Cultura

Alois Kronschlaeger teje obra con artesanas tzotziles

El creador austriaco muestra 'Trama urbana de una ciudad utópica de diamantes' en Casa Ortega durante Design Week México 2026.

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Durante años, Alois Kronschlaeger (Austria, 1966) ha trabajado la geometría como quien arma un idioma: cuadrículas, cubos y rombos que cambian según desde dónde se miren. En Chiapas encontró a otras personas que hacen algo parecido con hilo y telar de cintura.

De ese encuentro nació Trama urbana de una ciudad utópica de diamantes, una pieza hecha con cuatro artesanas tzotziles de la Fundación Civil El Camino de Los Altos y un patrón tradicional de San Andrés Larráinzar.

La obra se mostró en Visión y tradición de Design Week México 2025 y del 6 al 25 de octubre se mostrará al aire libre, en el jardín de Casa Ortega, durante Design Week México 2026.

MILENIO conversó con Kronschlaeger, quien lleva su carrera entre Nueva York y México, sobre la obra.

—Qué descubriste en la forma de trabajar de las artesanas que cambió tu práctica artística.

El proyecto empezó con una invitación de C Cúbica Arquitectos y México Territorio Creativo a una residencia con las tejedoras en San Cristóbal de las Casas. Habían notado una afinidad entre mis pinturas Color Field y sus textiles.

Cuando llegué, ya tenían telares de cintura con textiles en proceso que parecían variaciones de mis pinturas Color Field. Ver mi obra traducida a sus técnicas fue una sorpresa enorme. Me mostró cómo una idea puede pasar de un material y una forma de hacer a otros, y cobrar vida nueva.

'Trama urbana de una ciudad utópica de diamantes', una pieza hecha en colaboración con artesanas tzotziles. (Foto: Christian Martin)
'Trama urbana de una ciudad utópica de diamantes', una pieza hecha en colaboración con artesanas tzotziles. (Foto: Christian Martin)

—Tu trabajo ha usado la cuadrícula, el cubo y el romboide durante años. ¿Qué pasó cuando tu lenguaje geométrico se encontró con la geometría del tejido y del telar de cintura?

En mi primera visita al Centro de Textiles del Mundo Maya, en San Cristóbal, me conmovió su colección. Compré en la librería Maya Threads: A Woven History of Chiapas, de Walter F. Morris Jr. y Carol Karasik. En la introducción me di cuenta de que compartíamos un lenguaje: el tiempo y el espacio expresados a través de la geometría.

—Has trabajado con hilo, lana y malla como elementos casi arquitectónicos. ¿Esta obra fue una continuación natural o un nuevo punto de partida?

Se conectó con mi investigación anterior, pero el reto era desarrollar un concepto atractivo para todos. Tomé el patrón tradicional de San Andrés Larráinzar y exploré cómo su geometría podía extenderse al espacio tridimensional.

—En el telar de cintura, el cuerpo de la tejedora mantiene la tensión. En tus esculturas también importan la tensión y el cuerpo del espectador. ¿Hay un vínculo entre ambas formas de entender el espacio?

Sí. En el telar de cintura, el cuerpo participa directamente en crear y mantener la tensión; el textil toma forma a partir de esa relación física. En mis instalaciones y esculturas, el espectador es el protagonista que activa las relaciones dentro de la obra. Al moverte, cambia tu percepción de la geometría y del espacio. En ambos casos, el espacio se entiende a través del cuerpo.

Las artesanas Lucía Hernández, Teresa Hernández, Juana Ruiz y Valentina Hernández. (Foto:  Alejandro X García)
Las artesanas Lucía Hernández, Teresa Hernández, Juana Ruiz y Valentina Hernández. (Foto: Alejandro X García)

—¿Cómo surgió la idea de la pieza?

Surgió de la acumulación de elementos geométricos individuales. En el simbolismo maya, el romboide, o diamante, se entiende como una ventana hacia el cielo o hacia el inframundo. En español, trama es el hilo que cruza el tejido, pero también el argumento de una historia. Me interesó ese doble sentido: una estructura tejida y el argumento de una ciudad nueva.

Cuatro romboides forman una estructura romboédrica abierta que sugiere arquitectura, con pasajes, cruces y espacios interiores. La obra reúne 756 romboides en 24 de ellas, y empecé a ver el conjunto como una ciudad hecha de textil. Los espacios vacíos importan tanto como el material: cada romboedro tiene una abertura cortada en la tira tejida, que permite ver a través de la obra y ver la parte de abajo del textil.

—¿Qué ofrecería esa ciudad utópica que nuestras urbes reales han perdido?

Es una invitación a imaginar cómo pueden convivir distintas partes: cada elemento tiene su presencia y a la vez forma parte de algo más grande. Quizá esa ciudad ofrecería más espacio para la apertura, la diferencia y los espacios entre las cosas. Puedes ver a través de la escultura; hay lugar para la luz y para cambiar de punto de vista. El textil se vuelve una manera de explorar el tiempo y el espacio.

—¿Qué te ha enseñado trabajar entre culturas distintas sobre tu identidad como artista?

Vivir y trabajar en distintos lugares me ha vuelto más atento a las historias que cargan los materiales, los espacios y las formas de hacer. Austria, Nueva York, Lima, Buenos Aires y México han aportado algo a cómo veo y trabajo. Mi lenguaje geométrico se mantiene constante, pero evoluciona con los encuentros. Es como reescribir constantemente mi disco duro: cada entorno cambia cómo respondo, qué absorbo y cómo registro ese recorrido.

—¿Cómo lograron trabajar con dos lenguajes diferentes?

Empieza con el diálogo y el intercambio con las artesanas durante todo el desarrollo de la obra. Su conocimiento del telar, del hilo y del brocado es fundamental para lo que la pieza puede llegar a ser; mi aportación está en la propuesta geométrica y su transformación en construcción espacial. También es esencial nombrar a las personas involucradas: la obra se desarrolló con Lucía Hernández, Teresa Hernández, Juana Ruiz y Valentina Hernández, artesanas tzotziles de la Fundación Civil El Camino de Los Altos, y su producción fue financiada por México Territorio Creativo en 2025.

Las artesanas trabajaron a partir de un modelo de papel a escala real. (Foto:  Alejandro X García)
Las artesanas trabajaron a partir de un modelo de papel a escala real. (Foto: Alejandro X García)

—¿Alguna decisión de las artesanas te sorprendió o llevó la pieza a otro lugar?

Las artesanas trabajaron a partir de un modelo de papel a escala real. Mientras avanzaba el tejido, vimos que el textil se alargaba en la dirección de la urdimbre: de 250 centímetros planeados pasó a 293. Tres artesanas tejían secciones, cada una con una fuerza y una tensión distintas en el telar. Fue maravilloso ver cómo las proporciones de los romboedros correspondían a la tira tejida de la base. Una variación del proceso se volvió parte de la obra.

—¿Qué cambia cuando la misma obra entra en otro espacio de exposición?

Se presentó primero en interior, en el Museo Nacional de Antropología. En Casa Ortega está al aire libre, en el jardín. La arquitectura y el paisaje pasan a formar parte de la experiencia: la luz, el fondo y los recorridos del espectador afectan cómo se percibe, y las aberturas dejan ver el entorno a través de la obra.

—¿Te interesa seguir con técnicas textiles y comunidades artesanas?

Sí. Acabo de regresar de Chiapas y ya hay una nueva colaboración en marcha. Queda mucho por explorar en el paso de una superficie tejida al espacio tridimensional: me interesa cómo un textil puede contener un volumen y conservar su apertura y su ligereza.

—¿Qué viene después de Design Week México?

Tengo una exposición individual en Cristin Tierney Gallery, en Nueva York, para finales de 2027. Reunirá trabajo de doce años en México: pinturas Color Field, una instalación con recinto, una piedra volcánica y textiles nuevos hechos con artesanas de Chiapas. En enero de 2029 tendré mi primera exposición individual en un museo, el Museo Morelense de Arte Contemporáneo Juan Soriano, en Cuernavaca. Es un momento emocionante: México ha ampliado muchísimo mi práctica de estudio.

En Casa Ortega también se presenta Inmersiones creativas México–Francia, una exposición que reúne tres años de residencias de diseño participativo impulsadas por Design Week México, México Territorio Creativo y la Embajada de Francia en México. Más de 30 creativos franceses trabajaron con artesanos y comunidades de distintas regiones del país, y las piezas son fruto de ese encuentro entre el diseño francés contemporáneo y los oficios tradicionales mexicanos.

Casa Ortega se encuentra en Francisco Ramírez 22, Ampliación Daniel Garza.

PCL

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Gabriela Gorab
  • Gabriela Gorab
  • Curadora, gestora y columnista de arte y cultura. Licenciada en Artes (Bond U.); estudios en MIT, MoMA, Harvard. Cofundadora de Artists’ Container y Socia de El Lion que Ruge Films. Experiencia en Australia, NZ, Inglaterra, Indonesia y EU.
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