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Viernes , 19.04.2019 / 01:45 Hoy

"Agonizan" la lengua xuani y sus últimos 5 hablantes

En México hay 364 dialectos, de los cuales 170 presentan el mayor riesgo de desaparecer, incluido éste, que solo se habla en un pueblo de Oaxaca.

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Iñakendikuatuxuiri Xula, significa Bienvenido a Ixcatlán, un remoto lugar localizado entre las regiones oaxaqueñas de Cañada y la Mixteca. Ese letrero, colocado a la entrada del pueblo, está escrito en ixcateco o xuani, una lengua en muy alto riesgo de desaparecer, según el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali), pero en los hechos está casi extinta, pues solo quedan cinco hablantes: ancianos que debido a su avanzada edad han dejado de practicarla, por la soledad.

“Yo me llamo Pedro Salazar, nací el 18 de mayo del año 1927, estoy pisando 90 años. Mis padres hablaban el dialecto, por esa razón yo aprendí. Antes, los maestros nos quitaban que la habláramos, porque cuatrapeábamos mucho”, dijo uno de los pocos hablantes del ixcateco.

Don Pedro es el único de sus cuatro hermanos que no dejó de hablar esa lengua porque de muy joven se integró a la banda del pueblo. “Yo andaba con los músicos y ellos la hablaban, relajeábamos en el dialecto”. Al ser cuestionado sobre los otros músicos, dijo resignado: “Se murieron”.

A Salazar le amputaron el pie, por eso vive postrado en una silla de ruedas, solitario en una vieja choza donde no deja de tejer sus sombreros de palma para conseguir algo de dinero para subsistir. Mientras sus dedos se entrelazan en las ramas secas, da muestra de la lucidez que no ha perdido pese a los años.

“Éramos siete, ahorita quedamos menos”, señaló al contar a los pocos vivos que hablan xuani.

Aunque tres de sus compañeros de juventud aún viven, tío Pedro, como le dicen, dejó de hablar su lengua ya que perdió el contacto con ellos; aunque paradójicamente, Santa María Ixcatlán —nombre oficial de la localidad— es un poblado pequeño, con apenas 517 habitantes, donde hay 175 viviendas y unas cuantas calles.

“Yo ahorita no hablo con nadie porque nadie me habla, nadie. A mí me gusta, pero no hay con quién platicar. Yo daba clases en el kínder, pero desde que me amputaron, ahora da Cipriano, con otro señor. Pero ya estamos viejos, me muero yo o se mueren esos cuatro, cinco que somos, y adiós, se muere la lengua”, lamentó.

En México existen 364 variantes lingüísticas, alrededor de 170 se encuentran en alguna categoría de riesgo “y de ellas el ixcateco forma parte de una docena de las que está en peligro de desaparecer”. En Oaxaca, de hecho, es la lengua con mayor posibilidad de extinguirse, señaló Nicandro González, director de Investigación del Inali.

El ixcateco es una lengua de la familia otomangue, “relacionada con el mixteco y con el chocholteco, y de esas tres, es una de las que tiene mayor riesgo de desaparecer debido a que tiene menos de una decena de hablantes”, señaló Lorena Córdova Hernández, investigadora de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.

El Inali destaca que en las últimas décadas los hablantes de ixcateco disminuyeron estrepitosamente, ya que en 1990 el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reportó mil 220 hablantes, pero para 2000 la cifra bajó a 284, de los cuales se calcula quedan menos de 10. “Actualmente el ixcateco solo se conoce en Santa María Ixcatlán, y solo es hablado por los ancianos”.

En entrevista con MILENIO, Córdova Hernández explicó que el xuani se hablaba al menos en 15 comunidades, pero debido a las migraciones, con el paso de los años, los hablantes se concentraron en dicha comunidad. Aunque se ha tratado de revitalizar la lengua, no ha habido coordinación institucional, por lo que han fracasado.

Hablar con nadie

En estas tierras el calor es intenso, por ello los tejedores pasan horas dentro sus “cuevitas” construidas al pie de sus casas, enterradas en el suelo. Afuera, a la sombra de un árbol, Gregorio Hernández, de 77 años, entona la “Canción mixteca” traducida a su lengua.“Es una cosa muy bonita, yo qué quisiera que todos hicieran el intento de aprender pero no quieren.

“Hace 15 años todavía había señores que hablaban el dialecto y yo platicaba con ellos, pero se fueron acabando. Como ya no salgo y mi edad es avanzada, ya no puedo hablar con nadie, vengo cansado del campo”, comentó.

Gregorio también habita en esta comunidad donde se acostumbra llamarle “tío” a los ancianos. Lleva cuatro años tratando de enseñar la lengua a los niños que asisten a la escuela Ignacio Zaragoza, pero esa tarea es sumamente complicada; solo asiste una hora los miércoles y jueves.

Lamenta que los niños y sus padres no tengan interés en aprender la lengua, “que les da pena hablar”, piensa.

“Quisiera que todos los niños aprendan, que no se pierda. Ya casi está a punto de extinción, nosotros no vamos a vivir eternamente, ya tenemos nuestros años”, recordó.

Lilia Zárate Mendoza, la directora de la escuela, considera que parte del fracaso es que los ancianos no tienen un método de enseñanza. “Es muy monótono estar repitiendo; hubo un tiempo en que nosotros como maestros les hacíamos material, láminas, pero nos pidieron que dejáramos de meternos; son muy celosos, dicen que ellos saben el tono, así que ahora lo que nosotros aportamos es tranquilizar al grupo para que guarden silencio” y aprendan.

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