Asumir la dirección general y convertirse en el CEO la Ópera de Dallas, una de las 20 casas más importantes del mundo, es un orgullo para el mexicano David Lomelí porque significa “ser el primer latino en ocupar un cargo de tal magnitud en una casa de ópera de primer nivel”.
A nivel personal, precisa, es algo que lleva con orgullo y humildad. “Profesionalmente, es la oportunidad de unir dos formas de pensar: el rigor artístico que exige la ópera clásica y una mentalidad de negocio y partnership que permita sostenibilidad financiera”.
Lomelí, nacido en México y forjado entre teatros y grandes casas de ópera del mundo, asumirá el próximo 1 de julio esta nueva responsabilidad, un reconocimiento a su labor y disciplina.
“Es un gesto simbólico que conecta dos mundos, el clásico y el contemporáneo, lo local y lo global, y que abre la puerta para repensar cómo la ópera se financia, comunica y conecta con nuevas audiencias”.
En entrevista con MILENIO, Lomelí habla sin filtros de su estrategia digital, de la necesidad de alianzas financieras, de la representación latina, de los sacrificios personales detrás de la carrera, y de cómo planea transformar la Dallas Opera sin renunciar a la excelencia artística.
Considera que su arribo responde a años de trabajo en distintos contextos, desde producciones pequeñas hasta teatros muy importantes en Europa y Estados Unidos, y por supuesto a su convicción.
“La ópera debe ser extraordinaria en lo artístico, pero también inteligente en su gestión. Quiero usar estos elementos para demostrar que se puede tener ambas cosas: calidad y viabilidad económica”.
Su camino hacia la Ópera de Dallas
Como mexicano ¿sintió alguna vez que tuvo que probar más que otros para llegar hasta aquí?
¡Todos los días, todos los días! Esto es algo que cuando veo los documentales de Hugo Sánchez que le gritaban indio y demás, lo entiendo. A mí no me lo decían en la cara, pero sí en la gramática o criticaban mis ideas por ser comerciales. Todo cambió durante la pandemia, cuando tuvimos que vivir dos años de las redes sociales y yo era el director de social media de la Ópera de Dallas. En dos años de no tener performance, como quiera hicimos una fundraising (captación de fondos) de casi 30 millones de dólares, y ahí se dieron cuenta de que podrían vivir de las redes sociales.
“Ha sido muy bello cada vez que cambio o renuncio de organización porque me han mantenido de consultor por la manera de pensar que Dios me dio. He logrado ser una persona muy influyente dentro de las casas de ópera, pero también controversial porque hablo diferente, soy muy derecho, y trato de la misma manera al que limpia y al CEO. Todos los días tengo que hacer algo para mantenerme en donde estoy.
¿Qué papel tendrán las redes sociales y la tecnología dentro de una institución operística tradicional?
Algo fundamental, hoy los públicos, incluidos los mayores donantes, viven conectados en plataformas digitales. La ópera no puede seguir asumiendo que sólo la reputación atrae audiencias y fondos. En mi experiencia, una presencia digital constante, auténtica y creativa abre puertas, atrae públicos nuevos, facilita patrocinios y genera alcance internacional. No se trata de trivializar el contenido, debido a que la producción sigue siendo de alta calidad, pero hay que contarla de formas que conecten, como transmisiones estratégicas, contenidos detrás de escena, formatos informales que humanicen a artistas y trabajadores.
El objetivo es mantener la excelencia y, al mismo tiempo, ampliar la conversación para que la ópera sea relevante en la agenda cultural contemporánea.
¿Cómo traducirá esa la propuesta de las alianzas a la práctica en Dallas?
Se trata de diversificar la base de apoyo, desde donantes tradicionales hasta alianzas comerciales y estratégicas con empresas tecnológicas, medios y marcas. Yo trabajo con múltiples clientes y proyectos a la vez, aplico la lógica de no depender de una sola fuente.
“En la práctica impulsaremos patrocinios más integrados, además de las donaciones puntuales, colaboraciones con corporativos para proyectos culturales de largo plazo y convenios con instituciones educativas y artísticas en México y Estados Unidos. Además, optimizaremos costos mediante tecnología en producción y gestión, sin sacrificar la calidad escénica. Todo esto exige una comunicación clara con los patrocinadores: hacerlos sentir parte del proyecto artístico y del impacto social que generamos.
Usted ha trabajado en contextos muy distintos en Múnich, Santa Fe y Atlanta. ¿Qué aprendizajes traerá a Dallas?
Traigo una caja con experiencias muy amplia. De las casas europeas aprendí la disciplina de repertorio, la escala de producción y cómo negociar con grandes mecenas. De Santa Fe y otras casas en Estados Unidos, aprendí la importancia de construir una audiencia local leal y de adaptar el mensaje cultural a audiencias diversas. También aprendí a ajustar propuestas teatrales a presupuestos variables, acústicas y audiencias distintas: hacer Wagner en lugares con condiciones disímiles me enseñó a ser creativo sin perder la ambición artística.
Culturalmente, la lección más grande es la flexibilidad, hay que comunicar de manera distinta según el público y cultivar relaciones personales con patrocinadores y comunidades. Eso es lo que pienso implementar: un liderazgo culturalmente inteligente y financieramente responsable.
¿Qué necesita la ópera en México para despegar internacionalmente, según su experiencia?
Planeación a largo plazo y apoyo financiero sostenido. México tiene voces e instituciones de altísimo nivel, pero sin inversión estable y estrategias de desarrollo de carrera es difícil alcanzar presencia mundial. Hace falta una política combinada: apoyo público consistente, incentivos para inversión privada y planes de formación que incluyan estadías en el extranjero y alianzas con casas internacionales. También necesitamos visibilidad comercial, promover nuestras figuras como se promueve a un gran deportista o un fenómeno mediático, y usar redes y contenidos para generar seguidores globales. Si se construye una estrategia de varios años, con financiamiento y planificación, el talento está listo para ocupar un lugar importante en el mapa operístico mundial.