M+.- En una galaxia no tan lejana, concretamente en Torreón, Coahuila, el Halcón Milenario no necesita hiperpropulsor para cumplir su misión. Le bastan carne, salchichas, chorizo y unas buenas brasas.
Su creador tampoco es Han Solo. Se llama Jesús Aguirre, es lagunero, está jubilado y encontró una peculiar manera de combinar dos mundos aparentemente irreconciliables: su pasión por Star Wars y la tradición norteña de reunirse alrededor de un asador.
Con láminas, pedazos de metal, una soldadora, un pulidor, un taladro y mucha imaginación, Jesús fabrica réplicas de algunas de las máquinas más emblemáticas del universo creado por George Lucas. Sólo que las suyas tienen una función que jamás apareció en las películas: hacer carnita asada.
Para Jesús, la jubilación significó finalmente disponer del tiempo necesario para entregarse a una afición que comenzó décadas atrás, cuando Star Wars lo maravilló y despertó en él el deseo de coleccionar personajes y naves de aquella galaxia muy, muy lejana.
“La saga ha sido mi inspiración”, cuenta.
Cuando era joven, sin embargo, comprar todos aquellos objetos era un lujo difícil de alcanzar. Décadas después decidió resolverlo a su manera: si no podía tenerlos entonces, ahora los construiría él mismo.
“En aquellos tiempos no había la economía suficiente, así que ahora empecé a fabricar mis propios juguetes a una escala mayor, ya que siempre imaginé tener un espacio con todos mis juguetes y, en las paredes, plasmar todo un diorama gigante”, relata.
El problema apareció pronto: los juguetes de Jesús eran demasiado grandes y el espacio disponible, demasiado pequeño.
Entonces encontró una solución. Convertirlos en asadores.
Una idea nacida en una galaxia muy, muy lejana
Todo comenzó una noche frente a un objeto absolutamente terrenal: un asador redondo.
Jesús lo observó detenidamente y comenzó a preguntarse qué ocurriría si aquella estructura pudiera transformarse en el Halcón Milenario, una de las naves más reconocibles de Star Wars.
La imaginación hizo el resto. Tomó algunas láminas y piezas de metal. Empezó a cortar, soldar y moldear hasta que aquella ocurrencia comenzó a tomar la forma de la nave comandada en el cine por Han Solo y Chewbacca.
Cuando terminó, descubrió que había construido algo más que un asador.
Frente a él tenía una pieza surgida de horas de creatividad, paciencia y trabajo manual que, además de rendir homenaje a una de sus grandes pasiones, podía encenderse para preparar una carne asada.
Y aquello apenas era el comienzo. Después llegó otro desafío: fabricar un AT-AT Walker, las gigantescas máquinas de combate de cuatro patas utilizadas por el Imperio Galáctico.
Sólo que éste tampoco dispararía contra las fuerzas rebeldes. Su misión sería dominar las brasas.
Que la Fuerza —y la soldadora— lo acompañen
Jesús asegura que detrás de sus creaciones no existe una fórmula secreta ni sofisticados procesos industriales. Sus principales herramientas son la imaginación y la capacidad de encontrar soluciones conforme el metal comienza a tomar forma.
Una soldadora, un pulidor, un taladro y un tornillo de banco pueden ser suficientes para empezar, aunque algunas piezas requieren largas horas de trabajo.
“En cuanto al proceso, es sólo tener imaginación y creatividad, como los artistas de arte abstracto que muchos no entendemos, pero ellos te dan la explicación de los sentimientos y significados profundos de su obra. Yo lo expreso con formas que todo el mundo conoce; sólo con verlos saben de qué se trata. A algunos les fascinan y a otros sólo les gustarán”, explica.
Una noche puso a prueba esa filosofía. Estaba acompañado por un amigo cuando, sin darle demasiadas explicaciones, salió al patio y comenzó a trabajar.
“Fui al patio sin decirle nada”, recuerda.
Los ruidos despertaron la curiosidad de su visitante, quien salió para preguntarle qué estaba haciendo. Jesús no quiso explicárselo: simplemente le pidió que observara y lo acompañara.
Trabajaron durante toda la noche.
Al terminar, aquella idea que unas horas antes sólo existía en su cabeza se había convertido en metal. El siguiente fin de semana estrenaron la creación como debía hacerse en La Laguna: con una carne asada “tipo imperial”.
Su amigo le dijo, entre bromas, que estaba “loquito”. Pero la nave funcionaba.
“Todos los trabajos que he creado los hago con pasión y paciencia; algunas veces durante tiempos largos, otras sólo por ratos, pero todos son para mí. Es como todo: el trabajo a veces se complica por una u otra cosa, pero siempre termino buscando y encontrándole una solución y, a su vez, dándoles la forma y los cortes que se requieren para culminar la obra”, explica Jesús.
De chatarra a obras de arte geek
Su proyecto original era todavía más ambicioso. Jesús quería fabricar suficientes piezas para formar una colección propia y algún día construir un enorme diorama: una representación a escala con figuras, vehículos y escenarios que recreara el universo que lo fascinó desde joven.
El espacio disponible en su casa terminó imponiendo límites a aquel sueño. Pero también abrió otra posibilidad.
Si no podía almacenar todas sus creaciones, podía transformarlas en objetos útiles. Así aparecieron los asadores temáticos y, después, los muebles inspirados en Star Wars.
Uno de sus AT-AT incluso terminó fuera de Torreón.
“Después de fabricar el AT-AT Walker, se lo mostré a otro amigo, el cual de inmediato, al verlo, tomó fotos y se las envió a otro amigo en otra ciudad. De inmediato le pidió que me lo comprara y se lo enviara, sin preguntas. Así fue”, recuerda.
Tiempo después quiso saber qué había ocurrido con su creación. “Después de un año le pregunté por el asador y me contestó que no lo quieren usar, lo tienen de adorno en el jardín”.
El AT-AT había pasado de arma imperial a asador y, finalmente, a pieza de exhibición. Pero aquella venta provocó un nuevo encargo.
“Eso me permitió que ahora me hicieran el encargo de un par de sillas para jardín con la temática de un Caza Imperial, las cuales ya estoy terminando”, relata.
Una carnita asada del lado oscuro
Ahora, entre cortes de metal, chispas y soldadura, Jesús trabaja en ese par de sillas inspiradas en los cazas del Imperio mientras imagina cuál será su siguiente proyecto.
La jubilación, lejos de significar detenerse, le permitió recuperar aquella fascinación de juventud y convertirla en algo tangible.
Cada pieza es distinta porque su intención tampoco es fabricar asadores convencionales en serie.
“No vendería un asador normal, sería un asador temático e icónico”, asegura.
Así, desde un patio de Torreón y armado con herramientas mucho menos sofisticadas que un sable de luz, Jesús Aguirre continúa construyendo su propia galaxia.
Una donde el Halcón Milenario no transporta contrabandistas, los AT-AT no persiguen rebeldes y los cazas imperiales pueden terminar convertidos en sillas de jardín.
Y donde, llegado el fin de semana, el verdadero poder de la Fuerza se mide frente a unas buenas brasas y una carnita asada.
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