Con el objetivo de financiar un fin de semana a la playa, un grupo de amigos decide vender sus propias drogas. El problema es que mientras las consumen se la pasan tan bien que postergan su objetivo. Inspirado en una experiencia personal, Alexandro Aldrete filmó Mañana psicotrópica, que aporta una visión placentera alrededor de esas sustancias.
La película se presentó en el Festival Distrital en 2016. ¿Por qué tardó casi dos años en estrenarse?
Por nuestra desorganización. El problema de hacer películas sin lana es que se atoran después de la postproducción. Queríamos salir a salas de otra manera pero se complicó demasiado, así que a mediados del año pasado decidimos estrenar en la Cineteca, cuya lista de estrenos es muy apretada.
¿Por qué hacer una película amable sobre las drogas?
Quería salirme del lugar común y del discurso oficial; hablar a partir de mi experiencia. Cuando empezó la guerra contra el narco, en 2007, todavía no tenía el guión, pero en 2010 sentí que el discurso se estaba volviendo violento y la guerra contra las drogas es algo muy complejo. El meollo de mi tratamiento consiste en salirnos de la ideología moralista. Mi experiencia es divertida y amable.
¿Sabía que corría el riesgo de hacer una apología?
Sí, pero tampoco quería caer en eso. Hay una cuestión iniciática o de descubrimiento de la cual se habla muy poco. California Split, de Robert Altman, fue determinante. Sus protagonistas son dos ludópatas, pero el énfasis está en el placer de jugar y no en las consecuencias de las apuestas. Al verla, tuve claro que ese sería mi camino.
Tan se sale de cualquier juicio negativo que la película termina siendo sobre la amistad.
Algunos espectadores me han comentado que mientras ven la película esperan que suceda algo malo. Es verdad que hay un juego de peligros que no se concretan, pero esa lectura se debe más a nuestros prejuicios. Quería enfocarme en el placer y en un grupo de amigos que se la pasan bien, sin caer en lo tonto o superficial.
Ayuda usar la estructura de una pieza de educación sentimental y reconciliación.
Quería un personaje introvertido, anti heroico y dramáticamente complicado. Si bien los diálogos parecen banales, la tensión descansa en la imagen y la música. Cuando asumimos que la conclusión no la dictarían los diálogos, definimos el tipo de estética.
Pero ante la cantidad de muertos que deja el combate a las drogas es difícil salirse del redil de la denuncia o la crítica.
Hay muchas y buenas películas con ese punto de vista. No quería decir algo más al respecto. En México el discurso de “las drogas destruyen” está muy arraigado. La primera vez que vi la película me sorprendió descubrir que mientras los jóvenes se reían, los adultos ponían cara de espanto. Supongo que cuando pase la nube de desgracias, las cosas se verán diferentes. Hace más daño criminalizar las drogas o sacar al Ejército que hablar de las adicciones.
Una película determinante en este sentido es 'Trainspotting'.
Hay dos tipos de películas sobre las drogas: las alocadas, que recrean la experiencia física, como Trainspotting; y las de mariguanos divertidos. En ambas hay un juicio: en las primeras alguien muere de sobredosis; en las segundas, los personajes son tratados como tontos. En ningún caso me siento representado por eso. Una película no basta para sacar alguna conclusión.