Cultura

Filosofía de aeropuerto

Toscanadas.

Cuentan que hay literatura de aeropuerto. La desconozco. En parte porque suelen ser libros sin mérito literario, en parte porque en los aeropuertos no puedo leer. Wikipedia dice que este tipo de novelas “no son particularmente profundas o filosóficas”.

Admiro a quienes leen pese a los constantes mensajes para los pasajeros que van a Berlín, Frankfurt, Ginebra, Marsella, Roma y otros destinos; así como avisos de puertas de embarque que están por cerrar o llamados a Mr. Nuncasentiendelnombre a quien le bajarán el equipaje del avión si no aborda de inmediato. En varias lenguas advierten que no aceptemos maletas de extraños. Se notifica que el aeropuerto es de no fumar, pero tiene áreas para fumadores. Abundan invitaciones para abordar a los de primera clase, mujeres con niños y quienes requieren asistencia especial, y luego a los de segunda clase bajo el eufemismo de “clase turista”. Entre tanta voz apenas puedo agradecer que no aparezca un merolico con mochila de bocinas anunciando los éxitos de la Sonora Santanera.

Mientras espero mi vuelo a Bruselas, trato de leer una novela de László Krasznahorkai, pero estoy tan distraído que igual me daría leer aquello de “La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura” o bien: “Los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican y os hacen merecedora del merecimiento que merece la vuestra grandeza”, pues al igual que el Caballero de la Triste Figura, no puedo entender lo que leo.

Saco de mi maleta un libro que me acompaña a todos mis viajes: Why Is There Something Rather Than Nothing?, de Leszek Kolakowski. Es raro que se hable de la ausencia de filosofía en las lecturas aeroportuarias, pues justo procuro este género cuando vuelo. Será que pienso que volar me resta todo libre albedrío y me entrego a un destino controlado por el azar. A diez mil metros de altura no importa un resultado de futbol y se vuelve relevante el sentido de la vida o la existencia de un ser supremo o la frontera entre percepción y realidad.

A través de un indeterminado cielo de España, leo sobre los vanos esfuerzos de los filósofos por conocer lo que la justicia es en verdad. ¿Qué es justo y qué es injusto?

En siglos de civilización no hemos dado con una respuesta. Por eso en Arabia Saudita es justo decapitar a un poeta y a otros nos parece la cumbre de la injusticia. Por eso no se sabe si lo justo es encarcelar a Elba Esther o confiscarle toda propiedad. ¿Cuál es la justa pena para un automovilista que rompe a un peatón la pierna? ¿Y si el peatón era Messi? ¿Es más grave robar un millón de pesos que robar cien mil? ¿Robarle a un pobre que a un rico? ¿La cárcel es la respuesta para todo delito grave? ¿Es justo dar penas más leves a los ancianos? ¿Es más grave matar a un hijo propio que al hijo de otro? ¿Por qué en algunos sitios el castigo por violar a una mujer es casarse con ella? ¿Cuál es el salario justo por un trabajo? ¿Cuál es la diferencia justa de salario entre un jefe y sus subordinados? ¿Puede ser justa la pena de muerte? ¿Dejó de ser justo el justo varazo con que nos corregían los maestros?

Veo por la ventanilla el mar Cantábrico. Podría hacer otras mil preguntas sobre la justicia. Bastan las de arriba para darnos cuenta de que no sabemos qué es lo justo, y por eso percibimos la justicia con un poco de historia y costumbres y cultura y religión. Y con mucho de conveniencia.

Google news logo
Síguenos en
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.