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Jueves , 18.04.2019 / 11:49 Hoy

[El Santo Oficio] De periodistas

Héctor de Mauleón ha ganado en los últimos tiempos una gran presencia, debido a su estilo directo, sin rebabas, pero sobre todo a su probada eficacia reporteril.

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José Emilio Pacheco le mostró al cartujo su ejemplar de La perfecta espiral y le dijo: “Tienes que leerlo”. Era 1997 y el nombre del autor —Héctor de Mauleón— no le decía nada al imberbe monje. Sin embargo, leyó el libro, entusiasmado por la escritura, precisa y potente, de ese autor primerizo. En su columna del diario La Crónica de Hoy, escribió unas líneas elogiando los cuentos del volumen publicado por Daga y al día siguiente conoció a Héctor, quien acababa de incorporarse a ese periódico en la sección cultural, dirigida por Antonio Marimón.

Desde entonces han coincidido en algunos proyectos y discutido sobre muchos asuntos de la vida política y cultural de México. Han hablado del periodismo aséptico de nuestro tiempo, de su falta de compromiso, de sus intereses. También, por supuesto, de la ciudad —una pasión compartida— y sus grandes problemas sin resolver.

Narrador, cronista, editor, como columnista político De Mauleón ha ganado en los últimos tiempos una gran presencia, debido a su estilo directo, sin rebabas, pero sobre todo a su probada eficacia reporteril. Sus columnas no son refritos ni glosas, sino resultado de indagaciones propias, de entrevistas, del seguimiento de pistas, del examen profundo de documentos, de sus recorridos, siempre atentos, por una ciudad convertida —como el país— en botín de políticos ambiciosos, cuando no corruptos y coludidos con grupos mafiosos.

Precisamente una serie de textos sobre la venta de drogas en algunos inmuebles de las colonias Condesa y Escandón, lo han hecho blanco de amenazas por parte de la Asamblea de Barrios, fundada en 1987 para defender el derecho de los capitalinos a una vivienda digna y al paso de los años convertida en una organización de narcomenudistas o golpeadores al servicio del mejor postor.

En un tuit, le dicen: “Ahora sí, vivo cuando salgas de tu casa”. En otro: “Ahora sí cuídate porque sabes que estamos en todo el DF y somos miles”. La situación es peligrosa, Héctor lo sabe, pero en entrevista con Daniela Díaz en El Universal, donde escribe, señala: “Voy a seguir mi trabajo hasta donde pueda, es lo que tiene uno que hacer”.

Mientras tanto, cuando menos hasta la tarde del jueves, cuando se escribe esta homilía, el gobierno de Miguel Ángel Mancera guarda silencio. Guardan silencio, con excepción del PEN Club, también las organizaciones de defensa de periodistas, tan activas en otros casos, sobre todo si implican al gobierno federal. En Facebook, en cambio, surgen voces de apoyo y solidaridad con Héctor de Mauleón, quien en estos días nos ha contado el caso del periodista Elidio Ramos Zárate en Juchitán, quien unos minutos antes de su asesinato fue amenazado por unos encapuchados, al parecer simpatizantes de la CNTE. Tampoco la muerte de Elidio incendió las redes sociales ni provocó la reacción en cadena de los defensores de los periodistas.. Está bien.

Queridos cinco lectores, en una tarde nublada, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.

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