Cultura
  • ¿Encontraron los restos de D’Artagnan? Una excavación secreta desata una disputa en Países Bajos

  • The New York Times

Jos Valke, diácono de la iglesia de San Pedro y San Pablo, en el ático del templo. (Ilvy Njiokiktjien/The New York Times)

Dijkman y sus amigos desenterraron una parte del esqueleto sin permisos y en gran medida en secreto: ni siquiera los feligreses de la iglesia estaban informados sobre la gigantesca excavación que ocurría directamente frente a su altar.

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Wim Dijkman estaba en Múnich la primera vez que hablé con él, en posesión posiblemente ilícita de tres huesos antiguos.

Los restos (dos dientes, un húmero) podrían pertenecer o no a lo que queda de D’Artagnan, la figura histórica francesa en la que Alejandro Dumas se basó para el personaje principal de ‘Los tres mosqueteros’.

Son parte de un esqueleto que Dijkman y sus amigos desenterraron en una antigua iglesia cerca de Maastricht, en los Países Bajos, a principios de este año. 

Para consternación de la ciudad, lo hicieron sin permisos y en gran medida en secreto: ni siquiera los feligreses de la iglesia estaban completamente informados sobre la gigantesca excavación que ocurría directamente frente a su altar.

Para cuando logré comunicarme con Dijkman, en mayo, los funcionarios locales se habían enterado de la excavación y habían tomado el control. 

También habían insistido, y con evidente alarma, en la devolución de los huesos que Wim había enviado a Múnich para someterlos a datación por carbono y pruebas de ADN.

“A las autoridades locales no les hizo gracia que estuviéramos excavando en la iglesia”, admitió Dijkman por teléfono desde la habitación de un hotel alemán.

Si sentía algún remordimiento, no era evidente. Dijkman, un arqueólogo municipal y curador de museo jubilado, continuó y me dijo que sus antiguos colegas son “funcionarios civiles burocráticos” que por sí mismos “nunca habían descubierto nada de importancia” y que ahora sentían una “necesidad de intervenir”.

“El éxito tiene muchos dueños, como dicen en neerlandés”, comentó.

Sin embargo, la investigación sobre si los huesos pertenecen a Charles de Batz de Castelmore d’Artagnan, quien murió durante el asedio de Maastricht en 1673, estaba a punto de dar unos giros y vueltas que podrían haber impresionado al propio Dumas.

A los pocos días de nuestra conversación, Wim Dijkman se encontraba en una celda de la estación de policía local. En cuestión de semanas, estaba argumentando en los medios locales que le estaban tendiendo una trampa por errores graves en la exhumación y procesamiento del esqueleto.

En cuestión de meses, quedó claro que Dijkman y su grupo de arqueólogos, en su mayoría aficionados, podrían haber descubierto los restos de D’Artagnan, pero la ciudad de Maastricht alegó que también perjudicaron las posibilidades de que el mundo supiera alguna vez si los huesos pertenecen verdaderamente al mosquetero.

La búsqueda del esqueleto de D’Artagnan resulta ser una historia llena de luchas de poder, arrogancia y ánimos exaltados. Sigue consumiendo a este pequeño rincón de los Países Bajos, enclavado entre Bélgica y Alemania, donde se ha desarrollado.

D’Artagnan, un mentor y confidente de Luis XIV y el capitán de los mosqueteros de su guardia, fue ficcionalizado de manera muy famosa en ‘Los tres mosqueteros’ de 1844.

Alejandro Dumas lo retrató como un joven impulsivo pero audaz que se hace amigo de Athos, Porthos y Aramis antes de ascender en rango y prominencia. Su papel central en la popular historia lo consolidó como una leyenda nacional de Francia.

En esta parte de los Países Bajos, donde murió el verdadero D’Artagnan, su leyenda es omnipresente: hay estatuas y monumentos en su honor, una cerveza local lleva su nombre, los lugareños todavía señalan el sitio donde se dice que falleció.

En Maastricht, encontrar a D’Artagnan sin duda convertiría a alguien en un héroe.

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Imagen de una ilustración de D’Artagnan perteneciente a la edición de 1894 de ‘Los tres mosqueteros’. (Biblioteca Nacional de Francia)

“Tienes que encontrarlo”

Wim Dijkman, de 70 años, afirmó que es un científico y no una persona obsesionada con D’Artagnan, a diferencia de muchos de sus asociados locales. 

Pasó la mayor parte de su carrera trabajando como curador de museo y arqueólogo para la ciudad de Maastricht, un lugar con suficiente historia como para emplear a su propio equipo. Aunque dijo que había estado involucrado en excavaciones de restos humanos, no eran el enfoque principal de su trabajo.

Aun así, ha pasado las últimas tres décadas al menos un poco obsesionado con la idea de encontrar los de D’Artagnan.

La idea vino a él por primera vez en 2000, cuando conoció a Odile Bordaz, una académica francesa que es una de las principales expertas del mundo en la figura histórica. 

Ella señaló que el misterio más perdurable sobre el héroe francés (uno que ella, su biógrafa más detallada, nunca había podido resolver) era dónde estaba enterrado. Su propia investigación apuntaba a una iglesia católica en el pueblo de Wolder, justo a las afueras de Maastricht.

“‘Tienes que encontrarlo’”, dijo Dijkman que Bordaz le pidió.

Odile recordó la conversación. “Él me dijo: ‘Soy un arqueólogo, quizás algún día realice excavaciones para descubrir dónde está enterrado D’Artagnan’”.

Dijkman estaba ocupado con otros proyectos: la datación por carbono de caballos enterrados en una fosa común, la exhibición de piezas de cerámica local en un museo japonés. Pero D’Artagnan seguía en su mente; después de jubilarse en 2022, asistió a una conferencia y tuvo la sensación de que los asistentes casi esperaban que él encontrara los huesos, dado que era un arqueólogo que vivía en Maastricht. Sintió presión por conseguirlo.

“Para mí, fue importante como un ‘fin de carrière’, como dicen en francés. El final de una carrera”, aseguró Dijkman mientras estábamos en un museo de historia en Maastricht, donde ha vivido desde que tenía seis años.

Jubilarse también le dio margen de maniobra. Como parte del ayuntamiento, tenía que obtener extensas aprobaciones para los proyectos, ahora era un agente libre con una pala y una misión.

Wim Dijkman se acercó a los líderes de la iglesia en Wolder, quienes estaban lo suficientemente intrigados como para crear una fundación a finales de 2024 con el objetivo de financiar la empresa.

Jos Valke, el diácono, estaba particularmente emocionado: “Pensé, cuando tenemos un tesoro en la tierra (si Dios nos dio un tesoro), entonces deberíamos usarlo”.

Si encontraban a D’Artagnan, pensó, podrían establecer un museo en la iglesia. Años de disminución en la asistencia y las costosas facturas de mantenimiento habían estado afectando a las 12 parroquias católicas de Maastricht; capitalizar la leyenda de D’Artagnan podría ofrecer los recursos para ayudar a financiar toda la red.

Al principio, la búsqueda fue tanto en la superficie como en regla. Dijkman y Valke comenzaron usando detectores de metales para registrar la iglesia, que había sido reconstruida a finales del siglo XIX sobre los cimientos de la estructura medieval.

El fondo de exploración de la iglesia sólo tenía unos 4 mil euros. Contratar a un equipo de arqueólogos y antropólogos calificados para excavar en el punto de interés habría costado unos 11 mil 400 euros, estimó Dijkman. Simplemente no podían costearlo. Tampoco habían consultado a las autoridades locales sobre si podían excavar en la estructura.

Ese podría haber sido un buen momento para detenerse, pero dije: “sí, estoy a punto de encontrarlo”.

Se tomó la decisión de seguir adelante, pero sin atraer la atención. Dijkman alternaba entre insistir en que creían que seguir adelante era legal porque el sitio estaba en propiedad de la iglesia y se hacía con la aprobación de la junta eclesiástica, y reconocer que el equipo sabía que estaba jugando al límite del reglamento oficial.

“Jos Valke estaba consciente de que no era completamente legal, por supuesto”, me dijo, en referencia al diácono. Valke me aseguró que pensaba que era legal.

Dijkman contaba con otros amigos para ayudar con la excavación, entre ellos Thomas Samek, un médico cuya experiencia parecía potencialmente beneficiosa. Samek era una buena opción por otra razón: es un imitador de D’Artagnan, para lo cual se viste con todas las galas y monta un corcel brillante.

Valke dijo que, aunque la junta eclesiástica aprobó la búsqueda, la mantuvieron en secreto porque “no querían un alboroto”. Dijkman no quería publicitar la excavación antes de saber si habían tenido éxito.

La excavación comenzó lentamente. El primer conjunto de piedras no cedía mucho, recordó Valke. Después de haber sacado 75 baldosas pesadas del piso (trabajaban los sábados, según Dijkman; según Valke, por las noches), finalmente encontraron lo que habían estado buscando: había huesos en la tierra.

Los excavadores limpiaron la tierra del foso, la colocaron en bolsas blancas y la almacenaron en un armario ornamentado de la iglesia. Valke espera embotellarla algún día y vender la tierra que alguna vez albergó a D’Artagnan como una forma de recaudar fondos para la iglesia.

En poco tiempo, habían descubierto un esqueleto completo. Grabaron videos de Dijkman en cuclillas en la grieta, mientras retiraba la tierra arenosa de las viejas vértebras mientras alguien más apuntaba un compresor de aire a los restos.

Wim Dijkman comenzó a guardar los huesos en envases de plástico y a transportarlos a su casa. ¿Por qué no dejarlos simplemente en el sitio? Los excavadores estaban nerviosos de que si los dejaban en la iglesia, el personal de limpieza pudiera tirarlos. Nadie querría que el conserje desechara la mandíbula de uno de los mayores héroes de guerra de Francia.

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La iglesia de San Pedro y San Pablo en Maastricht, donde Wim Dijkman y su equipo podrían haber hallado los restos. | Ilvy Njiokiktjien

Versiones encontradas

Todo iba bien hasta mediados de febrero. Según el relato de Valke, fue más o menos en esa época cuando la iglesia empezó a recibir comunicaciones de las universidades. Alega que Dijkman les había contado sobre la excavación.

“Pensamos: queremos estar a cargo”, dijo Valke, y explicó que la iglesia decidió acudir al ayuntamiento con el hallazgo.

Dijkman niega esto enfáticamente. ¿Su versión? Valke vio a un arqueólogo del ayuntamiento en un bar local, Au Mouton Blanc: “Jos Valke le dijo: ‘¡Lo encontramos!’”.

Esto todavía le duele por dos razones: arruinó el secreto y, desde el punto de vista de Wim, atribuyó erróneamente el crédito por el descubrimiento. “Cuando dices: ‘Lo encontramos’, no estás diciendo: ‘Wim lo encontró’”.

Valke reconoció que le mencionó “casualmente” el descubrimiento al arqueólogo en el bar, pero que éste no reaccionó y que “fueron sólo desvaríos de borrachos y no una conversación seria”.

Independientemente de eso, después de enterarse por la junta eclesiástica, las autoridades locales intervinieron para tomar el control. El 13 de marzo, completaron la excavación.

Los funcionarios se alarmaron por el estado de la tumba. Los fragmentos de hueso en la tierra ya no estaban en su lugar original, estaban mezclados entre sí. Parte del esqueleto ya estaba desenterrado. Faltaban piezas.

Cuando los medios locales entrevistaron al diácono, dio a entender que las piedras en el piso de la iglesia habían estado sueltas y que los trabajos de reparación habían provocado el hallazgo.

Samek se alarmó por esto: “Jos Valke inventó la historia. Eso me sorprendió, porque la verdad es sagrada para mí”, escribió en un correo electrónico.

No pasó mucho tiempo antes de que comenzaran los señalamientos. El municipio denunció al equipo de excavadores iniciales y su falta de los permisos adecuados ante las autoridades oficiales de patrimonio cultural.

La junta eclesiástica y Valke comenzaron a insinuar en entrevistas con los medios que Dijkman les había hecho creer que sus acciones eran legales.

Para el verano, el ayuntamiento había anunciado que la excavación inicial “no fue documentada de acuerdo con los procedimientos arqueológicos estándar. Como resultado, una cantidad significativa de información arqueológica se ha perdido irreversiblemente”, se leía en un documento de preguntas frecuentes del ayuntamiento sobre la situación.

Incluso después de que quedaron bajo escrutinio, Valke y Dijkman mantuvieron la esperanza de que pronto podrían tener respuestas sobre si el esqueleto era el de D’Artagnan. Samek había llevado varios huesos a una universidad en Múnich para pruebas y análisis de ADN.

Los resultados podrían compararse con el ADN de los descendientes vivos de la familia de D’Artagnan, pero luego Maastricht anunció que consideraría esos resultados como nulos y sin efecto.

“Debido a que el origen, el muestreo y la documentación de ese material no se llevaron a cabo ni se verificaron como parte de la investigación actual, no sirve como base confiable para responder a la pregunta de la investigación”, dijo el ayuntamiento en una hoja de preguntas y respuestas.

Las autoridades municipales, indignadas, pidieron que los excavadores originales y la universidad que llevaba a cabo el análisis devolvieran los huesos a la brevedad. 

A Dijkman le preocupó que el ayuntamiento hiciera que los que podrían ser los huesos de D’Artagnan fueran enviados de vuelta por correo desde Múnich. Para proteger los preciosos artefactos del servicio postal, decidió ir a recogerlos él mismo.

Cuando regresó a Maastricht, se negó a entregar los huesos. Confió los fragmentos a un “amigo”, con la esperanza de que el ayuntamiento le devolviera el dinero. Además, quería mantener una posición en su proyecto. “Pensé: si les das todo, pueden dejarte fuera de todo”.

Wim Dijkman recibió la visita de varios agentes de policía, lo que fue una sorpresa para él porque nunca había tenido problemas con la ley.

Fue llevado a la estación y encerrado en una celda; él estima que por unas cuatro horas. Sólo después de que aceptó entregar los huesos fue liberado. No ha sido acusado formalmente.

Jon Valke también fue llamado a una estación de policía para dos horas y media de interrogatorio. Hasta que recibió la citación, dijo, nunca se le había ocurrido que podría estar bajo escrutinio por una transgresión.

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Wim Dijkman, arqueólogo retirado y curador de museo, con la estatua de Charles de Batz de Castelmore D’Artagnan. (Ilvy Njiokiktjien)

Los datos analizados

Para principios del verano, el ayuntamiento de Maastricht enfatizaba que los huesos podrían no pertenecer a D’Artagnan. Si bien el esqueleto es de un hombre de aproximadamente la edad correcta (se cree que D’Artagnan tenía unos 62 años cuando murió), la datación por carbono señala que la persona fue enterrada en algún momento entre 1500 y 1900. Muchos hombres de 62 años murieron durante ese lapso.

Un análisis realizado por la Universidad de Ciencias Aplicadas Saxion en Deventer apuntaba a que el esqueleto pertenecía a un hombre que consumía una dieta rica en pescado en los primeros años de su vida. El ayuntamiento dice que eso parece inconsistente con la crianza de D’Artagnan, dado que nació lejos de la costa.

El análisis de ADN en Múnich nunca se hizo público, y se está realizando un nuevo análisis del esqueleto. Se espera que se complete para finales de 2026 o principios de 2027.

El ayuntamiento también ha criticado duramente la excavación inicial por dificultar la identificación. Se ha determinado que varios de los huesos revueltos de la excavación anterior pertenecen a otras personas.

“Fue un excolega el primero en llevar a cabo excavaciones. Bueno, el término excavaciones no es del todo apropiado, no fueron arqueológicas”, aseguró Gilbert Soeters, uno de los arqueólogos del ayuntamiento, a los periodistas en una conferencia de prensa en julio, según la Agence France-Presse.

Wim Dijkman dice que el ayuntamiento está insinuando que él arruinó la excavación para llevarse el crédito si los restos resultan ser los de D’Artagnan. Valke, mientras tanto, está estresado por las posibles repercusiones legales. Samek calificó toda la complicada situación como una “lástima”.

“Es una pena, porque el lema de Alejandro Dumas era el de los mosqueteros: ‘Todos para uno y uno para todos’. Así que, ya sabes, nos hubiera gustado que las cosas fueran con ese espíritu”, coincidió Bordaz, la académica francesa.

Aun así, todos comparten la esperanza de que el hombre en la tumba demuestre ser efectivamente D’Artagnan.

“En ese momento, habrá una reacción de las autoridades francesas. Dirán: ¿Cómo continuarán incriminando al hombre que encontró a nuestro héroe nacional?”, me dice Dijkman.

-Con información de Koba Ryckewaert.

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