• Regístrate
Estás leyendo: Encanto a intervalos
Comparte esta noticia
Viernes , 19.04.2019 / 16:37 Hoy

Encanto a intervalos

Inspirada en un cuento de Joe R. Landsdale, La espantosa y marginal vida de Godzilla ofrece una imagen decadente de la bestia icónica del cine y la televisión 


Publicidad
Publicidad

La espantosa y marginal vida de Godzilla puede atraer a quienes conozcan el trabajo de Carlos Converso, director, actor, titiritero, creador de objetos y personajes de gomaespuma para la escena. La nostalgia por la mítica iguana gigante puede ser también un imán para algunos espectadores en torno a la obra de Yéred Zabdiel, inspirada en el cuento “El programa de doce pasos de Godzilla”, escrito por el multipremiado Joe R. Landsdale, autor de más de 40 novelas y cuentos cortos de suspenso, horror y misterio. Sin embargo, y aunque este cúmulo de elementos se antojan, se extraña en el resultado la magia característica del trabajo de Converso.

Los objetos, personajes, escenarios y títeres tienen el sello del también dramaturgo nacido en Córdoba, Argentina, en 1947, que reside en Veracruz desde hace décadas. La cabeza y el largo cuello del monstruo japonés, que apareció por primera vez en pantalla en 1954, es al principio un títere de guante extendido con textura de puntas rugosas. Más tarde sus gruesas patas son lo único que se alcanza a ver de la bestia que en otro momento saldrá completa, aunque de menor estatura. En otras escenas será la silueta negra de una historieta cuyas páginas muestran su hastío por haber dejado la emocionante actividad de destruir ciudades a cambio de un vulgar empleo en una fundidora.

La creatividad de Converso, autor de una estética expresionista que juega y dialoga intensamente sobre el escenario, está presente en los objetos y títeres de este montaje que tiene lugar en diversos micro escenarios, desde una mesa, donde la arena de playa es un breve tapete que se desenvuelve y se enrolla al finalizar la escena, hasta un teatrino donde los títeres de mano se deslizan por el espacio para volverse luego personajes planos cuya sombra es proyectada en espacios exteriores con edificios, o en la intimidad de su casa.

Los objetos, los títeres planos, el barista, que al parecer es el padrino Reptilicus con bigote, los enviados del FBI, Lucifer, y los perros que intervienen, son hermosos en su esencia grotesca. La ilusión de que están vivos es parte del aliciente de este arte único, pero aunque se aprecia el trabajo del joven equipo —integrado por Dora Isabel Rivera, Yéred Zabdiel, Yeudiel Domínguez, VJ Eusky y León Felipe Mendoza Cuevas, que debe manipular títeres en todas las técnicas, interpretar varios personajes en lapsos raudos y breves, además de poner y quitar escenarios e intercalar su voz entre las que están grabadas—, el encanto solo se consigue a intervalos.

La dramaturgia inspirada en el cuento del escritor norteamericano sigue la pauta de los doce pasos que se proponen los adictos para rehabilitarse, como Godzilla, que intenta alejarse de la violencia y la destrucción. Fiel casi por completo a lo expuesto en su punto por el ganador de seis premios Bram Stoker, salvo en detalles que no se echan de menos, el texto de Yéred Zabdiel y la dirección de Converso siguen la feroz crítica que Joe R. Landsdale hace sobre el racismo y la concentran en la persona del presidente con copete rubio, un pequeño títere más entre todos los que poseen cuerpo de cartón, madera, tela o esponja.

¿Cómo es entonces que habiendo todos los elementos sobre el escenario se ausente el hechizo latente en ese micro universo? El equipo necesita un intenso trabajo de voz y un taller para actores con títeres, que consiga abrir el cauce interno entre el muñeco y su manipulador hasta que se vuelvan uno. Solo así, lo ha demostrado Converso cuando ha estado en escena, se llega al alma de ambos y de ahí a la del espectador.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.