Cultura

“Michael Jackson y Van Cliburn me inspiraron”: Angel Stanislav Wang llega a Bellas Artes

El joven pianista se presentará en el Palacio de Bellas Artes y en el Centro Cultural Ollin Yoliztli con la Orquesta Sinfónica de Minería.

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El primer acercamiento de Angel Stanislav Wang (Estados Unidos, 2003) al Palacio de Bellas Artes fue a través de grabaciones, entre ellas el documental sobre uno de sus pianistas favoritos, Claudio Arrau. La sala de conciertos del recinto, cuenta en entrevista, “es de las más hermosas del mundo, un lugar donde he soñado tocar por mucho tiempo. Hoy tengo esa anhelada oportunidad”.

El pianista, reconocido por su profundidad expresiva, dominio técnico e individualidad artística, es considerado una de las apuestas jóvenes más destacadas del panorama pianístico internacional; a sus 23 años ha recibido más de 35 premios internacionales.


Se presentará durante el Programa de Verano 2026 de la Orquesta Sinfónica de Minería (OSM), dirigida por Carlos Miguel Prieto, el 22 de agosto, a las 20:00 horas, en la Sala Silvestre Revueltas del Centro Cultural Ollin Yoliztli, y el 23 de agosto, a las 17:00 horas, en el Palacio de Bellas Artes.

El repertorio de ambos conciertos contempla las piezas Trajín, de Alejandra Odgers; Petrushka, de Ígor Stravinski, y el Concierto para piano núm. 3, de Serguéi Rajmáninov, considerada una de las obras más complejas en el repertorio pianístico, tanto técnica como emocionalmente.

“Rajmáninov era un genio en sus tres identidades musicales: pianista, compositor y director. Una de las cosas que más me impacta de su música es una paradoja: alegría y tristeza no son opuestas, muchas veces llegan juntas. Una melodía puede sentirse radiante y devastadora al mismo tiempo. Tal vez por esto su música nunca nos pide que ignoremos el dolor; en cambio, nos recuerda que la vida puede ser bella porque continuamos amando, con esperanza, aunque sepamos de su fragilidad. Por eso creo que su música hace llorar a la gente: el dolor, de alguna manera, profundiza nuestra capacidad de sentir gratitud y ternura”.
Foto: Especial
Foto: Especial

¿Cómo recibiste la invitación para colaborar con la OSM?

Tuve la fortuna de tocar con el maestro Carlos Miguel Prieto durante la semifinal del Concurso Internacional de Piano Van Cliburn, en la que interpreté el Concierto para Piano núm 20 K 466 de Wolfgang Amadeus Mozart. Seguimos en contacto y unos meses después me invitó a tocar otra vez con él y yo estaba muy emocionado de recibir su invitación.
Este concierto marca mi debut con la Sinfónica de Minería, con la que varios colegas han tocado y me han contado que ha sido maravilloso para ellos trabajar con estos músicos, así que estoy muy emocionado de hacer música con ellos. Se siente muy especial que mi primera vez en México tenga todos estos elementos: nueva orquesta, nuevo país y la oportunidad de colaborar con Carlos Miguel Prieto otra vez.

Creciste en un espacio en el que la música estuvo presente, ¿dudaste dedicarte a ello?

Crecí en una familia muy musical y siempre fue una parte natural de mi vida. Tuve dos ídolos en mi infancia y juventud: Van Cliburn y Michael Jackson, que eran artistas totalmente diferentes pero me inspiraron enormemente. Ellos me hicieron querer ser artista y conectar mi vida con el escenario. Al mismo tiempo, no sólo era un apasionado de la música, estudié formalmente baile, además de practicar taekwondo.
“Mi mamá me llevaba a clases de gimnasia, ajedrez, arte, natación y batería. Cualquiera de estas cosas que estuviera haciendo me hacía sentir feliz y entusiasmado, así que a esa edad es difícil decir qué era lo que más me gustaba. Hubo momentos en los que me preguntaba si sería un bailarín o un cantante pero, eventualmente, las circunstancias me llevaron de manera más profunda a la música. Desafortunadamente tuve que dejar de hacer varias cosas y gradualmente el piano se convirtió en el camino elegido.

¿Qué encontraste en este instrumento?

Mis padres son pianistas, así que fue el primero que escuché. Lo que realmente me inspiró a elegirlo, en vez de elegir otro instrumento, fue la grabación del Concierto para piano núm 3 de Serguéi Rajmáninov, de la Competencia Tchaikovsky de 1958. Me acuerdo que pensé: ‘realmente me encanta este instrumento porque puedo crear muchos sonidos diferentes, colores, texturas, emociones y personajes’.
“Me atrajo inmensamente esa posibilidad. También estaba fascinado por el piano como instrumento porque me encantaba verlo por dentro, tratar de entender su mecánica, las cuerdas, los martillos, las teclas y cómo funcionaba. Gateaba por debajo del piano para ver qué pasaba ahí. Tuve una fascinación sin fin y me enamoré del instrumento.


hc

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Viridiana Contreras
  • Viridiana Contreras
  • viridiana.contreras@milenio.com
  • Reportera y coeditora. Licencia en Comunicación y Periodismo en la Facultad de Estudios Superiores Aragón (UNAM). Doce años en el periodismo cultural.
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