Cultura

De la Amazonía a Manhattan: Ecuador lleva su identidad al escenario global del Mundial

Por décadas, Luis Felipe Fernández-Salvador y Campodónico buscó el tesoro perdido de Atahualpa. En Nueva York, durante la Copa Mundial de la FIFA 2026, presentó una idea distinta.

Durante buena parte de su vida, Luis Felipe Fernández-Salvador y Campodónico, VI Marqués de Lises, recorrió selvas, montañas y territorios remotos siguiendo una de las leyendas más persistentes de América Latina: el tesoro perdido de Atahualpa.

La historia tiene todos los elementos de una obsesión de otra época. Oro escondido. Imperios derrotados. Mapas incompletos. Expediciones a lugares donde la geografía todavía impone sus propias reglas. Pero en Nueva York, en medio del movimiento global provocado por la Copa Mundial de la FIFA 2026, Fernández-Salvador pareció presentar una conclusión distinta a la búsqueda que lo acompañó durante décadas: quizá el mayor tesoro de una nación no está bajo la tierra, sino en aquello que la hace irrepetible.

Esa idea fue el centro de Casa Ecuador, una plataforma cultural, diplomática y económica desarrollada entre el 24 y el 27 de junio en Manhattan, coincidiendo con la presencia de la selección ecuatoriana en Nueva York para disputar su encuentro frente a Alemania durante el Mundial. Presentada por sus organizadores como la primera Casa País itinerante e inmersiva concebida para una Copa Mundial de la FIFA, la iniciativa buscó utilizar el evento deportivo más visto del planeta como una vitrina para la biodiversidad, el patrimonio natural, la cultura y la identidad ecuatoriana.

La sede elegida fue el histórico edificio Engine 31, en Manhattan, un antiguo espacio de la ciudad transformado durante varios días en una experiencia inspirada en los cuatro mundos del Ecuador: Costa, Sierra, Amazonía y Galápagos. Allí convergieron arte, gastronomía, música, experiencias sensoriales, encuentros empresariales y conversaciones internacionales. La propuesta no funcionó como una exposición tradicional ni como un pabellón turístico convencional. Su intención fue construir una narrativa de país.

En una ciudad acostumbrada a recibir delegaciones, marcas, gobiernos y celebridades, Casa Ecuador apostó por una premisa más ambiciosa: que la identidad nacional puede convertirse en una forma de diplomacia contemporánea. En ese sentido, el proyecto se ubicó en una conversación más amplia sobre cómo los países compiten hoy por atención, inversión, legitimidad e influencia.

Durante buena parte del siglo XX, el poder nacional se medía a través de indicadores duros: territorio, industria, recursos naturales, capacidad militar, infraestructura o peso financiero. En el siglo XXI, sin embargo, la influencia también se construye desde activos menos tangibles, pero cada vez más determinantes: cultura, reputación, creatividad, biodiversidad, relato histórico, capacidad de convocatoria y presencia simbólica.

Ecuador lleva su identidad al escenario global del Mundial | Cortesía
Ecuador lleva su identidad al escenario global del Mundial | Cortesía

Casa Ecuador intentó operar precisamente en esa intersección.

La agenda reunió a figuras provenientes del ámbito empresarial, diplomático, cultural, deportivo y cinematográfico. Entre los nombres vinculados al encuentro estuvieron el actor estadounidense Woody Harrelson; el cineasta Guillermo Navarro, ganador del Premio Oscar por El laberinto del fauno; el exfutbolista argentino Javier Mascherano; el empresario Brock Pierce; la empresaria ecuatoriana Isabel Noboa; el exfutbolista Felipe Caicedo; Gisela Andrade, cónsul general de Ecuador en Nueva York; Daniel del Valle, director ejecutivo de TEON; y el propio Fernández-Salvador, presidente fundador de la institución.

La convocatoria también incorporó a representantes institucionales y diplomáticos de distintos países, en una señal de que el proyecto no buscaba limitarse al folclore o a la promoción cultural. La idea de fondo era más estratégica: posicionar a Ecuador como un país capaz de convertir su patrimonio natural y cultural en una plataforma de influencia internacional.

Detrás de Casa Ecuador está TEON, The Embassy of Nature, una institución internacional fundada por Fernández-Salvador y presentada por primera vez durante la Semana de Alto Nivel de Naciones Unidas en 2024. TEON se define como una organización orientada a diseñar plataformas económicas, culturales y diplomáticas bajo un modelo de soberanía funcional no estatal. Su propuesta parte de una tesis poco común en la diplomacia tradicional: que la naturaleza, la cultura y la identidad pueden ser estructuradas como activos estratégicos de la economía contemporánea.

En el caso de Ecuador, esa tesis tiene una resonancia particular. El país fue el primero del mundo en reconocer constitucionalmente los Derechos de la Naturaleza, un hecho que TEON interpreta no solo como un precedente jurídico, sino como una posible ventaja comparativa en un mundo cada vez más preocupado por sostenibilidad, biodiversidad y nuevos modelos de desarrollo.

Casa Ecuador, entonces, no fue presentada únicamente como una celebración cultural. Fue planteada como un ensayo de diplomacia del siglo XXI: una forma de mostrar cómo un país pequeño, megadiverso y culturalmente rico puede ocupar un espacio propio en las conversaciones globales sobre inversión, identidad, sostenibilidad y cooperación internacional.

La elección del Mundial no fue accidental. La Copa Mundial de la FIFA 2026, organizada por Estados Unidos, México y Canadá, es la edición más grande en la historia del torneo. Nueva York-Nueva Jersey será, además, sede de la final. En ese contexto, el fútbol se convierte en algo más que deporte. Es infraestructura emocional, atención global y una oportunidad excepcional para que países, ciudades y marcas proyecten su identidad ante audiencias masivas.

Para Ecuador, la presencia de su selección en Nueva York ofreció una ventana de visibilidad que Casa Ecuador buscó ampliar más allá del estadio. La propuesta fue convertir el entusiasmo deportivo en una conversación más profunda sobre país: qué representa Ecuador, qué activos posee, qué historias puede contar y cómo puede insertarse en una economía global donde la reputación y la narrativa también generan valor.

El proyecto forma parte de una estrategia más amplia impulsada por TEON en ciudades como París, Madrid, Abu Dabi, Miami, Palm Beach, Quito, Guayaquil y Nueva York. Esa expansión apunta a construir espacios de intercambio cultural, económico y diplomático que no dependan exclusivamente de las estructuras gubernamentales tradicionales.

Desde Nueva York, TEON también confirmó el desarrollo de Casa USA, una iniciativa orientada a proyectar la riqueza cultural, natural e histórica de Estados Unidos a través de una plataforma de encuentro internacional. El proyecto busca destacar tesoros menos conocidos del país y reconocer la diversidad de tradiciones que han contribuido a la construcción de la identidad estadounidense, incluidas sus raíces indígenas, anglosajonas, hispanas y migratorias.

En paralelo, la organización avanza en Casa Hispánica, concebida como una plataforma para fortalecer los vínculos culturales, humanos y económicos entre España, Iberoamérica y las comunidades hispanas del mundo. En ambos casos, el objetivo parece ser el mismo: convertir la identidad compartida en un punto de encuentro, cooperación y valor económico.

La propuesta de TEON se mueve en una frontera compleja. Por un lado, retoma lenguajes conocidos de la diplomacia cultural, el soft power y la promoción país. Por otro, introduce conceptos más recientes, como capitalismo cultural y capitalismo ambiental, que buscan traducir patrimonio, biodiversidad e identidad en estructuras con capacidad de atraer inversión y generar influencia.

Ese planteamiento puede resultar ambicioso, incluso inusual. Pero también responde a una pregunta que cada vez más países enfrentan: cómo competir en un mundo donde ya no basta con tener recursos naturales, sino que también es necesario protegerlos, narrarlos, valorizarlos y convertirlos en parte de una estrategia nacional de futuro.

Para Fernández-Salvador, la historia personal del tesoro de Atahualpa funciona casi como una metáfora. La búsqueda de una riqueza perdida terminó conduciendo a una lectura contemporánea del valor. En lugar de mirar únicamente hacia el pasado, Casa Ecuador propuso mirar hacia adelante: hacia un modelo en el que la biodiversidad, la cultura y la memoria puedan formar parte de una nueva arquitectura de influencia.

El reto, por supuesto, será demostrar que estas plataformas pueden ir más allá de la experiencia simbólica y traducirse en mecanismos concretos de cooperación, inversión y desarrollo. La diplomacia cultural puede abrir puertas, pero necesita continuidad, institucionalidad y resultados medibles para sostenerse en el tiempo.

Aun así, lo ocurrido en Manhattan dejó planteada una idea poderosa. En un Mundial dominado por estadios, selecciones, patrocinadores y audiencias globales, Ecuador encontró una manera de insertarse en la conversación desde otro lugar: no solo como equipo en competencia, sino como país con una narrativa propia.

Desde la Amazonía hasta Manhattan, la historia que Casa Ecuador intentó contar fue menos sobre un tesoro perdido que sobre un valor aún por reconocer. En el siglo XXI, la riqueza de las naciones quizá no dependa únicamente de lo que extraen, producen o exportan, sino de aquello que son capaces de preservar, proyectar y compartir con el mundo.


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