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Viernes , 22.02.2019 / 12:52 Hoy

Diez poemas de Carlos Pellicer para provocar escalofríos

Escritores

Celebramos el 122 aniversario del nacimiento del poeta y museógrafo tabasqueño, integrante de Los Contemporáneos, con algunos destellos de su obra.
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El registro poético de Carlos Pellicer —nacido el 16 de enero de 1897— era tan amplio que Luis Rius llegó a preguntarse ¿Cuántos Pelliceres hay?, por la dificultad para ceñir su obra.

A propósito del aniversario de su nacimiento, reunimos estos poemas que la UNAM recogió en su Material de lectura. Comenzamos con "Grecia", primer poema que Pellicer publicó, a los 15 años de edad.

Grecia
Ella es la fiesta de las líneas
y de las rosas soñadoras
y las diademas apolíneas
entre la flor de las auroras.
Tropa de dioses pescadores…
Píndaro canta, dicta Aspasia.
Y un atropello de visiones
en los suspiros de la magia…
Solemnidad de columnata.
Y en las mandíbulas de plat
del trípode, alza sus esfuerzos
la lividez de los aromas,
como una ráfaga de versos
en un encanto de palomas


(Gladios, México, febrero de 1916, año 1, No. 2, p. 130)

Nocturno
No tengo tiempo de mirar las cosas
como yo lo deseo.
Se me ocurre sobre la mirada
y todo lo que veo
son esquinas profundas rotuladas con radio
donde leo la ciudad para no perder tiempo.
Esta obligada prisa de inexorablemente
quiere entregarme el mundo con un dato pequeño.
¡Este mirar urgente y esta voz en sonrisa
para un joven que sabe morir por cada sueño!
No tengo tiempo de mirar cosas,
casi las adivino.
Una sabiduría ingénita y celos
me da miradas previas y repentinos trinos.
Vivo en doradas márgenes; ignoro el central gozo
de las cosas. Desdoblo siglos de oro en mi ser.
Y acelerando rachas –quilla o ala de oro–,
repongo el dulce tiempo que nunca he de tener.


(De '6, 7 poemas', 1924)
Fin del nombre amado
Un soneto de amor que nunca diga
de quién y cómo y cuándo, y agua dé a
quien viene por noticia y en sí lea
clave caudal que sin la voz consiga.


Que en cada verso pierda y gane y siga
ritmo a la cifra en luz que el agua arquea,
y suba el esplendor que así desea
música lengua y tacto a flor de espiga.


Ya la línea sandalia del terceto
abre camino al alma del objeto
que adoro y cuyo nombre dicen todos.


Nadie sabe el valor de su grandeza,
pero al decirlo de inconscientes modos
me transfiguran, pues me dan belleza.


(De 'Otras imágenes', 1941)

Por eso este poema
Por eso este poema, tan abierto,
como la mano en que se da la mano,
es la desnuda tarde de verano
en que la lluvia niega lo más cierto.


Si pudo lo increíble ser tan cierto
y estar de lo más lejos tan cercano,
que por eso, por ser eso está a la mano
el agua incomparable del desierto.


Al abrir las ventanas de este día
cerré los ojos cuando sonreía
la flor de lo que pasa inesperado.


Por eso, cuando el sueño me despierta,
desaparezco de uno y otro lado
y me inclino a esperar que abran la puerta.


(Tepoztlán, 4 de mayo de 1976)

Sonetos dolorosos (Fragmento)
He pasado la vida con los ojos
en las manos y el habla en paladeo
de color y volumen y floreo
de todos los jardines en manojos.


¡Con cuánta agilidad robé cerrojos!
No conoció la lengua titubeo;
y después de geográfico cateo
amoraté el azul desde los altos rojos.


Sin mi sombra a mi cuerpo corresponde
es que el silencio aconteció entre ruidos
y ha sabido saber cómo y dónde.


(De 'Práctica de vuelo', 1956)

La danza
Círculo y triángulo. Punto. Movimieto.
La estatua, liberada del vacío.
Instante en llamarada o en rocío.
Hoja que cae o grito en el cielo.


Un pájaro tan claro de alimento.
El equilibrio de un escalofrío.
Las mil pausas continuas. Lo que es mío
cuando con nadie estoy: deslumbramiento.


Es hablar con el cuerpo. No está muda
la música del cuerpo. Se desnuda
la inmaterialidad de la materia.


Estoy pensando en ti. En ti he aprendido
que no hay tanta riqueza en mi miseria.
Silencioso clamor de cielo herido.


(Lomas de Chapultepec, 4 de septiembre de 1976)

Vuelo de voces

Mariposa, flor de aire,
peina el área de la rosa.
Todo es así, mariposa,
cuando se vive en el aire.
Y las horas de aire son
las que de las voces que vuelan.
Sólo en las voces que vuelan
lleva alas el corazón.
Llévalas de aquí, que son
únicas voces que vuelan.


(De 'Exágonos', 1941)

La dualidad nocturna
Los caminos destruidos del insomnio
que van a dra adonde ya no hay nada;
los pasos tan voraces del demonio
sobre la arena más abandonada.


Víspera poderosa llamarada
que enciende las ciudades del insomnio;
la muerte joven que se da el demonio
a la luz de una espléndida mirada.


¿Va a llegar el arcángel? Tengo el río
para la desnudez de su hermosura.
Busco lo que no es suyo y lo que es mío.


Todo parece estar naciendo apenas.
¿La novedad de una antigua escultura?
Todo parece estar naciendo apenas.


(Lomas de Chapultepec, noche del 5 de diciembre de 1974)

Poema elemental (Fragmento)
'El aire'


El aire es transparente
cual el silencio en una lectura prodigiosa.
Y funde la cera voluptuosa
del mediodía
y es una rosa
de caminos estelares,
un fruto diáfano, una sombra divina
que acerca espíritus y mares,
pájaros y naranjas,
nube más piedras tórridas y palabras marinas.
El aire es translúcido
como el saludo de los amantes
en los grupos cordiales.
Alía en arcos invisibles
la palabra olvidada, las augustas señales
y las manos de la danza fúnebre
que antes saludaron a la primavera.
El aire me persuade de tu ausencia, ¡oh amor!
Aire, fino-aire, largo-aire-lira, aire-cera.


(De Camino, 1929)

Fin del nombre amado
Un soneto de amor que nunca diga
de quién y cómo y cuándo, y agua dé a
quien viene por noticia y en sí lea
clave caudal que sin la voz consiga.


Que en cada verso pierda y gane y siga
ritmo a la cifra en luz que el agua arquea,
y suba el esplendor que así desea
música lengua y tacto a flor de espiga.


Ya la línea sandalia del terceto
abre camino al alma del objeto
que adoro y cuyo nombre dicen todos.


Nadie sabe el valor de su grandeza,
pero al decirlo de inconscientes modos
me transfiguran, pues me dan belleza.


(De Otras imágenes, 1941)

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