesta en el Disney Hall serán en junio, seguidas del cierre oficial de su mandato en agosto en el Hollywood Bowl, donde dirigirá la “Novena Sinfonía de Beethoven”, la misma obra con la que empezó este trabajo.
“Dudamel ha sido Los Ángeles —aseguró Eric Garcetti, ex alcalde de Los Ángeles y pianista aficionado, quien en una ocasión se unió a Dudamel y a la Filarmónica en el escenario—. Literalmente forma parte de la ciudad. Hay muy pocos iconos que hayan sido tan grandes como un barrio o el cartel de Hollywood. No se trata de perder solo a una persona. Es uno de los pilares culturales de las dos últimas décadas aquí”.
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Dudamel, en entrevistas en su despacho, que pronto estará en el David Geffen Hall de Nueva York, y en su despacho, que ya no estará, en el Disney Hall de Los Ángeles, dijo que estaba aprovechando este tiempo para gestionar una despedida de Los Ángeles bien elaborada, al tiempo que planificaba sus primeros años en Nueva York. Ha sido, dijo, “intenso porque en este momento estoy en dos aguas”.
En una entrevista en Nueva York, Dudamel comentó que la gente le preguntaba en qué se diferenciaba la ciudad de Los Ángeles: “Son completamente diferentes —añadió—. Conecto con ambas, estos 17 años en Los Ángeles han sido increíbles, me encanta, la gente, la comunidad. Este es un ambiente completamente distinto, esta ciudad es muy muy viva. Es muy ‘prestissimo’: ya sabes, es un ‘tempo’ muy rápido”.
Ha llenado lo que queda de su agenda en Los Ángeles con actuaciones que pretenden ser un homenaje a la ciudad y a su experiencia en ella. Eso incluye programas dedicados al mural “La Gran Muralla de Los Ángeles” que la artista Judy Baca pintó a orillas del Tujunga Wash, en el valle de San Fernando, y un concierto de tres noches de “Die Walküre” de Wagner, con diseño escénico de Frank Gehry, arquitecto del Disney Hall y amigo de Dudamel, quien murió en diciembre.
Gustavo Dudamel dijo que tenía intención de mantener una residencia en Los Ángeles al menos durante los próximos meses, si no más —su residencia principal está en Madrid—. Y ahora está buscando un lugar para vivir en Nueva York, centrándose en los barrios cercanos al Lincoln Center. Y en entrevistas y conversaciones con colegas de ambas costas, ha hablado tanto —más, en realidad— de lo que se avecina en Nueva York como en Los Ángeles.
“Él quiere —y yo quiero— que la Filarmónica de Nueva York sea absolutamente activa no solo en la vida musical, sino en la vida cultural, en la vida cívica de la ciudad de Nueva York —compartió Matías Tarnopolsky, presidente y director ejecutivo de la orquesta—. Eso va a estar detrás de todo lo que haga aquí”.
Ya hay indicios de que la llegada de Dudamel anuncia una nueva era para la música clásica en Nueva York. La Filarmónica tiene prevista una actuación conjunta con la Spanish Harlem Orchestra, la banda de salsa y jazz latino dirigida por Óscar Hernández, en mayo.
La temporada 2026-27 comenzará en septiembre con una avalancha de actos por toda la ciudad, no solo en el escenario del Geffen Hall. La orquesta volverá a Radio City, y en noviembre ofrecerá dos conciertos de la ópera “Tosca” de Puccini en el Carnegie Hall.
Dudamel y la Filarmónica se disponen a anunciar su ambicioso programa de actos para la próxima temporada a principios de marzo. Pero Dudamel retrasará la toma de algunas decisiones clave sobre el alcance y las aspiraciones de su mandato para poder conocer mejor Nueva York y los gustos y estados de ánimo de un tipo de público distinto al de Los Ángeles.
“Cuando la gente me pregunta: ‘¿Qué vas a hacer?’, creo que hay que tomarse un tiempo antes de decir lo que vamos a hacer —consideró—. Es como cuando llegué a Los Ángeles. Por supuesto, tenía el objetivo de mejorar las cosas, de conectar con la comunidad, de crear este festival, de ir a Coachella. Pero todo sucede en un camino muy natural, sin empujar nada, y creo que es lo mismo aquí en Nueva York. Estamos empezando de una forma muy ambiciosa y maravillosa. Pero esto seguirá evolucionando”.
Mientras Dudamel se anticipa a sus años en Nueva York, los responsables de Los Ángeles miran hacia sus años futuros sin Dudamel en tanto encuentran a su sustituto, un proceso que parece improbable que se resuelva al menos hasta dentro de una temporada.
“Fue una de las personas que presentaron cuando postularon Los Ángeles para los Juegos Olímpicos de 2028 —compartió Kim Noltemy, presidenta y directora ejecutiva de la Filarmónica de Los Ángeles—. Se le reconoce allá donde va en Los Ángeles. Es un nombre familiar, y es una estrella al mismo tiempo”.
Garcetti dijo que confiaba en que el sustituto de Dudamel encajará en la reciente historia de maestros de renombre de la orquesta. Aun así, después de estos 17 años, sugirió, Los Ángeles podría querer mantener sus expectativas bajo control.
“Tendremos a alguien bueno, puede que incluso genial”, dijo Garcetti. “Pero no será Dudamel”.
HCM
