Cultura

Cuarteto Latinoamericano pone fin a 44 años de carrera “en paz y en plenitud”

Después de más de 100 discos y dos Grammys Latinos, la agrupación se separa anunciando una gira de conciertos de despedida.

Después de 44 años, más de 100 discos y dos Grammys Latinos, el Cuarteto Latinoamericano se separa anunciando una gira de conciertos de despedida.

“Hemos decidido ponerle fin a nuestra carrera. Nos sentimos bien jóvenes y con energía, y queremos dejar esta impresión”, explica a MILENIO el violinista Arón, uno de los tres Bitrán en el ensemble de cuerdas, con Saúl (violín) y Álvaro (violonchelo), que completa el violista y compositor Javier Montiel.

La última gira del cuarteto incluye sendos conciertos llamados “La última y nos vamos”, el próximo sábado 9 de mayo, a las 19:00 horas, en la sala principal del Palacio de Bellas Artes, con el pianista Rodolfo Ritter de invitado; el domingo 21 de junio en el Conjunto Santander de Artes Escénicas de Guadalajara, 13:00 horas; y el 28, el final, en el Auditorio Blas Galindo del Centro Nacional de las Artes (Cenart), 13:30 horas, con Ritter al piano y la Orquesta Juvenil Eduardo Mata dirigida por José Areán.

“Sabemos que los instrumentos de cuerda son difíciles y que en algún momento va a ser imposible mantener este nivel, y queremos irnos cuando todavía estamos en plenitud”, apunta Arón Bitrán.

El violinista enumera las satisfacciones que han tenido, con una vasta actividad de conciertos que los llevaron por todo el mundo; grabar por primera vez a compositores importantes de América Latina en una discografía que abarca más de cien títulos, entre ellos los dos que redituaron en Grammys Latinos, uno en 2012 por su álbum Brasileiro Works of Francisco Mignone y otro en 2016 por El Hilo Invisible.

También destaca su labor docente de más de cuatro décadas, en las que formaron generaciones de músicos y de ensembles de cámara. Y recuerda que han rescatado un vasto repertorio de la música que han ido recabando a través de los años y que comparten a través de una “biblioteca digital” en su sitio de internet, que quedará en manos de alguna de las instituciones con las que están en pláticas para ello.

“Desde donde lo miremos, estamos contentos con lo que ha sido una aventura maravillosa, que hemos disfrutado mucho. Hemos tenido la suerte de ser tan longevos; los cuartetos son complejos, y el nuestro ha sido privilegiado en todo sentido: en salud, en ambiente de trabajo, en la carrera que hemos podido contruir. Estamos muy contentos con lo que ha ocurrido y muy en paz con esta decisión”, dijo Bitrán.

El cuarteto se fundó en 1982 y su integración final quedó en 1986 con la suma de Saúl, que entró en el lugar del violinista uruguayo Jorge Risi (1940-2022). Ha ofrecido conciertos en escenarios de todos los continentes, como el Teatro alla Scala de Milán, el Carnegie Hall y el Concertgebouw de Ámsterdam.

“Nos vamos llenísimos de satisfacciones”, comparte Arón Bitrán.

En el concierto del 9 de mayo en Palacio de Bellas Artes interpretarán: Variaciones sobre el Capricho número 24 de Paganini, compuesta por Javier Montiel; el Cuarteto en la mayor, G 206, de Luigi Boccherini; el Adagio para cuerdas del Cuarteto número 2, de Samuel Barber, y el Quinteto con piano en mi bemol mayor, Op. 44, de Robert Schumann, en el que los acompañará el pianista Rodolfo Ritter.

Y en el Blas Galindo se despedirán, definitivamente, con las Estaciones porteñas, de Astor Piazzolla.

Desde sus primeros ensayos en 1981 con Risi como violinista fundador, se grababan para escucharse.

“Somos nuestros más severos críticos, seguimos tomando los ensayos con seriedad después de 44 años. Desde el principio nos grabábamos y nos sentábamos a oírnos con absoluta seriedad y oído crítico, para ver cómo podíamos mejorar. Esa práctica nos hizo muy, muy exigentes con nosotros”, expone Arón.

—¿A qué suena en vísperas de su despedida el Cuarteto Latinoamericano?

Suena a cuatro músicos que ya bordean los 70 años, lo que nos da, quiero creer, una madurez, una comprensión del lenguaje musical que quizás no teníamos a los 20, 25 cuando empezamos. Probablemente no la misma rapidez, fuerza física ni quizás agilidad, pero eso se compensa, y con creces, con un conocimiento musical y una intención de llegar siempre al fondo del discurso musical, no quedarse en tocar bien bonito y afinado, sino en intentar transmitir un mensaje que viene desde el compositor mismo, esa capacidad de leer en una partichela qué quiso decir el compositor. Es algo que lleva muchos años y creo que lo hemos ido adquiriendo con el tiempo y nos permite ahora abordar las obras con mayor profundidad que nunca. ¿A qué suena? Pues lo dirá la gente acabando el concierto.

—¿Su público tendrá la esperanza de que su despedida sea igual a la de Raphael, Joan Manuel Serrat o Joaquín Sabina, que se han despedido muchas veces, pero regresan?

No, más bien será como The Beatles, que no se volvieron a juntar. Todos vamos a seguir tocando, por supuesto, enseñando, y muy activos en distintos proyectos, pero como cuarteto será el último mes y medio de actividad. Está más que decidido y conversado. Estamos en paz con la idea y contentos.

—¿Fue una decisión planeada?

Sí, desde hace tiempo. La conversación empezó por ahí de 2020, cuando dijimos que íbamos a trabajar dos o tres años más. Vino la pandemia, que implicó dos años de no tocar. Dijimos: “Recuperemos estos dos años perdidos y luego nos detenemos”. Pero fueron más de dos años porque ya había compromisos establecidos en el extranjero. Y, en algún momento, dijimos: “El último concierto será tal fecha, y a partir de ahí no aceptamos nada”. Y ya hemos rechazado compromisos a partir del 29 de junio próximo, en algún momento había que hacer el corte. Fue una decisión que conversamos mucho tiempo. Había distintas ideas de en qué momento hacerlo, pero todos con la idea clara de hacerlo en el momento en que todavía estemos en plenitud. Hemos conocido casos de artistas importantes que siguen más allá de lo estrictamente recomendable. Y nos parece que no debe ser así.

—¿Seguirán formando músicos?

En cuanto al trabajo académico, los cuatro estamos afiliados a distintas instituciones musicales en Ciudad de México, en Puebla y en Boston. Y ese trabajo seguirá con más intensidad que nunca, porque ahora que estemos viajando menos, podremos dedicarle aún más tiempo y energía a nuestros alumnos.

—¿Por qué eligieron este programa para “La última y nos vamos”?

Escogimos obras que han sido importantes y representativas, un poco del perfil que hemos tenido a lo largo de estos años: dos europeas, que siempre el repertorio tradicional europeo ha estado presente en nuestros programas; el cuarteto de Boccherini y el quinteto de Schumann con el magnífico pianista y amigo Rodolfo Ritter. Y de América, una de las grandes obras escritas en el continente, en específico Estados Unidos: el Adagio de Samuel Barber. Y la primera obra que nos fue escrita y dedicada allá en 1982, las Variaciones sobre un capricho de Paganini, de Javier Montiel, nuestro violista.

—Ganaron sendos Grammys con Brasileiro Works of Francisco Mignone y con El Hilo Invisible. ¿Qué ha pasado con esos álbumes?

Afortunadamente estos álbumes están muy vigentes, están en las plataformas. Hoy en día, con la maravilla del internet, los discos circulan mucho más que cuando era físico y había que exportarlos y era todo un proceso. Nuestros dos discos ganadores de Grammy, así como todo el resto de nuestra producción discográfica, están en las plataformas. El Grammy es un reconocimiento importante porque los que votan son los propios colegas y la gente del mundo de la música, tiene un valor extra porque significa que gente conocedora del tema ha encontrado tu trabajo valioso.

—Para usted, ¿qué significa dejar de ser un colectivo y volver a lo individual en un mundo que se ha vuelto cada vez más individual y pierde lo colectivo?

Seguiré tocando en grupos de cámara y con pianos. El violín solo prácticamente no existe; el repertorio, más allá de Johann Sebastian Bach, Niccolò Paganini o Eugène Ysaÿe, hay algunas cosas, pero no es a lo que me interesa dedicarme. Seguiré siempre colaborando con otros músicos, en ensambles. Por supuesto que extrañaré muchísimo al cuarteto, ha sido una experiencia maravillosa. Quizás el mejor repertorio que existe en la música de cámara es precisamente para cuarteto de cuerdas. Y no pienso seguir tocando en otros cuartetos, pero sí en un trío con piano, en sonatas de violín y piano, en distintos ensambles, que también hay magnífico repertorio. Yo concibo la música como una práctica en colectivo, jamás individual. Así que en ese sentido no va a cambiar demasiado.

—¿En qué otros aspectos de su vida repercute esta separación?

Esta decisión tiene la ambición de pasar más tiempo en pareja y en familia, que es algo que los cuatro hemos tenido que sacrificar, con este intensísimo itinerario de viajes durante tantos años. Estamos en paz, más amigos y cercanos y cariñosos que nunca. No hay absolutamente nada que lamentar, ningún rencor, ninguna tristeza; al contrario. Nuestros ensayos estos días son igual de divertidos y llenos de jolgorio, como siempre. Y así será hasta el día del último concierto. De eso estoy seguro.

PCL

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José Juan de Ávila
  • José Juan de Ávila
  • jdeavila2006@yahoo.fr
  • Periodista egresado de UNAM. Trabajó en La Jornada, Reforma, El Universal, Milenio, CNNMéxico, entre otros medios, en Política y Cultura.
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