DOMINGA.– Me parece interesante cómo César emplea el verbo “jugar” para referirse a su quehacer fotográfico, algo que creo aplicable para todas las bellas artes; a las obras de teatro, por ejemplo, se les llama plays en inglés; ese juego es aplicable para todos los artistas, incluyendo a los fotógrafos, escritores, pintores.
Comienza a mostrarme algunas de sus cámaras, luce entretenido. “También tengo esta otra, mira” y enseña una camarita cuadrada digital color verde que se ve muy divertida, como de juguete, dice entretenido mientras manipula la configuración. “Y mira, la verdad es de mala calidad, salen muy chafas, pero me gusta…”, de pronto empieza a imprimirse por una breve ranura la foto que recién me tomó. “Mira, es básicamente como un papel de recibo, esto es como un recibo y lo puedes regalar, puedes jugar, este papel que tengo aquí tiene sticker, entonces también lo puedes pegar y todo”.
César Rodríguez, nacido en Tepic, Nayarit, es uno de los recientes ganadores del World Press Photo 2026, bajo la categoría “North and Central America Long-Term Projects”, gracias a uno de sus varios proyectos de largo aliento. Su fotografía suele ser a blanco y negro, y debo decir que entre los ganadores de la edición resalta el trabajo de Rodríguez por la composición de sus imágenes, que van desde el retrato hasta tomas propias del azar enlazado con la imaginación, que sólo un artista con ojo experimentado es capaz de capturar.
Entre los fotógrafos mexicanos que han sido galardonados con este premio están Alejandro Prieto (2020), Iván Macías (2021), Cristopher Rogel Blanquet (2023), lista a la que se suma César en la edición del presente año. Entre sus colecciones fotográficas están: “Montaña Roja”, “Migrantes”, “If Hell Existed”, “Hoja Dorada”, “Migrantes”, “Charros”, “La Mora”, “Cuando hay luna llena, la marea sube”, “Dreams on Hold - Colored photos by migrants” y “Cambio Climático México”, siendo esta última la que lo hizo ganador de dicho premio.
Además de fotógrafo, a sus cuarenta y pocos años César Rodríguez es documentalista. Ha dirigido y filmado cuatro cortos documentales. Algunas de las colecciones arriba mencionadas llevan el mismo nombre que la versión en formato de video, aunque naturalmente son distintos trabajos (“If Hell Existed”, “Guerrero, Amapola”, “Matamoros, Dreams on Hold”), y un documental más: “Huicholes del tabaco”, que en diez minutos retrata las vidas y jornadas detrás de las plantaciones de tabaco en la Sierra Madre de Nayarit y Jalisco. Su trabajo destaca, entre sus muchas cualidades, por el empleo del blanco y negro en la mayor parte de su obra, tanto en fotografía como en video.
César empezó “con la fotografía hace diez años” y en octubre de 2025 cumplió los diez años dedicándose al oficio, aunque al inicio no de manera retribuida. Antes de ese periodo, llegó a hacer proyectos pequeños, los hacía para sí mismo, “no tenía para nada idea del negocio de la fotografía entonces, sólo lo hacía por gusto”, y entre esos proyectos personales llegó a retratar celebraciones de donde él es originario. “Vivo aquí, en Nayarit, y en Semana Santa hacen la representación de La Judea o La Judea Cora”, una tradición en la que se representa la Pasión y Muerte de Cristo.
Al preguntarle cuáles fueron aquellas razones por las que comenzó su rumbo en la fotografía, admite que su camino no ha sido derecho, al terminar “la prepa, estudié Administración como por dos años y medio, pero no seguí. Luego me fui a viajar y a vivir por Europa durante los siguientes cuatro años”, recorrió Francia, Suiza y la mayor parte de su estadía la vivió en Madrid. Su llegada a Europa fue hace veinte años. “Me fui de mochilero, trabajando de seguridad, de recepcionista, de salvavidas, de mesero. De lo que me dieran porque estaba yo de ilegal, no estaba con papeles, así que lo que me dieran era bueno. No había crisis en Madrid en ese entonces, trabajaba en dos que tres trabajos y vivía muy bien. Tenía veinte años y casi no salía, más que de fiesta con mis amigos, básicamente todos los días salíamos de fiesta”.
Durante sus años en Europa no se dedicaba a la fotografía todavía, al menos no fehacientemente, pero siempre llevaba una cámara consigo, “una camarita digital de ese tiempo, tomaba fotos para mí, eran fotos de las fiestas que guardaba para compartirlas con mis amigos, pero desde entonces ya me gustaba la fotografía. Me acuerdo que iba a las librerías en Suiza, en Madrid, iba a ver libros, fotolibros, nada más así como a hojearlos, a verlos, pero hasta ahí”.
“Después regresé a México, puse una tienda de chocolates, duré más o menos como cinco años vendiendo. Ahí hacía repostería, chocolate y café. La cerré justo un 15 de febrero, después de que el día 14 vendes un montón. La cerré así, sin avisar a mis clientes ni nada. Y luego empecé a dedicarme a la foto, pero no tenía ni la menor idea de la fotografía”. Fue ahí cuando “empecé a hacer reportajes chiquitos, también fui a retratar a los clavadistas de La Quebrada”, en Acapulco.
Este año se celebra el 70 aniversario de la Fundación World Press Photo y los 40 años del Museo Franz Mayer con una exposición que presenta las imágenes ganadoras de 2026, entre las que destacan las del mexicano César Rodríguez.
Las obsesiones de César Rodríguez: cámaras y lentes
Al momento de la entrevista por videollamada, él se encuentra en Nayarit y yo en Nueva York; al día siguiente sale rumbo a Puerto Rico, por trabajo. Le pregunto por su equipo fotográfico, especialmente me da curiosidad conocer la cámara y los lentes que utiliza, “justo estoy haciendo mis maletas, pero déjame traértelo, para enseñártelo”, dice amablemente, “yo viajo con muchos tiliches”.
“Mira, para el proyecto que ganó, sobre el cambio climático –y por el cual César ganó el World Press Photo 2026– usé mucho esta cámara, una Olympus Stylus Epic, es una análoga [que utiliza rollo] y point-and-shoot [cámara de apuntar y disparar]”. Es color negro y tiene un lente incluido en la cámara de 35mm., fueron fabricadas en Tokio en los noventa, ideales para viajes largos por su peso frágil y se caracterizan por un enfoque automático: “la agarras y pam, disparas”.
Me la enseña detalladamente, yo veo una camarita a la que se le nota que se le ha dado un muy buen uso, está cubierta por cintas adhesivas negras, lo primero que veo es una cámara herida pero también curada, como si estuviera repleta de curitas, “no sé si logras ver, pero tiene cinta por aquí y cinta por allá, porque tiene muchas entradas de luz”, dice César con preocupación.
“La compré de segunda mano, en línea, para este proyecto porque yo quería algo así, más informal, simple. Cuando llegó hice mis primeros rollos y me di cuenta de que salían por ahí unas franjas de luz en los negativos. Al principio, la verdad, me enojé mucho. Dije ‘agh, me estafaron’, así que le escribí al vendedor, ‘oye, tu cámara no sirve’. Nunca me contestó. Pero después, adopté esta falla en el proyecto, y me gustaron los resultados. No sé si has visto las fotos, algunas tienen unas franjas de luz. Es por eso mismo. Y lo que hago es cambiar la cinta de lugar”, dice y va mostrando los diferentes sitios de la cámara donde coloca la cinta, “para que no salga la misma línea de luz, y así voy jugando con eso”.
Pienso en la manera tan precavida con que cuida de su cámara Olympus, un cuidado especial como la que se le brinda a un niño que se cayó por andar de travieso, o en el cuidado que requiere un enfermo; noto que, además de eso, hace de su instrumento de trabajo también una cámara personalizada, con la que documenta escenas e historias manipulando las entradas de luz a su manera. Un instrumento de trabajo que es a la vez uno de creación artística.
Las siguientes cámaras son digitales, “también tengo una Sony RX-100, igual tiene un lente que ya trae la cámara, creo que de 28-200mm., y me gusta mucho porque está chiquita, compacta. Otra que tengo acá es una Sony A4, ésta la tengo desde hace poco”. Me cuenta César que con esta última cámara utiliza “un lente de 35mm. casi para todo; y recientemente compré un [lente] 50mm., que lo uso para algunos retratos, pero más que nada la utilizo para encargos.
“También tengo esta otra, mira”, me enseña una camarita cuadrada que se ve muy divertida, pareciera como de juguete, dice entretenido mientras manipula la configuración de la camarita digital color verde, “y mira, la verdad es de mala calidad, salen muy chafas, pero me gusta porque…” y de pronto empieza a imprimirse por una breve ranura de la cámara la que recién me tomó, “mira, es como un papel de recibo y lo puedes regalar, puedes jugar, este papel que tengo aquí tiene sticker, entonces también lo puedes pegar y todo”.
“Sobre todo trabajo con las primeras [cámaras] que te enseñé. Pero ahora estoy por continuar un trabajo con una 4x5, de gran formato, de estas cámaras que son grandes, de placas. Nunca he trabajado con ella, de hecho la tengo desde antes de dedicarme a la fotografía, desde hace unos quince años, y nunca la he usado porque todavía me da miedo. Pero dije ‘ya, este año tengo que usarla’”.
Las cámaras de cuatro por cinco pulgadas (10 por 12 cm.) son cámaras antiguas y poco convencionales, destacan por utilizar placas u hojas de película individuales, así como por la calidad del detalle en la imagen, cada placa de negativo es casi 15 veces más grande que las de formato medio o 35mm. Algunos fotógrafos que llegaron a utilizar este tipo de cámaras, fueron, por ejemplo, Edward Weston, Tina Modotti, Richard Avedon. Justamente la fotógrafa Lola Álvarez Bravo le compró su cámara Graflex a Tina Modotti, antes de que ella huyera de México a consecuencia de su persecución por espionaje, mismo dinero que le sirvió para zarpar del país. Con la Graflex, Lola Álvarez Bravo y su entonces esposo, Manuel Álvarez Bravo, se iniciaron en la fotografía bajo la guía y enseñanza de Modotti.
—Te gusta mucho usar el lente de 35mm —le digo.
—Bueno, con la Olympus ya viene incluido y pues ya te amuelas, no se le puede cambiar. Pero sí, me gusta mucho, me siento muy cómodo. Tengo el 50mm. y ya, es todo mi equipo. Tengo de estos lentes que hacen como close-ups, y que yo a veces utilizo con la Olympus, pero como no tiene dónde ponerse yo lo sostengo con la mano frente al lente de mi cámara antes de tomar la foto.
Todo el trabajo de César es artesanal. Su fotografía, sea digital o análoga, la vuelve artesanal con las técnicas que me enseña, utiliza los recursos a su alcance para definir y trazar las imágenes a su gusto.
Los fotolibros de César Rodríguez
“He publicado tres libros, tres fotolibros”, Montaña roja (KWY, 2022), seleccionado entre los diez fotolibros recomendados en ese año por el Museum of Modern Art (MoMA) en Nueva York y finalista del 2023 Paris Photo-Aperture PhotoBook Award; su segundo libro, Hoja dorada (KWY), finalista del Author Book Award en Les Rencontres d’Arles en 2024 y por el 2024 Paris Photo-Aperture PhotoBook Award; su tercer libro es Cuando hay luna llena, la marea sube (KWY).
Al preguntarle cómo surgieron sus fotolibros, me cuenta que “hace como cuatro años leía un libro que hablaba sobre las cosas que son no-materiales, digitales”, ahí leyó “sobre las fotos digitales, que son al fin y al cabo datos, lo que graba la cámara lo bajas en la computadora, pero al final son datos. Yo me quedé pensando en qué pasaría si de repente los sistemas operativos cambiaran y de repente no pudieras leer tus fotos, simplemente no podrías abrirlas. Yo dije ‘a mí me gustaría tener el material de mi trabajo’, algo que tal vez trascienda cuando yo me muera o algo, mi sueño guajiro. Así llegué a pensar en la idea de crear un fotolibro.
“Tengo un amigo, Musuk, él es fotógrafo y tiene también una editorial [KWY]. Teníamos como dos años bromeando acerca de hacer un libro juntos, con mis fotos en su editorial. Y al final le dije ‘a ver, vamos a hacer un libro, ¿cómo le hacemos?, ¿cuánto te pago?’, y me dijo que lo hiciéramos bien. Fue todo muy orgánico porque éramos muy amigos, teníamos la confianza, bromeábamos. Los tres libros los he publicado con él, en su editorial. Sólo han variado los diseñadores”.
Me cuenta que entre él y su amigo Musuk Nolte –fotógrafo mexicano de madre peruana y padre alemán–, se encargaron de realizar la edición de los tres libros, a comparación de fotolibros de otros fotógrafos, a quienes ha escuchado no correr con la misma suerte, “gente que ha tenido problemas, que le ha batallado un montón; pero nosotros ya tenemos la confianza”.
Un fotógrafo mexicano con visibilidad internacional
César Rodríguez trabaja tanto con la cámara análoga como con la digital, me cuenta que con ambos formatos se siente cómodo, aunque asegura recurrir “a lo digital sobre todo por encargos porque trabajó mucho con el New York Times y para otros medios que lo quieren todo muy rápido, y aquí donde vivo no hay dónde revelar, entonces todavía está más difícil. Lo que hago es digital, casi todo, pero en mis proyectos personales es una mezcla de todo”.
Además de trabajar con el New York Times, también ha colaborado con otros medios internacionales, como Time Magazine, The Washington Post Magazine, National Geographic, Der Spiegel, El País Semanal, Le Monde, Bloomberg, The Guardian, entre otros. Sin embargo, el camino no fue sencillo para llegar a aparecer en dichos espacios. “Cuando empecé no sabía mucho del negocio de la foto. Mandé muchísimos correos, me ponía a investigar en internet correos de editores, no sabía quién era quién, pero a mí me valió y me puse a mandar correos. Yo creo que un 99% no me contestó ni un no, nada; algunos me contestaban que ‘sí, vamos a ver, cuando tengas oportunidad nos vemos’.”
En 2014, Rodríguez asistió al Foundry Photojournalism Workshop que duró una semana en Guatemala, “ahí conocí más del negocio, así que al regresar empecé a enfocarme un poco más en temas específicos, ya haciéndolo como dizque reportaje, aunque no tenía bien idea de lo que estaba haciendo, todavía”. Posteriormente, entre becas y talleres, fue entrando en contacto con editores que eventualmente comenzaron a solicitarle trabajos fotográficos.
Posteriormente asistió al Eddie Adams Workshop, taller de fotoperiodismo y fotografía, en Nueva York, y entre becas y talleres fue entrando en contacto con editores que eventualmente comenzaron a solicitarle trabajos fotográficos.
Entre sus influencias, cuenta Rodríguez que “todo el rato me estoy empapando, sobre todo de la lectura, a mí me gusta mucho leer, literatura, sobre todo. Me gustan mucho las novelas y la ciencia ficción. No sé si te pasa cuando escribes, que te imaginas lo que estás leyendo y vas creando, imaginando, muchos escenarios, bueno, pues eso es lo que a mí me pasa. Al adentrarme en la literatura, me imagino fotos, las veo, por así decirlo, y después, tal vez inconscientemente, las traigo cuando voy a tomar fotos. Tengo la imagen ahí, visible”.
Al escarbar un poco, insistiendo en nombres de fotógrafos, me habla de Graciela Iturbide y Manuel Álvarez Bravo. “Por ejemplo, me gusta mucho Juan Rulfo, tanto su foto como su literatura. Sus cuentos me hacen imaginar escenarios, y creo que él en particular me influencia mucho. Otra escritora que me gusta, es de Veracruz, Fernanda Melchor. Con sus libros me imagino muchas cosas. Y de fotógrafos hay un montón, pero no tengo sus nombres específicos, y soy malísimo con los nombres y las fechas”.
“Yo soy también fotógrafo que trabaja para encargos y para medios, esos son los que me dan el dinero para poder hacer lo que a mí me gusta. A cortísimo plazo, ahora salgo a Puerto Rico, a trabajar allá, voy a estar unos días. El proyecto del cambio climático lo voy a seguir trabajando, generalmente mis proyectos son de ocho, diez años, de largo aliento. También tengo otro de violencia y desapariciones”.
“Otro proyecto que he seguido trabajando es sobre la montaña de Guerrero, y ese lo sigo porque es una zona a la que me gusta mucho ir, como que me desconecto de todo, es medio peligroso estar allá y todo, es una zona muy caliente y violenta, pero nunca me ha pasado nada y la verdad es que me siento bien estando ahí”. Me cuenta que suele trabajar en múltiples proyectos a la vez, “de todo un poco”.
Sus fotografías y documentales pueden visitarse a través de su sitio web: https://cesarrodriguezb.com/ .
Rodríguez resalta por la creatividad de sus imágenes y también porque es un ejemplo de la descentralización en el mundo del arte. Algo que siempre me ha parecido admirable en un artista es precisamente la posibilidad de llegar a públicos variados y amplios al radicar en una ciudad fuera de la capital. César Rodríguez es uno de los grandes fotógrafos que ha hecho su carrera profesional desde Tepic y Xalisco, este último es un municipio de Nayarit donde radica él; lo cual implica retos importantes y también un arraigo a su tierra que lo vuelve aún más distintivo.
GSC/ASG