La dramaturga y directora Olivia Barrera admira a William Shakespeare más que a nadie, no obstante decidió adaptar una de sus tragedias con un mensaje subversivo a nivel de género y actoral para llevar al escenario Cleopatra y Antonio, con base en las investigaciones que realizó para su tesis doctoral.
Se trata de una adaptación de Antonio y Cleopatra (1606), basada en el Marco Antonio de las Vidas Paralelas, de Plutarco, en la que Barrera revalora el papel de la emperatriz egipcia, pero va más allá y realiza una puesta en escena donde todos los personajes son interpretados por mujeres, en contraposición al teatro isabelino de la época de Shakespeare donde solo hombres actuaban los papeles.
Cleopatra y Antonio se presentará del 4 de agosto al 18 de septiembre en el teatro El Galeón Abraham Oceransky del Centro Cultural del Bosque, de jueves a domingos, con Carmen Mastache como la reina; Ana Graham como el romano, Guillermina Campuzano (César) y Leticia Pedrejo (Enobarbo).
“El elenco es de puras rock stars. Es una adaptación a la tragedia de Shakespeare, invertimos los nombres porque ahora tratamos de contar parte de la historia de Cleopatra”, señala en entrevista Barrera, quien también cuenta con un equipo formado exclusivamente con mujeres: Frida Chacón, en la producción; escenografía e iluminación, Mónica Raya, Analí Sánchez; vestuario, Julia Reyes.
Completan el elenco Alissa Reyes, Aleida Gallardo, Natalia Alanís, Ana Sofía López, Alejandra Marín, Carolina Contreras y Lucy Escandón.
La dramaturga explica que Shakespeare dejó muchas cosas fuera sobre Cleopatra del texto original de Plutarco “que no le convenían”, así que ella regresó a la fuente original para incorporarlas al drama.
“Encontré muchas cosas de Cleopatra, Iras y Carmina, que me parecieron dignas de ser contadas en esta adaptación. Y me acerqué a escritoras feministas e historiadores que escribieron sobre Cleopatra”, refiere la autora de Entre acciones, diálogos y bambalinas. Didáctica del teatro en el bachillerato.
“Es la misma historia de Shakespeare, pero revisitando al personaje de Cleopatra a partir de una investigación histórica de quién realmente fue. Se añadieron esas partes al drama. Obviamente, para que fuera una historia cohesionada y que no se estuviera contando solo la historia de Marco Antonio, tuvimos que sacar cosas del texto original y añadir otras. Es una adaptación, no es una versión libre, no es un drama completamente nuevo, es la misma historia solo que se añade el punto de vista de Cleopatra, porque en la de Shakespeare no deja de ser una mujer celosa, caprichosa, un poco berrinchuda y mal gobernante. Y en nuestra puesta en escena contamos la versión de la reina”, añade.
Barrera recuerda que Cleopatra trascendió en la historia como una femme fatale cuando lo importante es que fue una reina de Egipto y emperatriz de los reinos de Oriente con un hijo de Julio César .
“Tenía un conflicto muy importante. Tuvo dos amantes poderosos: Julio César, con quien procreó a Cesarión, y Marco Antonio, con quien tuvo tres hijos. El problema residía en que Cesarión era romano y el Imperio lo veía como un peligro de que fuera a reclamar su lugar tras el asesinato de Julio César. Ese era el verdadero conflicto de Cleopatra. Y cuando perdieron la guerra de Accio, los historiadores contaron que era una mujer que perdía a los hombres, cuando en realidad su conflicto era ser reina y emperatriz en un mundo que estaba gobernado por hombres. Se le veía por debajo. Sobre todo, ser madre de Cesarión impactaba a los romanos, eso la tuvo en jaque toda su vida. Estamos tratando de contar esa historia de la reina y emperatriz, amante de Marco Antonio y madre de Cesarión”, expone.
—¿Cómo se inserta su adaptación en la cultura de la cancelación?
De manera muy natural, eso fue justamente el motivo. Antes de la adaptación, era un Shakespeare invirtiendo la tradición isabelina; es decir, en la época de Shakespeare puros actores hombres hacían los papeles femeninos y masculinos. Y hace como una década, mis compañeras y yo decidimos hacer un Shakespeare con puras mujeres. ¿Por qué no retratamos el género y empoderamos a las actrices? Siempre los papeles femeninos en Shakespeare son como de locas. Y así empezó todo. Justamente por la cultura de la cancelación fue por lo que una vez que tuvimos la idea de hacer la tragedia con puras mujeres, pensamos qué Antonio y Cleopatra decidimos contar, porque aquí podíamos contar la historia que nos ha sido negada. Y así empezó el proceso de investigación histórica para la adaptación actual.
—¿Por qué considera importante un montaje así en el contexto actual de México?
Es una pregunta complicada de responder. No sé cuál de estas dos respuestas es más importante. Por un lado, me emociona como directora y dramaturga que el público se pregunte por qué no sabía la historia de Cleopatra cuando solo tenía la idea de que era una mujer seductora, ambiciosa, engaña hombres. Eso me emociona mucho a nivel de la diégesis. Aunque no haya una respuesta, yo la doy. Mi obra termina cuando César dice: “Yo me encargaré, Cleopatra, de que todos los hombres presentes contemos tu historia”. Pero queda esa duda de por qué no se conocía esa parte de la historia. Eso nos hace cuestionarnos por qué a las mujeres poderosas no podemos verlas como mujeres poderosas.
“Por otro lado, poder ver sensibilidades y actrices súper talentosas, de primer nivel, haciendo a César Octavio, a Antonio, a Pompeyo o a Agripa, me parece un ejercicio subversivo poderoso y necesario, no solamente porque se les está dando la oportunidad de hacer y construir estos personajes. Cuando ves los primeros diez minutos a lo mejor estás pensando cómo Ana Graham hace Marco Antonio, pero, una vez que entras a la ficción, te das cuenta de que el género se actúa. Y esa conversación le cuesta mucho trabajo a la gente, que cree que el sexo biológico determina el género. Pero al verlo en escena, el género también se actúa y eso es muy importante, es una conversación urgente que suma a este país. No sé cuál de estas dos cosas sea más importante, son distintas pero van de la mano”.
Barrera señala que el teatro El Galeón permite hacer la obra en la tradición isabelina donde el vestuario será el protagonista para crear los distintos géneros.
—¿Por qué adaptar la obra de Shakespeare en lugar de crear un Cleopatra propia?
Shakespeare es el dramaturgo que más admiro, el que más he montado. Me gusta mucho su teatro, su poesía, doy clases como profesora sobre él y su obra, y entiendo que era un hombre de su época. En mi puesta en escena de Cleopatra y Antonio, así lo defendí en mi tesis doctoral, no es lo mismo darle al dramaturgo las fuentes a las que no tuvo acceso y la ideología que no tuvo para replantear una posibilidad, que hacerlo desde cero. No es el mismo ejercicio de subversión. No es el mismo ejercicio político hacer una obra que se llame Cleopatra y trate de Cleopatra, que tomar la obra de Shakespeare y adaptarla, es un ejercicio político distinto. Y en ese sentido también está la otra parte de tener solo a actrices representando a los personajes, jugando con la tradición.
PCL