El escritor Carlos Castán tiene una mirada misteriosa y una actitud rebelde; aclara que ya no lo es tanto, y acepta que durante un periodo de su vida sí vivió una juventud underground, lo que impregna algunos de sus poderosos cuentos.
El escritor abandonó muy temprano la casa familiar, se peleó con su padre y salió al mundo a vivir los años 80 en Madrid que, asegura, fueron “efervescentes”; de ahí, y también de su incansable imaginación, nacieron sus relatos que ahora se reúnen en un solo libro: Cuentos (Páginas de Espuma).
Dicen algunos críticos que tus cuentos están destinados a ser clásicos de la literatura contemporánea.
Yo no me lo he planteado así (risas) fue algún crítico que se ha pasado de generoso o de entusiasta. Soy una persona que tampoco escribe demasiado y no considero estar en ninguna competición; voy haciendo mis cosas a un ritmo lento, quizá eso ha contribuido a que hubiera una valoración mayor. De lo que sí me doy cuenta, es que hay escritores de generaciones posteriores a la mía, que me consideraban como escritor de culto. En mis tiempos, una película de culto, quería decir que no iba nadie a verla, qué bueno que los cuatro que estaban, sí eran fans.
¿Cómo identificas tus cuentos?
En los cuentos no te puedes permitir mucho. Tienes que empezar fuerte y mantener una determinada altura, no que tengan que tener un final con excesiva rotondidez o que sea un puñetazo en la mesa, algo que sucede en algunos de mis cuentos; hay otros que son más una rodaja de vida.
Cuentos, de Carlos Castán, reúne los libros Frío de vivir, Museo de la Soledad y Solo de lo perdido, junto a su relato más extenso: “Polvo en el neón”.
¿Qué temas te obsesionan?
En los primeros cuentos estaba el tema de la sordidez y en relación con mi experiencia biográfica. Pero tampoco acostumbro a contar mi vida, hay unos pocos, y se inspiran en mi experiencia. Tuve una juventud un tanto underground, quizá, porque me fui de casa a los 19 años, sin oficio ni beneficio, y sin dinero, para tener una vida más callejera.
¿Por qué te fuiste de casa?
La convivencia con mi padre era imposible; creo que fue una cosa muy generacional que sucedió en aquellos momentos en España. Cuando muere Franco, yo tenía 15 años, era un crío y el franquismo era no poder leer, ver películas cortadas y muchos temas más. Y sobre todo, una cosa que es difícil de entender hoy en día para quien no lo vivió, es que había un dictador en todos lados, no era solo el general o la policía: era el portero de tu casa, el maestro, el vecino, absolutamente todos eran dictadores y muy especialmente los padres; había mucha incomunicación.
Y entonces… llegan los 80.
Exacto. En Madrid fueron bastante efervescentes, en el sentido positivo: muy creativos, vitales, pero también peligrosos en el sentido de la noche, de las sustancias, hubo muchos problemas de heroína, se murieron varios amigos.
Carlos Castán trabajó de todo, conoció los barrios de Madrid, trabajadores y zonas industriales, las calles, pero también consiguió terminar la carrera y durante 32 años dio clases de filosofía en escuelas públicas a chicos de entre 16 y 17 años.
¿Lograste reconciliarte con tu padre?
Sí, pero no fue sencillo. Mi padre era de cartas manuscritas, era muy solemne y recuerdo una frase que decía: ‘Que viniera por casa, solamente de visita y a ser posible corta’, y la conservo. Luego tuvimos la oportunidad de hablar y el tiempo de reconciliarnos suficientemente.
¿Qué opinas de ver reunidos todos tus cuentos?
Lo que veo es que está mi vida ahí, no de una forma directa, pero claro que sí que tengo las claves y lo veo como un mosaico de lo que he sido. En cuanto a la evolución, sí creo que ha sucedido, sobre todo del primer libro a los otros dos. Frío de vivir obedece a una necesidad muy visceral y cuando lo releo me produce cierto sonrojo la intensidad y el énfasis. En los libros que vienen después conseguí ser más contenido, no en los temas o en las cosas que digo, sí en la forma de decirlo. Mi primer libro es casi más como un vómito, la necesidad de sacarlo.
Para la recopilación, ¿sacaste algún cuento, metiste otro?
No, no tenía sentido volver otra vez sobre los mismos puntos; claro que está la tentación de cambiar una cosas pero yo prefiero ponerme con relatos nuevos, ese partido ya se jugó. El principal motivo de reeditarlos es que esos libros ya era inconseguibles, los encuentras en Amazon y esas páginas con precios estratosféricos; por eso, Juan Casamayor (editor de Páginas de Espuma) se propuso reeditarlos todos y lo único que es nuevo es el prólogo.
¿Qué viene para ti?
Creo que será una novela, un texto bastante personal, una cosa generacional que tiene que ver con mi biografía. Hay preguntas muy importantes que todavía no he respondido en relación a lo que quiero.
El autor
Carlos Castán, aunque de origen altoaragonés, nació en Barcelona en 1960. Es licenciado en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid, ciudad en la que ha transcurrido buena parte de su vida y donde actualmente trabaja como profesor de Filosofía en la enseñanza pública.Es autor de los libros de relatos Frío de vivir (1997), Museo de la soledad (2000 y 2007) y Solo de lo perdido (2008), así como del volumen de artículos Papeles dispersos (2009), del relato “Polvo en el neón” (2012) y de la novela La mala luz (2013 y 2020).
hc