Vero Souto pide una cosa antes de empezar a hablar. Que no se trate de ella. Que se hable de todos. En su comunidad, dice, el nosotros pesa más que el yo.
Hoy sábado, a las 19:00 horas, la cuerda de tambores Cruz del Sur toca candombe en el Foro Cometa, dentro del Parque de las Niñas y los Niños de Zapopan.
Mañana domingo, a la misma hora, cierra el Festival Celeste con la proyección de Becho, una película uruguaya. Durante estos cuatro días hubo zona de gastronomía uruguaya con entrada libre, asado, chivito, choripán, alfajores, vino, mate, y una muestra fotográfica, Instantáneas de Uruguay, colgada en las paredes del foro. Todo organizado por la Embajada y el Consulado de Uruguay en México, con el gobierno de Zapopan como aliado logístico, y con el Mundial como pretexto y motor.
Uruguayos comparten su esencia con el mundo
Souto explica que ser uruguayo, antes que nada, significa venir de un país que manda gente al mundo. Tres millones de habitantes, y la mitad de su historia reciente escrita afuera. Por eso, dice, los uruguayos que llegan a Guadalajara no se cierran entre ellos. Se mezclan con venezolanos, colombianos, argentinos. Lo único que guardan casi en exclusiva, dice y se ríe, es alguna receta de chajá.
Lo que no logran replicar aquí es la comida, por más que lo intenten. La carne es otra, el clima donde crece el pasto es otro, la leña no pega igual. Tampoco encuentran fácil un lugar donde escuchar música uruguaya en vivo, esos espacios todavía son pocos.
Sobre las carencias de la comunidad, Souto dice que no hay grandes pendientes. Que tienen dónde reunirse, que la embajada los respalda, que poco a poco el gobierno local también abre puertas. Lo único que falta, dice, son mejores redes para comunicarse entre ellos mismos. Eso, asegura, ya se está armando.
Sobre la identidad, Souto no entra en abstracciones largas. Dice que hay hijos de uruguayos nacidos en México que nunca pusieron un pie en Montevideo y que igual hablan de Uruguay con el acento de sus padres, mezclado con el de aquí. El Mundial los junta a todos a comer y a decir de qué barrio viene cada uno: Palermo, Pocitos, el Cerro, Florida, San José, Canelones.
El mate, el asado, el futbol siguen ahí, pero ya no son iguales. La yerba mate genera disputas sobre cuál marca es mejor. El alfajor cambia de masa porque el paladar mexicano lo pide distinto. En los restaurantes uruguayos aparecen salsa macha, chipotle, tajín, conviviendo con el dulce de leche.
Los problemas reales, dice Souto, son los de cualquier migrante: papeles, apostillas, apellidos mal transcritos en actas. La burocracia pesa más que cualquier choque cultural. Sobre discriminación, dice que nunca ha escuchado un caso entre los suyos. Que Guadalajara los recibió bien desde el principio.
Festival Celeste, fruto de años de relación
El festival, cuenta, salió de la embajada como una apuesta aprovechando el Mundial, para mostrar a Uruguay más allá de la cancha.
Uruguay es el único país del hemisferio sur que produce caviar,.cuenta. Habla también de su matriz energética basada en renovables y de su industria de software. Zapopan se sumó porque fue el gobierno que respondió rápido, con espacio y logística.
Insiste en que la cercanía entre la embajada y la comunidad no nació con este festival. Que distintos gobiernos uruguayos, distintos embajadores, distintos cónsules han mantenido el vínculo. Que incluso presidentes uruguayos han visitado a la comunidad en sus viajes a México.
De todo el programa, dice que lo más uruguayo es el candombe y la parrilla, más que el cine o la fotografía. Sobre cómo los ven los mexicanos, dice que con respeto, que los identifican como gente sobria, culta, de clase media, aunque también con su lado fiestero. El estereotipo se confunde con el argentino, y ahí Souto bromea que ella es mitad uruguaya, mitad argentina, y no carga con esa rivalidad que otros sí sienten.
Sobre si el festival regresará el próximo año, no asegura nada. Dice que esta edición nació del Mundial y de una logística compleja de repetir, pero que le gustaría que se quedara como costumbre.
Cierra pidiendo que se entienda algo de Uruguay que va más allá del festival. Que el país también es charrúa, también es afrodescendiente, que esa mezcla es parte de su identidad. Que los uruguayos en Guadalajara son gente trabajadora, sobre todo en los negocios de comida, gente que adapta su cocina y su cultura sin dejar de ser de allá. El Festival Celeste, dice, es uruguayo, pero ya es también mexicano.
Festival Celeste
Lugar: Foro Cometa, Parque de las Niñas y los Niños, Zapopan
Entrada: Libre
Sábado 27 de junio
7:00 pm. Candombe con la cuerda de tambores Cruz del Sur
Domingo 28 de junio
7:00 pm. Proyección de la película uruguaya "Becho" (cierre del festival)
SRN