Julio Cortázar decía que fotografiar es la epopeya de atrapar lo inatrapable; fotografiar es intentar captar lo efímero en una imagen y, en ese sentido, el fotógrafo se enfrenta a la imposibilidad de capturar un instante que, en realidad, ya dejó de existir. Más allá del registro mecánico, cuando el fotógrafo encuadra, elige. Cuando dispara, interpreta. Cuando revela, descubre.
Imaginen lo que es ese proceso cuando se asiste a la edificación de la moderna torre de Babel de la literatura que, para que lo sepan, se alza desde este año en la ciudad portuguesa de Oporto.
La primera edición del festival literario Babell, punto de encuentro de voces literarias venidas de Europa, Asia, África y América, llegó a su fin el pasado 29 de junio tras seis días memorables de literatura, pensamiento, música, performances y exposiciones.
Participaron autores de procedencias, lenguas y sensibilidades muy distintas unidos por el poder de la palabra y por la generosidad de compartir su universo creativo. Olga Tokarczuk, László Krasznahorkai, Margaret Atwood, Alberto Manguel, Valter Hugo Mãe, Dulce Maria Cardoso, Gonçalo Tavares, Milton Hatoum, David Uclés, Pilar del Río, Rafael Gallo, Lídia Jorge, Julian Barnes, Dwayne Betts, Bruno Vieira Amaral, Conceição Evaristo, entre muchos otros.
Las charlas estaban llenas, la gran mayoría en salas para mil 500 personas, y el conversatorio de Salman Rushdie con Alberto Manguel reunió a más de 3 mil personas en el Coliseu de Oporto.
Los festivales son constelaciones culturales que, en ocasiones, tardan numerosas ediciones en consolidarse. Sin embargo, la magia, el trabajo y el empeño del escritor, editor y director del festival, Rui Couceiro, de su maravilloso equipo y de la Fundación de la librería Lello, organizadores del evento, han logrado que, en su primer año, Babell se convirtiera en uno de los festivales literarios más importantes y vibrantes de Europa.
Letras que viajan
En palabras del propio Rui Couceiro: Babell tenía como objetivo ser una gran campaña de promoción del libro y la lectura. Y eso fue precisamente lo que ocurrió. Gracias a este evento, se vendieron varias decenas de miles de libros en las librerías de la ciudad, con lo que se alcanzó ese objetivo. Pero lo más bonito fue algo imprevisible: el espíritu positivo colectivo, el ambiente de entusiasmo y admiración del público hacia los escritores y el evento. Eso no se organiza ni se compra. Pero ocurrió. Y eso demostró por qué Oporto y sus habitantes siempre se describen como diferentes.
Letras que viajan, que nos narran el mundo, porque el viaje es esencial no sólo en la literatura, sino en cualquier manifestación artística. El viaje, sinónimo de transformación. Es algo que experimenté en carne propia desde muy joven, cuando tuve que dejar mi Argentina natal y aprendí que partir era sinónimo de viajar y que todo viaje es también una invitación al relato: una forma de narración.
Por eso, mis primeras fotografías fueron una incitación a recorrer los mares de la vida, un pasaporte virtual que me permitió descubrir nuevos mundos. Y esas primeras imágenes, de fuerte contenido documental, estuvieron inspiradas en los grandes fotógrafos mexicanos que tanto admiraba.
Por eso también, la presencia en Babell del embajador de México en Portugal, Bruno Figueroa, con quien comparto además la pasión por la fotografía, tuvo para mí un significado especialmente emotivo, y el resumen que él hace de lo vivido en estos días podría perfectamente ser mi propio relato:
“Por seis días Oporto se volvió Babell”, la ciudad de los libros soñada por Jorge Luis Borges. Fascinante fue escuchar a Javier Cercas y a Héctor Abad Faciolince discurrir sobre religión y fatalidad, o a Salman Rushdie sobre la muerte. Recojo cuatro gratas experiencias, dignas de tomarse en cuenta en otros festivales: 1) Para acceder a un boleto, había que comprar un libro en una librería local, apoyando así a un sector económico en crisis; 2) Fue una Babel de amplia comunión entre lectores y autores, en espacios públicos, la mayoría al aire libre (decenas de miles de oyentes), rompiendo así con el elitismo que envuelve a tantos festivales literarios. Me recordó esa virtud que tiene la Feria del Libro del Zócalo de Ciudad de México; 3) hubo perfecta conjunción entre lo local y lo internacional, autores portugueses y del mundo entero en diálogo, algunos del mayor prestigio; 4) acompañaron actividades culturales de gran calidad, como la exposición Imágenes cautivas de Daniel Mordzinski, en el Centro Portugués de la Fotografía, muestra comisariada por Patrícia Reis y que reúne fotografías de autores alguna vez encarcelados; conciertos de música en la explanada de la alcaldía y hasta un espectáculo de drones sobre el Duero, del artista chino Cai Guo-Qiang, que nos dejó sin aliento. ¡Ya estamos todos a la espera de Babell 2!”
Después de más de cuatro décadas fotografiando autores y festivales, uno es ya muy consciente del papel que puede jugar la cultura en nuestras vidas. En 1997, la apertura del Museo Guggenheim, en Bilbao, cambió por completo el perfil urbano de la ciudad y la convirtió en una de las capitales culturales de Europa. Tengo la sensación de que, tras esta primera edición de 2026, el espíritu transformador de Babell convertirá a Oporto en la ciudad de los libros y en una de las referencias literarias más importantes de Europa.
BSMM