Los juegos de palabras poseen, como sabemos, una tradición milenaria. Entre ellos, y luego de repasar palíndromos, contrapiés, anagramas y demás yerbas exóticas que se mueven en el plano de los significantes, distinguimos los calambures o modificaciones del significado de las palabras o frases a partir de agrupar de distinto modo las sílabas o letras. Sí, a la manera del Xavier Villaurrutia de su nocturno:
Y mi voz que madura
Y mi voz quemadura
Y mi bosque madura
Y mi voz quema dura
Recuerdo que hace muchos años, en la hoy extinta (en los dos sentidos que la palabra convoca: ex-tinta) revista Vuelta leí una separación silábica que me pareció muy afortunada:
Demiurgo: el viento da vía
De mí hurgo el bien todavía
Las palabras se descomponen y, multíparas, forman otras: de la voz “demiurgo” nacen tres hijas verbales: “de mí hurgo”. De la palabra “amortajados”, como ha visto el poeta Francisco Hernández, derivan tres: “amor taja dos”, expresión que reviste indudable sentido irónico. Hay una palabra, en nuestra lengua, que define con precisión el minucioso oficio del joyero:
Estratagemas
Es trata gemas
Recordemos que el mismo Villaurrutia mencionó el mar sin olas, esto es, des-olado. Nosotros podemos prolongar y decir: desolado martirio/ des-olado mar tirio.
A veces las letras son inobedientes y no se respeta, en los juegos de la des/re/composición, la visión de la letra sino solo su semejanza sonora, como ocurre en:
Cadáver solo Memo riza
Cada verso lo memoriza
Aquí apreciamos cómo la primera palabra se desdobla en dos y, a su vez, la segunda de estas dos conecta con la segunda del primer verso o línea. Las últimas dos palabras de la línea inicial, partidas, redundan o desembocan en una sola: Memo riza/memoriza.
Un ejemplo más sorprende por su similitud semántica:
El esclavo del martillo ora da nada
Él es clavo del martillo: horada nada
Algunos nombres de personas, vistos bajo la lente de la descomposición, causan risa:
Soy la vaca del corral (el más famoso)
Zoila Vaca del Corral
Hay un juego silábico de implicaciones semánticas enemigas:
De fe candorosa
Defecando Rosa
En la égloga primera de Garcilaso de la Vega podemos leer un delicioso calambur:
El dulce lamentar de dos pastores
El dulce lamen tarde dos pastores
Y entre los más conocidos citamos aquí tres:
Entreno en coche deportivo
En tren o en coche deportivo
Salió a oscuras y en celada
Salió a oscuras y encelada
El tercer par pertenece a una cumbia, y reviste una maliciosa retranca emparentada con el albur:
Yo loco, loco y ella loquita
Yo lo coloco y ella lo quita
Cerramos este artículo sobre ires y venires silábicos con uno espigado del Tenorio:
Clamé al cielo y no me oyó
Clamé al cielo y no meo yo
Diré, por último, que el calambur es asaz frecuente en las adivinanzas, como en esta manida:
Oro no es, plata no es
(El plátano)
Y éste también muy jocoso:
Yo me ofrezco
Yo meo fresco.