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Filamentos: T. S.Eliot por José Emilio Pacheco

 El homenaje a su héroe, Pacheco no podía malograrlo con ningún género de prisa, así que lo preparó por años para darnos esta extraordinaria versión bilingüe,

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La poesía viene por todo lo alto a esta FIL anual. Comienzo por un acontecimiento en verdad mayor desde el punto de vista editorial: la aparición de Cuatro cuartetos, de T. S. Eliot, en una traducción magistral que constituyó uno de los proyectos más ambiciosos de José Emilio Pacheco y que ahora aparece bajo el sello de Era y del Colegio Nacional como uno de sus grandes legados.

Si el año pasado Era nos hizo felices a todos los lectores de José Emilio Pacheco publicando la esperada reunión de su Inventario (su imperdible y maravillosa columna que firmaba simplemente como JEP), ahora nos regala estos poemas trascendentales de Eliot a cuya traducción Pacheco se entregó por décadas.

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¿Qué otra temática que el mismo tiempo podía tener la obra a la que se consagró el poeta mexicano?


El tiempo presente y el tiempo pasado

Acaso estén presentes en el tiempo futuro.

Tal vez a ese futuro lo contenga el pasado.

Si todo tiempo es un presente eterno

Todo tiempo es irredimible.


Así comienza la obra del que es uno de los poetas más decisivos del siglo XX. El homenaje a su héroe, Pacheco no podía malograrlo con ningún género de prisa, así que lo preparó por años para darnos esta extraordinaria versión bilingüe, acompañada de diversas notas que nos aproximan a un Eliot que amerita desde luego toda la erudición y talante didáctico del mejor José Emilio Pacheco.

Y la poesía no puede sino explicarse con precisión, porque eso que solemos llamar inspiración no responde tanto al azar —como se imaginan algunos— como a la exactitud. Entonces se necesita de una guía que Pacheco construyó obviamente con toda su erudición, pero también con bastante sentido común: lo que necesita el lector hispanoamericano de T. S. Eliot en nuestra época, pero sin responder a la ansiedad que pretende que todo sea asimilado en forma instantánea, como en un mensaje de Twitter o Whatsapp.

La poesía no tiene prisa. Sus traductores tampoco. Y si son maestros de la minucia, la curiosidad, el gusto por el dato extraviado o desconocido —como sin duda lo era José Emilio Pacheco— menos aún.

Festejo el reencuentro con la poesía de Eliot que nos propone la traducción y las anotaciones de Pacheco. Seguro los que creíamos haberlo leído lo haremos como si fuera la primera vez; y los que nunca lo han hecho entrarán por la puerta grande al palacio de una obra que supo ir más allá de su tiempo hasta alcanzar (y siempre superar) al nuestro.

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