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Lunes , 25.03.2019 / 00:55 Hoy

“Me gustaría ser una voz liberadora”: Sara Levi Calderón

Entrevista


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¿Quién es Sara Levi Calderón?

Me pregunto si no será una impostora. ¿O simplemente tuvo que reinventarse para ser quien siempre quiso ser?

¿Cuánto tiempo le llevó la escritura de Vida y peripecias de una buena hija de familia?

Casi seis años. La escribí muchos años después de haber escrito Dos mujeres. A mí la vida siempre me ha traído y llevado por rumbos desconocidos. Por eso me tardo mucho.

¿Cómo empezó la novela? ¿Cuál fue el disparador?

La necesidad de hablar, de pensar coherentemente para comunicarme con otras personas. Por último, para defender mi integridad como individuo en una sociedad homofóbica, que aunque ya no lo es tanto como cuando yo era muy joven, lo sigue siendo. La libertad de pensamiento te lleva a escribir libros.

¿Para qué sirve una novela lésbica?

¿Novela lésbica? Bueno, mi intención siempre fue escribir una novela y punto, sin asignaturas. Pero es cierto que me gustaría ser una voz liberadora para las mujeres, sobre todo para las lesbianas. Esas que aman locamente a otra mujer. Por ejemplo, como la que lee a mi lado en las noches, con una lamparita de mesa, acostada y soñando en los paseíllos que daba Proust por los jardines de la condesa de Guermantes.

¿De qué le sirvió a Sara?

Escribir y publicar Dos mujeres en los años noventa, el que se convirtiera en un best seller, ayudó mucho al éxito del libro, pero tuve que huir de mi país. Vida y peripecias… es de alguna manera el tomo II de Dos mujeres, pero años después. Cada libro me ha servido para ser yo misma.

¿De qué le sirvió a esa pareja formada por Sara y Grecia?

No lo sé. La vida en pareja no es cosa sencilla, pero no la cambiaría por nada del mundo. Cómo una novela toca esa vida es complicado de decir. A mí me sirve para ver a la pareja desde afuera y quizá eso tenga algún efecto.

¿De qué le sirvió a la comunidad lésbica?

No sabría decirte. Pero ojalá y que gocen la lectura y de algo se acuerden después. Eso ya es mucho. Y muy bueno para la memoria.

¿Existe el proyecto de traducción de Vida y peripecias de una buena hija de familia?

Quiero que se traduzca al inglés. San Francisco es un personaje central en Vida y peripecias… y el libro está dedicado a Tedi Mathews, que fue un personaje importante en ese pedazo del planeta. Me indujo y me ayudó a que Dos mujeres fuera publicado allá.

Uno no puede sino estremecerse cuando se acerca al problema del exilio en la actualidad. Sara fue una exiliada. Una exiliada de su familia, de su comunidad, de su país, que iba en un momento emocionalmente muy difícil para ella, que no llevaba sino una pluma en la mano. ¿Qué fue lo más duro a lo que se enfrentó?

El exilio fue duro pero voluntario. No se puede comparar. Vivir en San Francisco fue maravilloso, me salvó la vida en muchos sentidos. Mi exilio sirvió para repensarme, para enterarme de quién era realmente. Pero sobre todo fue muy útil para olvidar el dolor de la separación de mi familia. La solidaridad de mucha gente fue lo que más recuerdo con amor.

Pero luego volviste a México. ¿Por qué?

Después de muchos años de haberme erradicado de México comencé a cobrar conciencia de que estaba perdiendo mi identidad. Lo primero que se comienza a ir es el idioma y entonces te percatas que tu mente no funciona en su totalidad. No puedes ser tú misma. Y eso es muy peligroso para una escritora. Además, extrañaba tantas cosas, entre ellas, claro, los chilaquiles y el mole poblano, un mezcal con rodajitas de naranja.

A lo largo de la historia y de las sociedades los sujetos cambian. ¿Qué fue una lesbiana en los setenta? ¿Qué es una lesbiana en nuestros días? ¿Se han transformado las maneras de serlo, de actuar, de plantarse en la escena pública y familiar?

Publiqué Dos mujeres en los años noventa. Esos tiempos fueron muy difíciles: los prejuicios, la moral transmitida por las religiones y luego por la familia; esas buenas conciencias tan dañinas para el placer. Veo que hoy existe más libertad. Pero la libertad es la que se da uno, cuando ya no estás atada a la esclavitud que la familia soberana te impone. Estamos mejor pero falta mucho todavía.

¿Habría que preguntarse qué es una lesbiana en un medio tan cerrado, como el espacio sociocultural y religioso del que proviene Sara Levi?

Terrible, muy terrible. Pero lo es en muchos medios, no nada más en el mío. Por ejemplo, en 1994 solo el 20 por ciento de los mexicanos habría aceptado tener a un homosexual viviendo en su casa. En 2015, ya son 36 por ciento los que nos aceptarían en su sacro hogar. Estas son las últimas encuestas publicadas en un artículo de Julia Isabel Flores en la revista Nexos. Por lo visto, aún falta mucho para que podamos ser quienes somos sin que nos desprecien.

¿Existe la literatura lésbica?

Desde luego que existe. Basta entrar a cualquier librería en cualquier parte del mundo y la verás en las repisas. Hay literatura lésbica de gran calidad. Pero también hay escritoras lesbianas que no tienen interés de representarse como escritoras lesbianas. Yo soy una de esas lesbianas que se piensan esencialmente escritoras. Me molesta la separación que algunos críticos todavía hacen entre la literatura femenina y la masculina; la escritura de los straight, o bien portados, y de las lesbianas u homosexuales. Y para que veas cómo se permea, busca mi novela en las librerías, y solo vas a encontrarla por allá, en algún estante escondido al que nadie tiene acceso. Como lectora tienes que saber que estas yendo por ese libro en especial, no dejarte atraer por ningún otro en el camino, y quitarte la pena de preguntar por él.

La protagonista de Vida y peripecias de una buena hija de familia ¿es una buena hija?

No lo es. Más bien es bastante mala hija, pero fue buena algún día. Si ella hubiera crecido en una familia donde ser lesbiana no hubiera sido un pecado, seguramente habría sido una mejor hija. ¿Cómo sería si hubiera vivido en Holanda o en Berlín o en San Francisco, donde los homosexuales son como cualquier otro individuo, donde son vistos como parte de la gran mayoría? ¿Quizá buena hija, no?

¿Cuál es la experiencia más dolorosa para la protagonista de su novela?

La muerte de su querido amigo Tedi y la muerte de mi padre. Estos dos personajes fueron muy importantes en mi vida. Sus muertes me dejaron huérfana.

¿Es una novela o es una autobiografía?

Es una novela autobiográfica o quizá es autoficción.

Grecia es un personaje muy importante en la vida de la protagonista.

Es muy cierto, pero en esta novela no le tocó ser un personaje central. Sin embargo, notarás que siempre anda por allí. A veces es tabla de resonancia para Sara; otras, la hace de abogado del diablo; es compañera de aventuras, comparsa y, desde luego, su alter ego.

La experiencia de la muerte no es limitada en su relato: hay dos muertes que marcan a la protagonista, la de Tedi, a quien está dedicado el libro, y la muerte del padre.

Con Tedi conocí por primera vez la muerte de cerca. Eso sucedió en los años noventa, cuando no había cura para la terrible enfermedad del sida. Entonces las mujeres nos entregamos a nuestros hermanos. Fuimos sus enfermeras, sus hermanas, sus escuchas. Los acompañamos en sus últimos momentos. Y luego murió mi padre, que se había desgarrado las vestiduras, su traje Armani, y de esa manera me dio por muerta. Una de esas tradiciones judías que te desaparecen con la mano en la cintura.

Sara es una persona que fue declarada muerta. Sara está, o estuvo, viva y estuvo muerta. Es/ fue una viva–muerta o una muerta–viviente. Siendo tan vital ¿qué significó “estar muerta”?

Miedos, claustrofobia, inseguridades, pero paradójicamente también mucha vitalidad y alegría de vivir. Tengo una estrella no equilátera dibujada en mi carta astral. No es perfecta, pero me ayuda a vivir con mucha alegría.

¿Cómo fue la escritura de Dos mujeres y cómo la de Vida y peripecias de una buena hija de familia?

Fueron escritas en dos momentos diferentes de mi vida. Cuando escribí Dos mujeres era yo joven y fogosa, quizá tampoco tan joven pero así me sentía. La vida me guardaba secretos y yo los quería conocer todos. Ahora soy más sabia, creo haber madurado como escritora y como persona. Y sigo buscando, sigo teniendo revelaciones.

¿Qué le diría Sara a su padre ahora? ¿Cómo reaccionaría ante un ser tan querido y admirado?

Padre, qué lástima que nos tuvimos que separar. Ahora entiendo que para ti, el que yo me volviera lesbiana, significó una traición. Fui infiel a tus valores, los valores heredados por tu padre el rabino y por tu abuelo también.

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