Cultura

Andrés Neuman y la memoria de su madre: "El libro es un homenaje a las personas que cuidan a sus seres queridos"

El autor realiza una gira por México para presentar el libro Isla con madre, impartir un taller y participar en el Festival de Escritores de San Miguel de Allende.

Delia Blanca Galán Casaretto (1953-2007) fue una destacada violista y madre de Andrés Neuman (1977). Su muerte, ocurrida tras una batalla contra el cáncer, marcó la vida y obra del escritor. Él estuvo a su lado hasta el último momento, y durante los cuidados, el escritor fue registrando en secreto sus sentimientos.

Quince años después, decidió sacar todos esos “papelitos”, enfrentarse a sus palabras y publicarlos en Isla con madre (La Bella Varsovia). En entrevista con MILENIO, el autor reflexiona a través de la poesía sobre la memoria, el cuidado y el duelo que nunca acabamos de superar.

¿Tu madre alcanzó a leer algo?

No, mi madre no leyó nada de esto y tampoco supo que lo estaba escribiendo. Pienso que las cartas verdaderas se escriben para quienes no podrán recibirlas. Es lo que no pude decirle a mi madre o todo aquello que le decimos a nuestros seres amados cuando ya es demasiado tarde para la vida, pero es el momento justo para la literatura. No los llegó a ver, pero tampoco fueron escritos para que ella los viese. Hablé mucho con mi madre también; hubo cosas que callamos y para esa porción de silencio está la palabra literaria.

¿Cómo fue ese proceso de exhumación de la memoria y el dolor luego de tantos años?

Este libro es muy especial y emotivo para mí porque empecé a escribirlo durante los años de cuidado y despedida de mi madre, que murió muy joven y se convirtió en una cuidadora cuidada, y es un homenaje a todas las personas que cuidan a sus seres queridos. Durante el tiempo que mi madre estuvo enferma y con mi familia la cuidamos y fui tomando nota en papelitos. Era una época en que ni siquiera había smartphones, pero sobre todo no pensaba ni remotamente en escribir un libro, ni mucho menos publicarlo. Eran como pequeñas notas que tomaba sobre lo que estaba viviendo, la experiencia del cuidado, sobre qué es y cómo se nombra una despedida.

¿Acumulaste muchas notas?

Esos papelitos eran casi como fetiches verbales, y cuando terminó aquel proceso, los guardé en un cajón del que no salieron durante muchos años hasta que nació mi hijo. Entonces el duelo se reabrió y me di cuenta de que había hecho el duelo como hijo, pero no como padre. Entonces exhumé esos papelitos, los pasé a limpio por primera vez y ahí me encontré con los girones de una reflexión poética sobre los cuidados y sobre nuestro vínculo con nuestra madre y la despedida. Fue algo verdaderamente conmovedor porque yo tenía mucho miedo y mucho pudor de publicar esos poemas.

¿Hablas de la metáfora de la isla frente a la pérdida?

Las experiencias fundamentales de nuestra vida tendemos a vivirlas en el espejismo de que son secretas, privadas, individuales. Todo lo básico y trascendente de nuestras vidas lo vivimos en un aparente estado de aislamiento, de ahí la metáfora de la isla que al compartirla, sin embargo descubrimos que esas experiencias convierten a las islas que creemos ser en archipiélagos, y que ese mar de silencio que creemos que separa las experiencias individuales en realidad es un mar que une y que comunica.
Portada del libro. | Especial
Portada del libro. | Especial

¿Superaste el duelo con el libro?

No, el duelo es un proceso que pesa mucho menos si podemos compartirlo y colectivizarlo, y es algo que nos cuesta. La gramática imposible de esas experiencias es la literatura y la poesía, la que nos la facilita y la va construyendo de forma temblorosa. Ha sido una experiencia hermosa poder exorcizar esos papeles y darme cuenta de hasta qué punto había mucha gente que podía conectar con esas experiencias y siente el alivio, la compañía; se siente comprendida al leer esos poemas y eso es algo que nunca imaginé.

El libro tiene muchas lecturas. ¿Cuáles son para ti?

Por un lado, crear una comunidad de cuidadores a través de la palabra poética, contribuir al nombramiento del duelo y a la gramática de toda esa memoria difícil de los seres queridos que vamos perdiendo por el camino. Pero también tiene todo ese lado luminoso, y por eso es un libro de pérdida, pero sobre todo de amor y de gratitud. De luz en la oscuridad que tiene que ver con la conciencia de que nuestros seres queridos, ancestros, son a veces los personajes más importantes de nuestros relatos familiares.

¿La escritura de estos poemas tuvo un efecto terapéutico?

Escribir literatura puede ser terapéutico, pero la cuestión es si el objetivo del texto es terapéutico. Para mí sí ha tenido un ingrediente de alivio, pero el objetivo era poder nombrar y buscarle un lenguaje a aquello que no está hecho de palabras. Es un ejercicio de traducción de las experiencias universales no verbales a un lenguaje específicamente verbal y rítmicamente poético.

Dices que no te gusta tomar al lector de rehén. ¿A qué te refieres?

Los lectores no tienen la culpa de nuestros traumas, ni de nuestros dolores, ya bastante tienen con los suyos. Entonces, no se trata de tomar al prójimo como víctima de nuestros conflictos, sino de encontrar un territorio común en el cual tus conflictos puedan dialogar con los conflictos ajenos, y se produce entonces una ida y vuelta donde estos conflictos terminan siendo un trabajo en equipo. Ahí se produce la magia de la literatura, que es la de inventar una lengua para hablar de cosas que están hechas de silencio. Como la poesía es el oficio de nombrar lo que es difícil, entonces parece ideal la poesía como campo para explorar o para experimentar estas cuestiones.

Además de presentar el libro, estarás en el Festival de Escritores en San Miguel de Allende del 12 al 15 de febrero.

Estoy muy contento y agradecido. En este caso tengo la suerte de ser el invitado en castellano para inaugurar el festival, me parece un acto de enriquecimiento y de valentía. El hecho de que en un momento de tanto autoritarismo, xenofobia y amenazas a México y desprecios a la lengua castellana por parte del imperio del norte, se haga un ejercicio de diálogo, mestizaje, de unión entre las dos tradiciones y los dos idiomas.

¿Es un buen momento?

Me parece que sí, muy especial y oportuno para apostar por el diálogo y la suma de las lenguas en lugar de reproducir este mundo sumamente antiliterario y monolingüe y monopensante que propone esta especie de pesadilla “trumpista” de la que nos está costando despertarnos. Me parece un gesto ético y estético muy valioso el que hayan intensificado la apuesta bilingüe y multicultural en un festival que puede cumplir un papel de puente entre las literaturas y las lenguas inglesa y española.

Andrés Neuman presentará Isla con madre junto a Ligia Urroz el 17 de febrero a las 19:00 horas en la Librería Gandhi Mauricio Achar. El día 18 impartirá el taller El arte de comenzar: los secretos de las primeras páginas. Inscripciones abiertas al teléfono 5528556905.


hc

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Vicente Gutiérrez
  • Vicente Gutiérrez
  • vicente.gutierrez@milenio.com
  • Periodista desde hace 25 años y especialista en temas culturales, la industria del entretenimiento y cinematográfica. Por su experiencia y conocimiento, también ha participado en temas de política y de negocios. Es reportero de cultura en Milenio y locutor en “La Taquilla”, programa de Radio Fórmula 104.1 FM.
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