La primera novela de Walter Wiechers, Abelardo y Eloísa (Humanismo y Sentido 2015), es una invitación a “volver a los principios filosóficos, específicamente al sentido de la vida, a encontrar lo trascendental y el amor”.
“En la novela está el planteamiento del sentido de la vida por un lado y también el planteamiento de si vale la pena vivir, y saber cuál es mi misión en la vida, cuál es mi tarea en la existencia. Entonces hay problemas románticos pero también filosóficos y existenciales”, explicó en entrevista el autor mexicano.
Esta novela está relacionada con la Historia de mis calamidades, escrita por Pedro Abelardo (1079-1142), en la que el filósofo francés cuenta su propia historia de amor con su aprendiz Eloísa, que fue un escándalo en el siglo XII y terminó de manera trágica, uniendo a los amantes sólo hasta su muerte.
Wiechers cuenta la historia de Abelardo, un estudiante de extracción humilde, adentrado en el mundo de la filosofía del absurdo y que vive en la angustia de no encontrar sentido a su existencia, y Eloísa, una joven adinerada que vive en profunda soledad ante la ausencia de sus padres se dedica también a buscar algo que le dé sentido a su vida.
“Tuve la idea de escribir esta novela hace cinco años, pero fue durante los últimos tres años que perfilé la historia y la trabajé a detalle. Me ayudó mucho encontrarme con Historia de mis calamidades, que es un escrito medieval. Esto hizo que la novela cobrara un interés histórico, entonces la tarea del lector es encontrar las similitudes y reflexionar con las calamidades que tienen que vivir estos dos jóvenes. Entonces esta historia viene a ser como una nueva historia de las calamidades”, detalla el también catedrático.
El autor, quién se ha especializado en libros de texto para preparatoria en temas de ética, lógica e historia de la filosofía, explica que en sus 25 años como docente ha podido detectar que “muchas veces el joven de hoy está sumergido en la apatía y en la indiferencia”.
Por lo anterior, la novela es también un llamado para asistir a lo que su autor denomina “la universidad del sentido”, es decir estar en contacto con la naturaleza para vivir una introspección: “Interrumpir un poco el mundo que vivimos lleno de información y tecnología y acudir a un bosque o a un parque donde se pueda poner pausa a la frivolidad, ir más allá de lo inmediato y preguntarnos quiénes somos y hacia dónde vamos. Meditar en la soledad para encontrar respuestas y descubrir que vale la pena vivir”.