Cultura

“La crítica se centra en el ego”: Gustavo A. Cruz propone mirar más allá de la obra

El editor impartirá el taller 'Notas para dibujar una mirada' en Casa Tomada.

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Gustavo A. Cruz Cerna impartirá el taller de crítica de arte contemporáneo Notas para dibujar una mirada en Casa Tomada.

Editor en el Centro de la Imagen y en Revista Cubo Blanco, Cruz sostiene que el aparato museográfico del Estado mexicano opera hoy con presupuestos cada vez más reducidos, mientras otros modelos de financiamiento —principalmente privados— sostienen buena parte de la actividad expositiva del país. Para el crítico, esa asimetría no es un dato aislado: es el síntoma de un problema que la crítica de arte mexicana rara vez aborda de frente.

También miembro del colectivo Biquini Wax EPS, distingue entre dos formas de ejercer la crítica: la que analiza los discursos que sostienen a una institución artística, y la que mira hacia sus recursos —el dinero, la gobernanza, las necesidades prácticas que determinan qué puede exhibirse y qué no—. Esta segunda, dice, es la que hoy exige mayor atención.

¿Cuál es la diferencia crítica institucional e infraestructural?

Creo que en el fondo son casi lo mismo. La institucional surge de enfocarse en los discursos que sustentan a la institución artística. La infraestructural va más hacia los recursos que se invierten, el dinero que está circulando, las necesidades prácticas de una exposición y cómo opera, a nivel de gobernanza, ese aparato. Aplicado a nuestro contexto actual, inevitablemente toca la falta de presupuesto en el aparato museográfico del Estado y, por otro lado, el hecho de que otros modelos, con otras fuentes de financiamiento, puedan sostener más actividad en este momento, justo porque cuentan con presupuesto propio.

¿Por qué te parece que esa mirada infraestructural es la que hoy exige más atención?

Porque explica algo que la crítica centrada sólo en el discurso no alcanza a nombrar: quién puede exhibir, con qué recursos y bajo qué condiciones. No es un asunto sólo de contenidos o curadurías, es un asunto de gobernanza y de dinero, y eso determina en buena medida qué forma toma el arte que llega al público.

El objetivo del taller es hacer una reseña publicable. ¿Qué es lo primero que descartas cuando alguien te entrega un texto que parece boletín de prensa disfrazado de crítica?

Muchas reseñas terminan así por varias razones, y no necesariamente por pereza de quien escribe: la carga de trabajo en los medios, el poco presupuesto que existe, el hecho de que muchas personas que nos dedicamos a esto tenemos que publicar y publicar para que nuestro trabajo tenga peso en el presupuesto cotidiano. Muchos medios también restringen la extensión al punto de que se vuelve difícil ofrecer un argumento completo. Entonces sí, muchas veces esos textos suenan a boletín de prensa: nada más cuentan lo que ya dice la exposición sobre sí misma. Eso es lo primero que hay que notar.

¿Y qué más?

Que se reciben textos que son reformulaciones de los planteamientos curatoriales, casi como tareas escolares: aplican directo lo que dice el texto de sala a la obra, con lecturas tan literales que no ponen en duda ni suspenden un momento las afirmaciones que la exposición hace sobre sí misma. Se vuelve un reporte de visita más que una crítica.

¿Cómo evitas que el criterio curatorial contamine tu juicio cuando revisas el trabajo de otros?

Casi siempre termino revisando el planteamiento curatorial más que la obra en sí. Como dice uno de mis mentores, Daniel Montero, el objeto nunca basta, siempre hay una red detrás. Lo que me interesa es señalar esa red y comentarla, no propagar una visión propia sobre lo que veo. Por eso casi siempre comento más la curaduría que la producción.

Biquini Wax lleva más de una década operando al margen del circuito institucional. ¿Qué aprendiste ahí que no se enseña en un salón de clases?

Que la crítica también se ejerce y se practica. Toda la práctica en Biquini Wax es una manera de hacer crítica a lo que consideramos el centro. Nos definimos como excéntricos, literalmente: alejados del centro. Resistir y producir desde esos márgenes ya es en sí mismo una crítica a las hegemonías. El arte también puede ejercer su crítica desde su propia práctica, no solo desde lo que se escribe sobre él.

¿Cómo ejerces la crítica más allá de publicar?

Principalmente en mis colaboraciones con Biquini Wax, pero de manera colectiva. He procurado mantener cierto bajo perfil porque me parece que un sistema centrado en el ego autoral —aunque puede tener sentido como reivindicación, por ejemplo entre disidencias sexo-genéricas o poblaciones racializadas— en general resulta dañino: alimenta aislamiento, individualismo y competencia. Promover los encuentros colectivos ya es, para mí, una manera de ejercer esa crítica.

En 2016 Alejandro Jodorowsky publicó en X: “Si no cura, no es arte, es show”. ¿Qué piensas de esa frase?

Es complicada. Hay una búsqueda de sanar a través del arte que a veces raya en abuso de ese carácter terapéutico —si alguien busca sanar algo muy fuerte, mejor que vaya a terapia—. Pero también es cierto que dedicarme al arte me ha sanado en varios sentidos: sobre todo sentirme acompañado, parte de una comunidad. No creo que una pieza pueda tomarse como medicamento, pero como sistema que genera ciertos encuentros y dinámicas sociales, sí puede ofrecer algo parecido a una cura.

El taller Notas para dibujar una mirada se impartirá durante septiembre y octubre en Casa Tomada, en la colonia Roma.

hc

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Gabriela Gorab
  • Gabriela Gorab
  • Curadora, gestora y columnista de arte y cultura. Licenciada en Artes (Bond U.); estudios en MIT, MoMA, Harvard. Cofundadora de Artists’ Container y Socia de El Lion que Ruge Films. Experiencia en Australia, NZ, Inglaterra, Indonesia y EU.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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