En la estación más plena de su vida, viviendo la edad más apabullante a la que pensó llegar con menos éxito que el logrado, Sergio Bustamante brinda por las cuatro décadas de que abrió la primera de cinco tiendas y el nacimiento de un estilo único que se convirtió en una particular marca artística que ensalza la mexicanidad. La búsqueda de la razón llegó al malecón de Puerto Vallarta como gesto bondadoso pero su creador confiesa que prefiere la escultura dentro de una galería que al aire libre.
El peso de la virtud es una de las esculturas preferidas entre la clientela, en cambio La herida del tiempo que es de sus grandes predilectas no se ha vendido aún, dice Sergio Bustamante entre plácidas carcajadas mientras recorre su galería en Tlaquepaque y contesta varias preguntas a este medio.
En los pasillos de la galería aparece El faro, que hizo después de leer a Virginia Wolf, Elena o El pez equilibrista. En la terraza sobre un espejo de agua se sostiene Negar el absoluto entre el sonido de una cascada artificial y las miradas fijas de otras de sus esculturas en bronce.
Bustamante dice que produce por lo menos 30 modelos al año de cada colección y hasta 50 ejemplares de cada una dependiendo la demanda, y desde hace ocho años y su lista de pedidos es tal que ya tiene cubierto todo el año que entra. Los requerimientos con los que tiene que cumplir incluyen piezas en joyería, lo mismo que esculturas en bronce o en fibra de vidrio y otras en papel maché.
“El maché, encerraba el acabado cristalino que los Linares convirtieron en alebrijes y Abelardo Ruiz en muñecas. Para mí era un misterio lo que había debajo de ese cristal, lo tenía que descubrir. Me metí tanto que saqué mi propia técnica, después llegué al latón martillado con la que entré a tiendotototas de Estados Unidos. Era muy novedoso, eran enormes y coincidió con la campaña de los republicanos y el ganador habló debajo de un animal de estos, de un elefante. Eso bastó para que se vendiera toda la edición, tenía cola para esos elefantes y para un rinoceronte. Eran parches enormes de metal al que se le daba la forma exacta de esos animales”, recuerda.
Magos, felinos, cuerdas, astros, paquidermos, manos, figuras antropomorfas con escalinatas y escamas, son algunas criaturas del bestiario del escultor, pero sobre todo esos seres con un rostro de rasgos que hacen resaltar un par de pequeños ojos, un tabique delgado y rectangular, unas regordetas mejillas y labios menuditos que definen la marca del artista, un sello auténtico que muchos tratan de imitar.
En su historia, Bustamante dice que ha sufrido fuertes golpes como los que recibe cualquier ser humano, pero uno que marcó su historia fue un singular robo, le quitaron a todos sus empleados, desde los trabajadores del taller que tanto le costó formar, hasta los empleados de limpieza y encargados de finanzas.
Pero ese hecho le llevó “a algo nuevo, de ahí surgieron máscaras, cocodrilos y las figuras más difíciles de copiar y fue cuando llegué al bronce, intentando escapar de los imitadores. Ahora me sacan risa”, dice reconociendo lo difícil que fue recuperarse y los dividendos que le dejaron. “Son enseñanzas que te hacen más fuerte, más luchón, que te aferres más, en mi caso, a probarme a mí mismo”.
Otro elemento de su identidad artística es el aire, el aire que se cuela por las distintas figuras; muchos de ellos son seres que usan túnicas mientras están suspendidos en el aire contra toda explicación de las reglas de la física, lo cual sigue siendo un gran atractivo para el cliente. Otro es la cabeza en forma de triángulo, una forma geométrica que podría ser simple, pero surgió de muchas horas y cientos de hojas que utilizó para dibujar con los ojos cerrados hasta que esta apareció y se impregnó en su obra.
En la plantilla de 70 empleados, Saúl González Martínez, es su apoyo en temas de atención a clientes, ventas, administración, contabilidad y le guarda los misterios que surgen entre interminables pláticas que tienen desde hace casi 20 años. “Yo no le alcanzo la disciplina y puedo decir que no trabajo aquí, es un placer porque nos hace autosufientes y críticos”, dice.
La pintura es la novedad en su vida, le tiene absorto. Si se le pregunta por qué la ciudad no tiene más obra urbana de su factura además de la escultura en el malecón de Puerto Vallarta, otra que se integra al paisaje del Zoológico Guadalajara y una más que está por inaugurarse en Mundo Cuervo, el sonorense dice que por el momento prefiere dedicar todo el tiempo posible a sus cuadros.
La celebración de sus 40 años de trayectoria será este jueves a partir de las 20:00 horas en la galería Sergio Bustamante que esta ubicada en el andador Independencia 328. La entrada es libre.