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Jueves , 25.04.2019 / 11:54 Hoy

El islam y el respeto a todas las creaturas

Las discusiones sobre los derechos de los animales y las obligaciones morales que los seres humanos tenemos hacia ellos se han vuelto un tópico común en las últimas décadas

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El rechazo de un sector representativo de la sociedad hacia el maltrato animal ha generado incontables debates públicos y la legislación actual en distintos países contempla ya la inclusión de leyes y normas más sólidas destinadas a la protección animal. Los argumentos públicos destinados a abogar por el respeto hacia los animales comenzaron a circular aproximadamente a finales del siglo XIX, en Inglaterra, y en tiempos más recientes tomaron fuerza a partir de la década de 1970. Sin embargo, el tema es muy antiguo: en el siglo VI a.C. Pitágoras sostuvo que teníamos obligaciones morales con los animales; más tarde, Lucrecio y Ovidio sostuvieron algo similar. En la filosofía moderna hay cantidad de argumentos al respecto, desde Locke hasta Kant, Schopenhauer y Bentham, y en la filosofía contemporánea el tema comenzó a ser importante desde que en 1975 Peter Singer publicó Animal Liberation.

En la mayoría de los foros académicos en los que se debate el tema, es común encontrarse con la creencia extendida de que las religiones monoteístas —judaísmo, cristianismo e islam—, con su visión antropocéntrica y su tendencia a justificar la superioridad de los seres humanos sobre el resto de los seres vivos, han sido cómplices del deterioro ecológico y del maltrato animal. Esta acusación ha sido un detonador importante para una profunda revisión de las fuentes y teologías fundacionales de las tres tradiciones. Si bien es indudable que las tres comparten una visión jerárquica de la creación, ello no significa que los seres humanos no tengan obligaciones morales con el resto de las creaturas. La literatura a este último respecto es abundante. Por mencionar unos pocos ejemplos, en el contexto cristiano los trabajos del anglicano Andrew Linzey han sido centrales en la discusión sobre la visión teológica del dolor animal: Animal Rights: A Christian Perspective, Why Animal Suffering Matters: Philosophy, Theology, and Practical Ethics, y Animals and Christianity: A Book Reading (editado junto con Tom Regan), por mencionar algunos títulos. Por su parte, Charles Camosy, en For Love of Animals: Christian Ethics, Consistent Action ha revisado la misma temática desde la perspectiva católica. En lo que respecta a la tradición judía, David Sears publicó hace poco tiempo The Vision of Eden: Animals Welfare and Vegetarianism in Jewish Law and Mysticism. Finalmente, entre la cantidad de publicaciones sobre el mismo asunto, pero desde la óptica islámica, se encuentran Animal Welfare in Islam de al–Hafiz B.A. al–Masri y Animal’s Rights in Islam de Fakhar–i–Abbas.

La discusión en las tres religiones abre cantidad de frentes debatibles y aspectos problemáticos de gran interés sobre los que vale la pena reflexionar. Si bien es cierto que tanto en la Biblia como en el Corán se establece que el ser humano se concibe como una creatura superior, también hay un llamado, como han hecho notar exégetas de las tres tradiciones, al cuidado de la naturaleza y las demás creaturas. Quizá son las fuentes islámicas las que contienen más referencias específicas a los animales. En el Corán se afirma que el ser humano es una creatura privilegiada (Corán 95: 4). Sin embargo, también se dice que en realidad Dios es el dueño de la creación (Corán 4: 131), aunque ha delegado el cuidado de ésta a los seres humanos (Corán 35: 39; 6: 165). En consecuencia, corresponde a los humanos el cuidado, y no la explotación, de un mundo que no les pertenece a ellos sino a Dios. Y no solo eso: se lee en el Corán que el mundo no ha sido creado únicamente para gozo de los seres humanos sino para todas las creaturas vivientes (Corán 55:10 ).

Con base en los pasajes anteriores, la tradición de exégetas, juristas y teólogos islámicos ha inferido que en el texto central de la tradición islámica Dios es autor y dueño de la naturaleza y, como tal, los seres humanos han de respetarla y procurarla conviviendo con las demás creaturas que Dios ha puesto en ella. Ahora bien, a pesar de que el cuidado de la naturaleza ocupa un lugar importante, es claro que en el Corán también se establece una jerarquía según la cual los seres humanos son quienes pueden obtener mayores privilegios de la naturaleza. En varios pasajes se alude a distintas maneras en las que los seres humanos pueden valerse de los animales: la cacería (solo para adquirir alimento), la carga y la montura, la obtención de materia prima para la confección de telas, la ganadería y la pesca. En Corán 5: 1–5, por ejemplo, se mencionan varios mandatos relacionados con la cacería y la alimentación: no debe comerse la carne de un animal muerto por causa natural, no debe comerse ni sangre ni carne de cerdo, no se come un animal cuyo sacrificio no haya sido ofrecido a Dios, no se come la carne de un animal que ha sido torturado (asfixiado, golpeado, lastimado, cornado o mutilado), se prohíbe comer animales inmolados en altares idólatras, se prohíbe la caza por entretenimiento, se permite comer la carne del animal capturado por los animales (los sabuesos) que han sido adiestrados para la caza, y está permitido también comer del alimento ofrecido por las otras “gentes del libro”, es decir, judíos y cristianos.

Si bien en la tradición islámica se permite consumir carne y productos de origen animal, al mismo tiempo en distintos lugares se insiste en que debe evitarse lastimar o infligir dolor a los animales. Por ello, la legislación indica que al sacrificar a un animal debe cortarse la yugular y hacer fluir la sangre para limpiarlo y purificarlo. Se recomienda utilizar, por ello, un cuchillo bien afilado con el que pueda llevarse a cabo una ejecución rápida con la intención de que el animal no sufra.

En los hadices o enseñanzas del Profeta los criterios son prácticamente los mismos. Algunos hadices son más categóricos: en el hadiz 1922 (ed. Sahih al Buhari) se narra cómo el Profeta detesta a quienes torturan a una gallina, y en el 1923 a quienes cortan los miembros de animales vivos. Varios hadices se utilizan para reafirmar que el islam rechaza el maltrato animal. En el 1094, por ejemplo, se narra la historia de un hombre sediento que tras tomar agua de un pozo se encuentra con un perro jadeante y sediento al que decide convidarle agua y, entonces, el Profeta afirma que habrá recompensa para todo aquel que ayude a otro ser viviente. En el 1098 se dice que hay que ser justos con el peso con que se carga a los asnos, los caballos y otros animales que apoyan a los seres humanos. Los caballos son una gran recompensa para los seres humanos y por tanto deben ser bien tratados. Se castigará, de hecho, a quienes posean caballos por vanidad y exhibicionismo. En los hadices 1237–1239 aparecen algunos otros criterios y se habla de lo bueno que es dar un nombre a los caballos y a los asnos.

Los pasajes aludidos proporcionan criterios éticos con respecto al modo en que el ser humano se relaciona con animales con los que habitualmente convive. Varios juristas sostienen que el criterio general para el caso de los animales con los que no solemos convivir, es dejarlos en paz. Aunque en los textos de la tradición islámica se admite que es lícito disponer de algunos animales en las labores y necesidades de los humanos, no es lícito maltratarlos ni explotarlos. La postura contenida en las fuentes islámicas habría de ser un referente importante en el marco de las discusiones contemporáneas.

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