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Amar y morir en los ochenta

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La primera marcha gay que se llevó a cabo en la Ciudad de México se realizó el 26 de julio de 1978, promovida por el Frente Homosexual de Liberación Revolucionario (FHLR) que tenía no solo intereses de orientación sexual, sino también políticos por filiación al comunismo y el anarquismo, y en particular a los movimientos estudiantiles del 68.

Es durante la década de 1980 que el movimiento gay mexicano se consolida como una identidad que, como apunta Susana Vargas Cervantes en “¿Gay en México?”, “Mas que un simple sustantivo el vocablo gay tiene un registro de clase media que cuenta con capital cultural, poder adquisitivo y capacidad de movilidad social” (Horizontal, 24 de agosto de 2015).

En aquellos años en la Ciudad de México florecieron los bares gay con el 9, El Famoso 41, Le Barón, El Vaquero, El Taller, Spartacus. El 9, que en principio era un bar más bien ñoño, para señores gay de clase media o alta, se fue transformando hasta convertirse en el mayor centro de diversión LGBT, gracias a los hábiles manejos de su administrador Henri Donadieu. En ese antro se hicieron famosos los performances de Jaime Vite en sus personificaciones de Marilyn Monroe y las actuaciones de bandas como Casino Shanghai o La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio. El grupo Size nunca se presentó en el 9. Mientras que en los otros lugares se acostumbraba presentar carteles con travestis que hacían playback a canciones como “I Will Survive” de Gloria Gaynor o “Love To Love You, Baby” de Donna Summer.

La música siempre ha sido un elemento importante para esta comunidad y tiene toda una constelación de dioses y diosas, comenzando por supuesto con Juan Gabriel, seguido de Lupita D’Alessio, Chavela Vargas o la mexicana–española Olvido Gara (mejor conocida como Alaska).

Juan Gabriel se elevó a las alturas del Olimpo gay cuando en 1985 apareció el libro Juan Gabriel y yo que no solo narra las aventuras sexuales del divo michoacano, sino que incluyó fotos explícitas donde se le ve jugando en la cama y hasta besándose con un amigo. Además, Juanga atrajo la atención gay hacia Rocío Dúrcal con su álbum Pensamientos y el tema “Debo hacerlo”, un imprescindible.

Rodrigo Lagarda, en su artículo “Vamos al Noa Noa: de homosexualidad, secretos a voces y ambivalencias en la música de Juan Gabriel”, nos dice que “Juan Gabriel, como un héroe de la cultura popular, ha jugado un papel importante en la creación de identidades, en particular de la identidad gay en México”.

Lupita D’Alessio se hizo consentida por sus canciones de amores atormentados. Chavela Vargas ya tenía rato perturbando conciencias y, aunque durante la década de los ochenta no tuvo mucha actividad, su personalidad siempre fue motivo de orgullo y admiración gay. Alaska y su grupo Dinarama fueron también adoptados con temas como “A quién le importa” o “Ni tu ni nadie” y fue coronada “Reina Gay de México” en el Spartacus.

La influencia de la música extranjera se hacía sentir fuertemente en las discos y bares gay. El grupo de San Francisco, Village People, aportó himnos como “YMCA” o “Macho Man”, Queen y su cantante Freddie Mercury, “We Are the Champions”; Frankie goes to Hollywood, “Relax”; Dead or Alive, “Brand New Lover”; George Michael, “Wake Me Up Before You Go–go”; Culture Club, “Karma Chameleon”…

Un caso que merece una mención especial es el grupo mexicano MCC (Música y Contra Cultura), con su cantante Mario Rivas y su tecladista y compositor Humberto Álvarez, quienes participaron activamente con distintas agrupaciones de liberación gay. Mario murió víctima del VIH.

En cuanto al cine, el mayor referente en el México gay de los años ochenta fue Pedro Almodóvar con películas como La ley del deseo o Mujeres al borde de un ataque de nervios, y su grupo musical Almodóvar y McNamara con canciones como “Voy a ser mamá” o “Satanasa” —del álbum ¿Cómo está el servicio de señoras?— se convirtieron en objeto de culto. Y en cuanto al cine mexicano, Doña Herlinda y su hijo, dirigida por Jaime Humberto Hermosillo y basada en un cuento de Jorge López Páez, causó un gran revuelo.

Uno de los libros más influyentes fue El vampiro de la colonia Roma, que consolidó a su autor, Luis Zapata, como “el escritor”.

Las drogas más consumidas eran el alcohol y la cocaína, con los poppers (producto aspirable que se vende como desodorante de armarios), siguiéndolas de cerca en el “ambiente”. Otras, como la mezcalina y el LSD, tenían menos adictos gay. Las adicciones siempre han estado afectándolos y parecen ser parte integral de la escena.

Pero no todo fue fiesta y diversión. El Síndrome de Inmunodeficiencia Humana aparece con sus connotaciones de “castigo divino”.

El 6 de agosto de 1983 muere el cantante alemán Klaus Nomi, la primera estrella del pop víctima del VIH. Al parecer, fue un foco rojo que alertó a la comunidad gay internacional, al igual que el fallecimiento, también por VIH, del actor Rock Hudson, ocurrido en octubre de 1985 y que tuvo una gran publicidad. A principios de los años ochenta no existían los medicamentos que hay en la actualidad y en consecuencia mucha gente murió poco tiempo después de habérsele diagnosticado la enfermedad.

Cabe recordar que en esos años no existían en México las tiendas de sexo como se conocen actualmente. La pornografía homo circulaba clandestinamente.

Hoy los homosexuales han ganado nuevos derechos, como el del matrimonio. Hay mayor tolerancia, que se promueve con carteles y anuncios en el transporte público y miles de establecimientos. La gente ya casi no se escandaliza cuando ve a una pareja gay abrazada, tomada de la mano o besándose en la calle. México es otro.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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