Cultura

‘Primer acto’, la muestra que documenta la migración a través de gobelinos

El artista mexico-guatemalteco Carlos Santos presenta el episodio inicial de un proyecto a 12 años que muestra el tránsito de los migrantes en el tren La Bestia.

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Carlos Santos (Ciudad de México, 1983), artista multidisciplinario formado en la Academia de San Carlos abrió la exposición en Primer acto.

La exposición —con texto curatorial de Violeta Horcasitas— presenta las dos primeras piezas de Cuerpos Tejidos: Huellas Migrantes, proyecto financiado por el Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA) que Santos plantea completar en un ciclo de 12 gobelinos monumentales con el nombre de un migrante entrevistado en las vías del tren conocido como La Bestia a la altura de Huehuetoca, Estado de México.

En este primer acto conviven dos de esos textiles Yotzari Cruz Reyes/Cubana #1 y Josué Roni Guevara Lagos/Honduras #2 con la serie de grabados intervenidos Atlas somático y un video de registro de campo. El proyecto Cuerpos tejidos continuará hasta 2029 con la meta de reunir 12 gobelinos en un espacio museístico.

Lo que distingue el proyecto de otros ejercicios sobre el tema no es sólo la técnica —tufting, bordado a mano, piel de becerro y conejo, guantes de albañil, ropa de desecho— sino la manera en que Santos intenta anclar cada pieza a un consentimiento explícito, obtenido en los minutos que dura un encuentro fugaz en la vía del tren.

¿En qué momento el lenguaje del cuerpo dejó de ser un concepto teórico?

En el momento en que vi lo que implica subirse a La Bestia: enfrentarse a un tren enorme donde la gente tiene que correr, saltar y ser extremadamente astuta para sobrevivir. No es una figura anatómica de estudio; es un cuerpo expuesto a vagones fríos y llenos de carbón, que se sostiene y se desgasta en el camino.

"Al entrevistar a las personas en las vías entendí que sus cuerpos ya estaban siendo irrigados por las rutas de tránsito y disputados por el clima, el cansancio y las fronteras. Cuando regresé al taller a perforar el papel o a coser, no estaba ilustrando un concepto teórico: estaba replicando la tensión y la exigencia física de esos cuerpos en movimiento que yo mismo vi".

Cada gobelino lleva el nombre de un migrante. ¿Qué acordaste con ellos sobre el uso de su nombre y su imagen?

El acuerdo nace desde el respeto y la transparencia. En esos pocos minutos que tengo con ellos en la vía les pido permiso, de forma muy respetuosa, para registrar y dibujar el contorno de su silueta corporal —que luego llevo al textil a escala 1:1— y poder nombrar la obra con su nombre real, o con el seudónimo que ellos elijan, como homenaje a su esfuerzo en el trayecto.

"Les digo con total honestidad que la pieza estará en mi estudio y en mi página web, donde siempre podrán verla. Les explico que no sé si la obra terminará en un museo o si se va a vender, aunque sé que en lo último que piensa alguien que está cruzando el país para sobrevivir es en un museo o una galería.

"Lo que sí sé es que la obra se expondrá de vuelta en el territorio. Mi compromiso es dignificar su tránsito y convertir su nombre en un testimonio permanente, no en una cifra anónima.

El creador

Carlos Santos desarrolla su trabajo entre su estudio en la selva de Tulum y la Ciudad de México, a través del tufting, el bordado a mano y el ensamble matérico con comunidades en Chiapas, Veracruz, Tulum y Guatemala. Su obra forma parte de acervos públicos y privados. Se ha presentado en exposiciones individuales y colectivas en México, Estados Unidos y Alemania entre otros.

¿Dónde trazas la línea entre investigar el tránsito migratorio y convertirlo en material de exhibición?

La línea entre la investigación y la exhibición la trazan la materia, la metáfora y la ética, nunca el morbo. El arte tiene la capacidad de registrar realidades incómodas que suelen pasar desapercibidas, pero mi trabajo no es fotoperiodismo ni busca el espectáculo del dolor para la institución.

"La beca del SNCA me permite financiar una investigación de campo rigurosa y de largo aliento, pero cuando la obra llega a la sala no muestra el sufrimiento explícito: lo metaboliza a través de la sutura, el peso del material y la huella del cuerpo. La pieza no explota la condición del migrante; utiliza el lenguaje textil para obligar a la institución a confrontar la densidad poética, humana y política de ese tránsito".

Usas piel de becerro, piel de conejo, guantes de albañil, calcetines: objetos con vida útil y desgaste humano previo. ¿Cómo decides qué materiales documentan un cuerpo y cuáles lo representan?

Los divido en dos niveles: por un lado están los materiales que documentan —como la ropa o los guantes usados—, que contienen el sudor y la fricción real de un cuerpo; por otro, los materiales que representan —como la piel o los aglutinantes—, que aportan la estructura simbólica.

"Josue Roni Guevara Lagos / Honduras #2" interviene la bandera estadunidense. ¿Qué te interesa desmontar de ese símbolo?

No busco desmontar ni protestar contra la bandera; deja de ser el centro del discurso para convertirse solo en el fondo, en el obstáculo superado. El verdadero protagonista es la capacidad del cuerpo de Josue Roni para sobreponerse al reto, atravesar esa geografía y seguir existiendo. La obra no gira en torno al mito o al símbolo, sino a la fuerza vital del cuerpo que lo sobrepasa y se afirma frente a él.

Divides tu estudio entre Tulum y la Ciudad de México. ¿Cómo entra esa distancia en tu posición frente al tema?

Desde que divido mi trabajo entre el Caribe y la Ciudad de México he atestiguado cómo cambió la geografía del tránsito. Tulum y la Riviera Maya ya no son solo zonas de paso; se han convertido en territorios de destino o pausa prolongada. Miles de personas repatriadas, o migrantes que vienen de Venezuela, Colombia y Cuba, terminan insertándose en los trabajos más pesados de la construcción y los servicios turísticos.

"Ahí es donde mi posición geográfica y de clase entra en juego: reconozco el privilegio de moverme entre la producción artística en el taller y estos dos polos económicos. Mi postura no es la de un observador distante, sino la de alguien que ve cómo esos mismos cuerpos que construyen la infraestructura del turismo son los que sostienen el territorio".

Activas comunidades en Chiapas, Veracruz, Tulum y Guatemala. ¿Quién controla la autoría de la pieza cuando el bordado es colectivo pero la obra se firma y se cotiza como Carlos Santos?

Las piezas que se ven en esta muestra las hice todas yo, directamente en mi estudio en la Ciudad de México. Cuando involucro a otras comunidades en proyectos colaborativos, la colaboración siempre se hace explícita: yo firmo como Carlos Santos porque dirijo la investigación y la estructura del proyecto, pero en la ficha técnica y en el texto curatorial siempre se nombra y se da crédito directo a cada persona y comunidad con la que trabajé.

El artista presenta gobelinos en La Buena Estrella.
El artista divide su estudio entre Tulum y Ciudad de México. Especial

El ciclo será de 12 piezas y culminará en un textil monumental. ¿Por qué muestras el proyecto incompleto en vez de esperar la pieza total?

No lo veo como un proyecto incompleto, sino como la oportunidad de ver cómo funciona y dialoga la obra en un espacio íntimo como La Buena Estrella. Presentar estas dos primeras piezas junto a los grabados me permite probar la escala, la luz y la cercanía con el espectador antes del despliegue monumental de las doce piezas.

Atlas somático interviene un grabado que dibuja el contorno de México con hilo de seda. ¿Por qué la cartografía nacional es intervenida con hilo?

Si lo observas bien, no es el mapa oficial de México, sino una cartografía ficticia de América del Norte que dialoga con esa provocación histórica de Joaquín Torres García y su idea de que "nuestro norte es el sur". No busco marcar límites políticos ni reforzar fronteras administrativas; la intención es desarmar la geografía hegemónica para reordenar la mirada a partir de la vivencia real de los cuerpos en tránsito.

"Intervengo el papel con hilo de seda para trazar rutas orgánicas y vivas, como si fueran venas. El hilo no divide el territorio: lo irriga, conecta las trayectorias de las personas en movimiento y demuestra que el flujo humano no entiende de bordes geográficos".

¿Qué diferencia hay entre cómo un migrante ve su propio nombre bordado en tu pieza y cómo lo lee un coleccionista europeo que la compra?

La diferencia es abismal. Con el migrante tengo 10 o 15 minutos en la vía, en un encuentro fugaz con alguien a quien posiblemente jamás vuelva a ver; cuando él ve la silueta a lápiz sobre la tela, no ve un objeto decorativo, ve un registro austero de su presencia. El coleccionista europeo, en cambio, lee la pieza terminada desde la idea del cuerpo y la distancia del mercado.

"Por eso me interesa expandir esto hacia un mapa somático global e intervenir cartografías europeas, como la de Alemania: para que no vean la migración como un fenómeno lejano, sino para confrontarlos con su propio territorio atravesado por la misma red de venas y resistencia".

Primer acto se presenta del 12 al 30 de septiembre en La Gran Estrella Manuel María Contreras 71-M, San Rafael, Ciudad de México.

BSMM

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