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Elena Garro: la sin piel

Merde!


Los perros yacen en el corral: para la madre, es el anuncio del robo de su hija, de apenas doce años. Igual que a ella, la tragedia se repite en el pueblo, cuando un hombre le dejó “los cabellos y las piernas manchadas de sangre”. En apenas trece páginas, la obra de Elena Garro Los perros recrea el universo de la desgracia de mujeres deseadas por hombres que, sin escrúpulos, con la complicidad de otros, hacen suya la posesión de “la mujer tiernita”. Se las roban en un costal. El destino se encarga del resto.

Se ha escrito mucho del realismo mágico en Elena Garro, pero no suficiente como para borrar el peso del éxito de Gabriel García Márquez en la órbita internacional. Ella lo inició antes en el teatro mexicano, desde 1957, cuando en Poesía en Voz Alta se estrenó Andarse por las ramas, Los pilares de doña Blanca y Un hogar sólido. La dimensión poética que alcanzan sus piezas es patente al leer sus dramas. Y el ocuparse de las mujeres en su obra la hace una avanzada del feminismo pero sin el discurso ideológico, sin asomo de denuncia, solo la literatura intemporal como comprensión del mundo.

Los perros, lejos de la realidad brutal y de la misoginia, recurre a las metáforas para despertar conciencias. Lean la descripción final y el último diálogo: “Manuela se levanta. Recoge su tompiate lleno de tortillas. Lo cubre con una servilleta de flecos rojos. Se vuelve y no ve a Úrsula, avanza hipnotizada hasta el lugar que ocupaba su hija. Deposita el tompiate en el suelo, coge el vestido y se queda escuchando.

“Manuela: ¡Qué silencios, qué silencios están los perros de mi casa! Dios permita que no les mocharan las patas… ¡Qué silencios están los perros de mi casa”.

Sandra Félix, especialista en la dramaturga, montó magistralmente la obra en 2007. Los perros aullaban a lo lejos, anunciando la desgracia. Una mujer en cuclillas hace tortillas frente al comal, intuye la tragedia que su hija vivirá al caer la noche; la misma que ella sufrió: el rapto de su cuerpo y alma; en los pueblos, aun hoy, es una práctica común. Elena Garro es contemporánea de sucesos actuales, como cuando la literatura no muere por moda. Aunque nunca se imaginó que tanto hablar de su vida personal perjudicaría, y mucho, el futuro de su obra literaria. La vida pasa. La obra permanece. Eso es lo que venimos corroborando en el tiempo en que la autora ya pasó su “purgatorio”, ese, el de la literatura.

En su centenario se esperan montajes de sus obras. A ver si ahora le reconocemos el ser pionera del realismo mágico, en descubrir un mundo hostil donde la escritura se convierte en descanso para la razón y las tragedias dejan de ser emociones no resueltas sobre la violación de mujeres en los pueblos perdidos. Para que no se diga, como Javier: “Eso quiere. Dejarte en carne viva, para que luego cualquier brisa te lastime, para que dejes tu rastro de sangre por donde pases, para que todos te señalen como la sin piel”.

Doce añitos tenían Úrsula y su madre. Hoy y ayer, lo mismo.

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Braulio Peralta
  • Braulio Peralta
  • juanamoza@gmail.com
  • Periodista, ensayista y editor. Autor de Otros nombres del arcoíris, El poeta en su tierra, diálogos con Octavio Paz, De un mundo raro, un libro de crónicas de sus personales viajes como corresponsal en España, y El clóset de cristal. Publica todos los lunes su columna La letra desobediente.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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