El Teatro Colón cerró su temporada de estreno del ballet El principio del éxtasis, inspirado en el relato “El Aleph” y el poema “Ausencia”, de Jorge Luis Borges, con una transmisión en vivo desde Buenos Aires.
“‘El Aleph’ es un cuento de 11 páginas que es el universo, imagínate, que también da muchas facilidades porque justamente es inabarcable, con lo cual nos unimos a él sin pretensiones, simplemente intentando hacer algo que fuera honesto y personal y desde el amor por Borges”, dijo su autor, el coreógrafo español Goyo Montero, durante una videocharla con Lucía Chilibroste a la que MILENIO tuvo acceso.
La producción del Ballet del Teatro Colón acogió la coreografía del español Goyo Montero, música de Gustavo Santaolalla, escenografía de Owen Belton, vestuario de Mariana Tirantte, la voz en off de Ricardo Darín y dirección artística del legendario Julio Bocca, y se estrenó el pasado 10 de septiembre.
“Es un tema argentino, la mayoría del equipo, si no todos, son argentinos, por lo cual tienen ‘El Aleph’ grabado en su memoria y en su mente y lo imaginan de una forma, desde Gustavo (Santaolalla), que creó una música que por momentos estaba inspirada en lo que él creía que era ‘El Aleph’ para él.
“La cosa era cómo convencerlos de tu historia, de lo que tú quieres contar, de tu versión o tu visión, pero también dejando suficiente espacio creativo para que puedan aportar su genio y se sientan partícipes y coautores, si no eso era coartar la creatividad de gente que son maravillosos”, apuntó Goyo sobre sus colaboradores en esta aventura, que incluyó a medio centenar de bailarines del Teatro Colón.
“El Aleph” es uno de los 17 cuentos del libro homónimo que publicó en 1949 Jorge Luis Borges y que incluye otros relatos célebres del escritor argentino, como “Emma Zunz”, “El Zahir” o “El inmortal”.
La coreografía se desarrolla en dos actos, de cinco y siete escenas, con el mismo Borges de personaje, como ocurre en el cuento “El Aleph”, interpretado por el bailarín Facundo Luqui, aunque toda la compañía interpreta al escritor argentino en una escena también. Y Lola Mugica encarna a Beatriz Viterbo, también del relato, inspirada en Estela Canto, el amor plátonico del poeta, pero también a ésta.
“Yo quería empezar con un pasado de amor, sin saber cuál era ese amor, para luego darnos cuenta que no era un amor realizado, que era idealizado, platónico, y que él (Borges) había perdido; a partir de ahí empieza toda la obra, o sea que es un poco el detonante y la razón de la coreografía”, agrega Montero.
Carlos Argentino Daneri, primo hermano de Beatriz Viterbo en “El Aleph”, reaparece como un personaje llamado El Otro, interpretado por el bailarín Juan Pablo Ledo, que hace un dúo con el Borges de Luqui; Nicolás da Silva encarna al Minotauro; y participan Jiva Velázquez y José Ángel González Borges.
“Es un cuento que es tan corto, pero es tan emotivo y combina mucho la dulzura de la niñez con algo muy mitológico, con una historia contada en primera persona, pero que al final entiendes que es otra; es tan complejo y tan simple otra vez que me resultó muy difícil aproximarme a él”, comentó Montero.
En vivo
Previo a la función, desde Montevideo, Uruguay, la profesora y difusora de ballet Lucía Chilibroste organizó vía Zoom para todo el mundo la charla “Príncipio de éxtasis. La previa”, con el especialista en Borges, Federico Arregui, y, especialmente, con el coreógrafo y creador de la obra, Goyo Montero.
Ante casi medio millar de personas que asistieron a la charla, Arregui desmenuzó el relato, expuso sus antecedentes y las críticas y referencias a autores que analizaron “El Aleph”, y destacó la importancia de Estela Canto, con quien Borges solía pasear, para que el autor argentino concibiera y escribiera su obra.
El primer acto de El principio del éxtasis, detalla la maestra de danza y escritora Alicia Muñoz en su reseña en balletindance.com, incluye las escenas: El principio del éxtasis, Ausencia, Las visitas a la casa, El Otro y El descenso. El segundo: Dentro del Aleph, Primera Bifurcación-Duelo, Segunda Bifurcación-Minotauro, Tercera Bifurcación-Zahir, Cuarta Bifurcación-Cárcel y Tigre, El centro del laberinto y Fuera del Aleph.
Muñoz cita al mismo coreógrafo y señala que el primer acto reúne aquello que antecede al encuentro con el Aleph, mientras que el segundo transcurre en su interior, convertido en un caleidoscopio laberíntico de bifurcaciones, senderos, personajes y mundos posibles, en la búsqueda de “Ella”, Beatriz.
“El recorrido conduce finalmente al vacío. Después de haber tocado a Dios y de haber encontrado el significado del universo, aparece nuevamente la ceguera y la ausencia de respuestas. Sin embargo, en ese final surge también una posibilidad de esperanza: la conexión entre unos y otros permite alcanzar una conciencia colectiva y trasladarse hacia otro nivel, encontrando una luz en medio de la oscuridad y el vacío”, añade la profesora universitaria en su colaboración en el portal especializado Balletindance.
La autora de los libros Cuerpos Amaestrados vs. Cuerpos Inteligentes y La evaluación en la Danza recuerda que son pocos los coreógrafos que han llevado a escena textos o poesías de Borges y menciona entre ellos a Paulina Ossona, que se inspiró en el poema Los espejos, para destacar el trabajo de Goyo Montero en el estreno más ambicioso de la actual temporada del Ballet del Teatro Colón.
“Uno de los grandes aciertos de la producción reside en la manera en que los diferentes lenguajes escénicos se integran a la propuesta coreográfica. La escenografía de Basualdo, la iluminación de Nicolás Fischtel, la música original de Santaolalla y el diseño sonoro de Belton construyen un espacio de gran fuerza visual y sonora, en permanente diálogo con el universo de Borges.
“El resultado es una producción que logra trasladar al lenguaje de la danza la atmósfera de sugestión, misterio y suspenso de Borges, construyendo un universo escénico en el que realidad, memoria, deseo y laberinto se entrecruzan”, añade la directora del Balletin Dance Didáctico “Compartiendo Ideas”.
Reseña que el primer acto se sitúa antes del encuentro con el Aleph. Borges visita asiduamente la casa donde vivió Beatriz junto a Carlos Argentino Daneri. En una de esas visitas, Daneri revela la existencia del Aleph: un punto situado en el sótano desde el cual es posible contemplar el universo entero.
“Los intérpretes logran transmitir las emociones, sensaciones e incertidumbres de sus personajes a través de un lenguaje de movimiento contemporáneo, que encuentra diferentes registros para atravesar los estados que plantea la obra.
“Merece destacarse el trabajo del cuerpo de baile, por su entrega y compenetración con los distintos climas de la propuesta. Una obra de estas características exige unidad, precisión y una particular escucha colectiva, elementos que se hacen visibles en el desarrollo de la puesta”, añade Muñoz.
La crítica y periodista de danza Laura Falcoff, que coincidió con Muñoz en celebrar el estreno de El principio del éxtasis, recordó en su columna del diario Clarín que llevar a “El Aleph” a una coreografía había sido una obsesión de Goyo Montero desde hace 25 años y que ya casi diez años antes, desde que Julio Bocca dirigía el Ballet del Sodre de Montevideo le había interesado llevar a escena el relato, pero se había topado con dificultades con los derechos de autor y sólo hasta que en 2025 los herederos de María Kodama los liberaron a la muerte de la viuda de Borges, pudo dar paso a la creación de la pieza.
“Siempre pensé que Borges tenía algo muy visual, una iconografía y una mitología reconocibles en muchos de sus cuentos. ‘El Aleph’ es como un compendio del mundo borgeano. Y me interesó también el toque biográfico: porque Beatriz Víterbo —el personaje del cuento— y Estela Canto, su amor platónico e inalcanzable, están presentes”, dice Montero (Madrid, 1975) en charla con El País, citado por Falcoff.
La crítica destaca también el papel de Julio Bocca, como director artístico del Ballet del Teatro Colón y quien elige las obras que se programan, “de emprender esta aventura arriesgada y difícil”, ofrecer una obra de danza contemporánea y confiar en la propuesta de Montero para llevar a la danza “El Aleph”.
PCL