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Martes , 26.03.2019 / 04:48 Hoy

El reggae, activo de Jamaica: Joe Bogdanovich

Al presentar artistas locales de diversas generaciones en el festival más importante de la isla, el estadunidense, dice: “Tratamos de traer de regreso la música a su lugar de origen”.

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Joe Bogdanovich sabe lo que quiere: renovar el Reggae Sumfest. Así lo afirmó en un encuentro con la prensa internacional invitada a cubrir su edición 24: “Queremos hacerlo una marca internacional. No queremos tener únicamente artistas internacionales con participaciones locales en una isla. Queremos apoyar uno de los grandes activos de Jamaica: la música de reggae”.

Bogdanovich ha producido conciertos de quién es quién en la música popular: baste citar a Bob Dylan, Jimi Hendrix, Janis Joplin, The Rolling Stones, Pink Floyd, David Bowie, Eric Clapton y cientos más. Su amor por el reggae lo llevó a trabajar con Jimmy Cliff y Bob Marley, además de impulsar a nuevos valores del género.

Aunque el reggae es muy importante, ha sido menospreciado por muchas razones, aseguró el promotor. “Pero ahora globalmente es muy fuerte y debe haber una razón para eso. Creo que tiene que ver con la caída de lo espiritual en el mundo, motivo por el cual tenemos a alguien como Donald Trump en busca de la presidencia de Estados Unidos. ¿Alguien se imaginaba qué iba a pasar algo así? Esto es resultado de lo que está pasando. No es que se trate de decir si esto sea bueno o malo, sino que es resultado de que todo está fuera de control internacionalmente”.

Busca trabajar con el Ministerio de Turismo con planes adelantados y bien definidos: “Nuestra misión es traer gente a Jamaica para que disfrute del festival y la isla, pero necesitamos sensibilizar a los artistas sobre lo importante que es el reggae. Y lo estamos viendo con el festival de este año”.

Esta edición está dedicada completamente a los artistas jamaiquinos, una apuesta arriesgada pero que tiene que ver con el sentido de pertenencia que se pretende lograr. “Aunque no hay artistas internacionales, la ocupación hotelera en Montego Bay es más importante este año. Esto se debe a que apoyamos el reggae, tratamos de traer de regreso la música a su lugar de origen. A los restaurantes les va bien, pero los vendedores de cacahuates también hacen dinero”.

Bogdanovich ve el festival cómo una forma de apoyar el turismo, al buscar al público internacional: “Necesitamos traer a Jamaica a la gente que ama esta música en todo el mundo. No estamos contra los actos internacionales, pero debemos tomar en cuenta que este es un país pequeño, pobre, que tiene algo especial que es abrazado en todo el mundo. Así que necesitamos apoyar el reggae, un valor nacional”.

Apoyan al talento emergente: Marcus Richards, colaborador de Bogdanovich, dice que la mayoría de los participantes en la sesión Sound Explosion proviene de los barrios bajos de Jamaica: “La música es su salida, les permite cambiar su vida”.

Una vez descubierto un talento, Bogdanovich lo rodea de un equipo que les enseña todo: “Cómo dar entrevistas, a elevar el nivel de su voz, cómo hacer coreografías, a moverse en el escenario y a aprender el negocio de la música”.

Animada noche con el ritmo del amor

“El reggae es la música del amor”, advirtió uno de los animadores de la noche de dancehall, y a la proclama se unieron miles de voces. Música continua de alto octanaje se escuchó desde las nueve de la noche en la jornada dedicada al dancehall, ese estilo trepidante derivado del reggae. El amplio elenco, del cual destacan exponentes como Spice, Bennie Man, I-Octane, Agent Sasco, Chi Ching Ching, Harry Toddler, Jahmiel y muchos otros, atrajo a muchas mujeres que acudieron por un elenco mayoritariamente masculino. Cuerpos de todas las turgencias aprovecharon el escenario para tomarse la selfie del año.

Una extraña mixtura de música, que fue del reggae clásico a mezclas con el pop, la psicodelia, el R&B, el soul, el rap, el rock y hasta el reguetón, ofrecieron los impulsores del dancehall. Una de las animadoras habló sobre el apoyo a los artistas locales, lo cual debe tenerlos muy contentos. Aunque hubo un negro en el arroz: una bailarina que salió al escenario teléfono en mano y, lo juro, consultó sus mensajes de texto mientras bailaba. ¡Disciplina, señorita!

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