Pancho López andaba de jurado en Panamá. Los viajes, igual que su tema fetiche, la comida, son también un performance casi por antonomasia, un arte que él reconoce y valida “por la intención”, dice.
Recuerda que México fue en algún momento una de las mecas del mundo del performance, pero reconoce que en muchos lados esa disciplina ha tenido “un bajón”. No obstante, refrenda su presencia en el país, que —sostiene— está en un lugar privilegiado en el ámbito de artistas, propuestas y creatividad.
Desde hace un lustro está celebrando 25 años de quehacer artístico y el año próximo serán tres décadas.
“Soy un artista que ha logrado contactar con otros pares, iguales, colegas, en México y fuera. Ahora estoy feliz con la cuestión de enseñar. Estuve en los talleres del Museo Universitario del Chopo en los años 2000; ahora estoy dando el laboratorio de performance en la UNAM, plantel Taxco, estoy muy feliz de hacer arte, soy un artista muy feliz de poder hacer performance y arte acción”, se define.
Bajo la curaduría de Irving Domínguez, montó la exposición El Picnic y la Sobremesa. Pancho López, más de 25 años de performance, que recorre una serie de museos del país y puede verse, desde el 18 de julio y hasta el 30 de agosto, en el Museo Morelense de Arte Contemporáneo Juan Soriano (MMAC).
Pancho López (Ciudad de México, 1972) está de vuelta para presentarse el próximo sábado 8 de agosto en el MMAC, donde participará en el conversatorio “Procesos de investigación, selección de obra y vigencia del performance”, paralela a la muestra, acompañado por Yunuen Díaz, MaGa Mendoza y Cristo Contel, director y curador jefe del museo (Dr. Guillermo Gándara s/n, Amatitlán, Cuernavaca).
El artista e investigador refiere en conversación con MILENIO que tuvo la fortuna de tener como curador invitado a Irving Domínguez, especialista en arte contemporáneo y fotografía, con quien acordó dividir en tres módulos, en secuencia cronológica, la muestra que hace escala en MMAC y se irá a otros foros.
“Yo empecé en los años 90, con un performance El picknic formal. Eran experiencias en las que me salía a comer cargando una canasta y una mesa y silla plegables, y simplemente comía en espacios públicos, el Zócalo, el aeropuerto, el Ángel de la Independencia, hasta en lugares de Nueva York o Canadá, en diferentes calles y zonas representativas, como la Quinta Avenida o la Puerta de Saint-Jean.
“La idea era generar la experiencia de comer y ver qué pasaba. En esta primera sección de la muestra, se integran registros fotográficos, objetos como la canasta con la que salía a comer y elementos característicos del picnic: el mantel a cuadros, la silla plegable, el tenedor, la cuchara, el cuchillo, servilletas, todo de lo cotidiano”, detalla el fundador del Extra! Festival Internacional de Performance.
Además, en esa primera sala se recuperan otros registros de su trabajo con el performance: reliquias, collages, una pieza que se llama El cuarto falso para picnic y un videoperformance sobre ese tema.
En una segunda sala se exhiben obras que Pancho López empezó a realizar a partir de 2007 con la sal.
“La sal de mesa me interesa porque la sal está presente en nuestro cuerpo, en todos lados, en la vida cotidiana. Y conseguí un patrocinio de Sal de Colima, que me apoyó con media tonelada de sal, que se encuentra ubicada en la sala T2 del MACC, junto también con poco más de 200 saleros que me robé, que me apropié en diferentes espacios (restaurantes, cafeterías), a lo largo de un año.
“Amigos y colegas decidieron participar en la aventura de agenciarnos saleros. Y con estos saleros de todo tipo y se logró junto un poco más de 210 saleros, que están instalados en la sala en repisas, además de dibujos que hice de los saleros y esa es su historia”, agrega el exdirectivo del Museo del Chopo.
También hay un grabado, un aguafuerte y una instalación de bolsas con que el artista rememora un performance que realizó en el Museo de Arte Moderno de República Dominicana, en Santo Domingo.
La última sala dedicada a Pancho López se llama “Coffe Stories” y está dedicada a la experimentación.
“La retrospectiva se llama El picnic y la Sobremesa, porque mi trabajo va en torno a lo cotidiano, al hecho de comer, de compartir, de pasar la sal, de tomarse un café, de observar el día a día, los procesos. Por ejemplo, cuánto tarda una cafetera italiana en filtrar el café y, después, la experiencia de servirlo y tomarlo. Tomo café conmigo mismo a partir de una residencia que tuve en Finlandia.
“Y estoy haciendo ejercicios nuevos, como un laboratorio de café para tomarlo con el público, con la gente que esté en la sala; hice videoperformance, video minutos, acciones para la cámara. Y básicamente la muestra se conforma con eso, con videos, con registros, con objetos, con experiencias”.
—¿Por qué decidió llevar a Cuernavaca, al MACC esta retrospectiva de su trabajo?
Porque me invitaron. En realidad esta revisión, esta retrospectiva, empezó a los 25 años de carrera, en Honduras, en Tegucigalpa, en el Museo para la Identidad Nacional (MIN); después fue al Instituto de Cultura de Baja California, en Tijuana, de la mano de Olga Margarita Dávila; en 2024 empecé a trabajarlo en el Museo de la Ciudad de México con Irving Domínguez. Ahora se presenta en el MACC, el año que entra se va al Museo de Arte Contemporáneo de Querétaro (MACQ) y muy probablemente al Parque Fundidora de Monterrey, ya me han invitado funcionario de ahí para la revisión de 30 años.
—El conversatorio de este sábado apunta a cómo investigar en torno al performance y su vigencia. ¿Por eso se enfocaron en esos aspectos particulares?
Porque al ser el performance un arte efímero se cuestiona mucho su presencia en las salas del museo, justamente esa es la pregunta: ¿qué se muestra si se trata de una experiencia efímera? Todo lo que buscamos es, a partir de la reconstrucción de estos eventos, de esas acciones efímeras, narrar una historia y generar toda una línea de trabajo. El cuerpo de obra que se ha ido generando durante ya casi 30 años, porque a pesar de que el título de la expo habla de 25 años, en 2027 serán 30 años de carrera.
“Y esta charla pretende justamente cuestionar estos temas: si el performance es efímero, cuáles son los registros que deja; cuál es la vigencia del performance, que ya aparece en todas las plantillas de las escuelas, ya se enseña, antes pues era como alternativo, complejo, efímero, y ahora ya hay materias de performance en más de una escuela, ya está en los concursos, en muchas categorías, como en el del Fonca, ya está en residencias. ¿Cuál es la vigencia de este arte? De eso se tratará nuestra charla”.
—Y hace 30 años, ¿qué empujó a Pancho López, que lo indujo a dedicarse al performance?
En aquellos años había entrado a estudiar Ciencias de la Comunicación y descubrí el performance, porque me tocó ir al Ex Teresa Arte Actual. Siendo un chavo de 20 años me encontré con ese mundo fascinante en donde descubrí que el performance era un acto comunicativo ciento por ciento. Y me llamó la atención la posibilidad del cuerpo. Como tenía o tengo un cuerpo obeso, de pronto me he encontrado en situaciones donde no me gusta que me miren, y para evitar las burlas, a veces comía solo o me guardaba mi comida para un acto privado, como es, finalmente el acto del comer. Y en un taller con la maestra y artista de performance Andrea Ferreira se nos invitó a sacar algo de contexto; yo decidí sacar de contexto el acto de comer, llevar al límite justamente lo que no me gustaba, que era que me vieran comiendo. Confronté esa situación y el resultado fue la serie de performances Picnic Forum.
—¿Cómo se dio ese proceso?
Me llevó a hacer performance porque mi cuerpo, mis propios límites, la vergüenza que a veces uno siente por no tener el cuerpo de revista, el estereotípico, el cuerpo de medidas perfectas. Al final me doy cuenta que cada quien tiene un cuerpo, que cada quien tiene sus arrugas, sus orejas, sus calvicies, sus llantas; o lo contrario, sus músculos y su sonrisa de revista. Pero el cuerpo que tenemos es el que vamos a llevar hasta la muerte. Eso me llevó al performance, a investigar, a comunicar, a compartir, a entenderme, a como justificarme a mí mismo y lograr hacer un eco de mi propia vida, eso fue lo que me lo que me llevó al performance y lo que me deja haber hecho por tanto tiempo performance.
—Me acuerdo de aquellos tiempos maravillosos del Ex Teresa. El performance que se presentaba entonces, tenía mucha relación con el dolor. ¿Para qué es un performance en el siglo XXI?
En la actualidad, el performance lo que genera es lo mismo que generaba en los años noventas: la posibilidad de rebasar límites, de exhibirse, de decir lo que no se puede decir con palabras convencionales. El performance surge, como a la hora de que lo que hacemos ya no es suficiente para expresarse, entonces se generan quiebres, rupturas, como que uno estira esa liga y capaz que se rompe, pero permite simplemente experimentar. Para eso sirve en la actualidad, para seguir tratando con los límites, con las cosas que no quedan claras, que no se pueden definir con las técnicas convencionales o con palabras convencionales, y sirve para conectar con el otro. Lo que más me gusta del performance es cuando alguien se acerca y me dice: “Yo he sentido lo mismo”. Cuando alguien entiende o cree entender lo que uno quiere decir, porque finalmente, el performance es un acto comunicativo. Me gusta mucho que el performance conecta desde otra realidad, no desde lo convencional.
—El performance ya está en museos, escuelas. ¿Qué beneficios y que desventajas tras esta institucionalización del performance? Antes era hasta clandestino, en muchas ocasiones.
Finalmente, tener la posibilidad de estudiarlo y que ya esté en las escuelas, en los concursos, hace bien; ahora hay más posibilidad de presentar y de circular las obras, hay más masificación por el internet; también el videoperformance ha generado nuevas maneras y posibilidades de presentación y circulación de obra. Pero en realidad no se puede terminar de enseñar el formato, no hay una fórmula, cada quien lo hace y lo vive de una forma individual, personal. Lo que realmente hace bien es entender su historia, la trayectoria de los artistas, las diferentes formas de accionar, de vivirlo.
“Entender quién es Marina Abramović, Bill Viola, Vito Acconci, todos esos nombres que mucha gente hace acciones sin conocerlos. Esa es la parte interesante de enseñar el performance, que hay una historia recorrida, un camino ya trazado, que no estamos descubriendo el hilo negro quienes hacemos el performance, pero podemos jugar con ese hilo negro, cada quien tiene algo propio que decir, el performance es personal, único. Hay quienes dicen que no se repite, que no se puede hacer una serie; yo soy de los que dicen que claro que puedes hacerr una serie, puedes repetir hasta obtener el resultado que necesitas. El performance es ensayo y error, lo rico es que te permite echar a perder, aprender de una forma vívida, directa. No hay reglas, las reglas las pones tú como performer. Y debemos aprender a ocupar esas batallas ganadas, no quedarnos con la idea de que se tiene que hacer de una forma u otra”.
—El performance también ha sido muy político, al grado de confrontar sistemas y gobiernos. Con el auge de la ultraderecha, ¿cuál es el papel actual del performance y del performer?
Justamente salirse de esos moldes y penetrar los sistemas, de muchas maneras. El performance permite jugar con las políticas que dictan el deber ser. El performance, si bien se ha institucionalizado y si bien los gobiernos se han vuelto cada vez más censores y más limitantes ---no todos, por supuesto--, hay esta posibilidad del performance que no necesita un escenario, un recurso, sino que es capaz de manifestarse de múltiples maneras. Ese es el papel que juega también en la actualidad el performance, filtrarse por las fisuras, permite decir las cosas de otro modo, con un simple gesto. Ese es el poder que tiene el cuerpo: generar imágenes y dar lecturas.
—Con ese inicio de arte efímero, ¿qué beneficios traen las nuevas tecnologías al performance, para la investigación, curadurías y realización? Supongo de eso hablarán también en el MACC.
Las redes han facilitado la comunicación infinitamente. Las nuevas tecnologías, el streaming y simplemente la tecnología, porque ya no es tan nueva. Antes Skype y ahora plataformas similares como Zoom, han permitido compartir y generar plataformas que se ocupan para la divulgación y consumo del performance. No sólo para enterarnos como el Instagram o el Facebook o como el correo electrónico en sí, que era la forma en los noventas en donde nos enterábamos de repente cuando nos llegaba el correo. Ahora simplemente vemos qué va a haber en los reels o en los posts, así como en las historias. También se han posibilitado, gestionado festivales enteros, que tienen que ver con el uso de la tecnología a favor de la obra misma; festivales de video performance, en tiempo real, festivales de arte digital, de performance digital, video danza y otras plataformas y otros soportes con la técnica video sobre todo.
“Ahora también hay hasta GIF, hay performance en GIF, o sea, el photo performance animado. Ha cambiado el funcionamiento y la intención del performance, porque antes era un arte efímero, y el video performance es todo lo contrario. Hoy es un arte que se puede transmitir en vivo, compartir en tiempo real y que se puede mandar a cinco festivales al mismo tiempo sin necesidad de ir. Ya es un registro de la acción, pero con la intención de ser arte, no solamente un documento”.
—En estos casi 30 años, ¿cuál es su mayor satisfacción como performer?
Híjole, muchas. Viajar. Me encanta poder viajar y haber ido a tantos países, Finlandia, China, Centroamérica, Estados Unidos, Canadá, Brasil. Viajar y conocer el mundo y sentir que pertenezco a una comunidad, esa es mi mayor satisfacción. Y que la gente confíe en mí, que me invita a cosas. Ahorita mismo estoy en Panamá como jurado del Concurso Nacional de Artes Visuales. La semana que entra estaré en Lima, en la Bienal de Arte y Nuevos Medios VideoAkt, que se inaugura el 19 de agosto. Y voy con lo que van a ver ahí en el MACC de Cuernavaca, la acción de tomar café conmigo mismo.
—¿Viajar como lo hace es un acto performático para usted?
Viajar es un acto completamente, desde comprar el boleto, abordar el avión o el transnporte, es un acto performático a morir, al igual que comer. Finalmente es una acción concreta. Todas las acciones nos conducen al performance, cuando hay la intención de hacerlo, la palabra clave es intención. Y viajar es lo que a mí más me ha gustado en la vida y me lo voy a llevar a la tumba.
—¿Cómo está México en el mapa global del performance actualmente?
Siempre ha estado muy bien México, porque siempre ha tenido artistas de calidad. En algún momento fue una de las mecas del performance con el Ex Teresa Arte Actual, ha sido un país con mucho movimiento performático, con muchos artistas, con muchos creativos, no le pide nada a nadie. México es un país con artistas de primera línea. Ahorita en muchos lados hay como un bajón en el performance, tuvo también sus momentos en que perdió puntos, hubo momentos en que el performance se asociaba a desnudarse, a hacer desorden, a embarrar pintura, y eso a la gente, a las instituciones, a los festivales sí les dio miedo, se cerraron un poco. Y también las políticas culturales han cambiado mucho. Pero creo que México está en un lugar privilegiado en el mundo del performance.
PCL