Una de las mayores incertidumbres de los seres humanos es saber qué hay después de la muerte, a qué plano trascendemos eternamente.
Sobre esto, diversas culturas y religiones han tratado de dar una respuesta incomprobable acerca de aquel mítico lugar de descanso y paz para las almas; algunos creen en el cielo, mientras que otros, como Dante Alighieri, proponían los círculos o niveles del infierno.
Los mexicas, la última cultura mesoamericana que gobernó la gran ciudad de Tenochtitlán antes de la llegada de los españoles, también se cuestionó continuamente aquella región de la que ningún hombre ha sido capaz de volver.
Con una concepción del mundo muy distinta a la que actualmente poseemos, aquí en MILENIO te contamos los cuatro posibles destinos posteriores a la muerte, según esta cultura.
Vida y muerte, una continuidad cíclica
Una de las bases ideológicas que permea con gran presencia a la cultura mexica es el concepto de la dualidad. Una de estas relaciones complementarias y cíclicas más importantes de su pensamiento era la vida y la muerte.
Siendo hijos del Quinto Sol, creado en Teotihuacán, los mexicas se percibían como la humanidad que, a diferencia de las otras cuatro humanidades previas a su nacimiento, había conseguido no perecer.
De acuerdo con su mitología, después de la creación del Quinto Sol, los dioses descubrieron que faltaban los seres que los adoraran y rindieran culto, por lo que Quetzalcóatl decidió crear a los humanos.
Al hacer un viaje al Mictlán, el inframundo de la mitología mexica gobernado por el señor y señora de la muerte Mictlantecuhtli y Mictlantecihuatl, Quetzalcóatl, junto a su nahual Xólotl, pidió prestados los huesos de las humanidades anteriores al dios de la región, quien no accedió a dárselos, por lo que la deidad de la serpiente emplumada tuvo que robarlos.
En su escapatoria cayó, fragmentando los huesos de las humanidades imperfectas de los cuatro soles anteriores. Sin embargo, gracias a la ayuda de Xólotl, pudo volver a la Tierra con ellos. Ahí los molió, y entregando su sangre a modo de sacrificio, creó la masa con la que dio vida al pueblo del Quinto Sol.
De los relatos mexicas, podemos observar que muchos rasgos aún se conservan en nuestras tradiciones actuales.
El gestor cultural Arturo Talavera explicó que la compañía de Xólotl, como sucede en el relato de Quetzalcóatl, fue uno de los elementos ideológicos que más se practicaba y que hoy en día se conserva, bajo la creencia de que estos animales acompañan a las almas a manera de guía en su viaje al inframundo.
En el caso de los mexicas, aquellos que eran nobles se enterraban junto a su perro mascota, mientras que los macehuales o gente común del pueblo era sepultada simbólicamente con perros de barro.
Acompañar a la deidad solar, el plano del Tonatiuhichan
Talavera explicó que uno de los inframundos mexicas consistía en acompañar a la deidad solar en su recorrido diario. Se trata del Tonatiuhichan, o la casa del Sol, recinto donde, en un pueblo guerrero como los mexicas, los caídos en batalla iban a descansar eternamente.
Desde el nacimiento del sol diario por el oriente hasta el mediodía, las almas de los guerreros y sacrificados acompañaban con honor a la deidad de Huitzilopochtli, en una fase del astro joven. Después de cuatro años, estas ánimas se convertirían en colibríes.
En tanto, al cenit, el astro solar pasaba a convertirse en Tonatiuh, quien igualmente remite a la deidad.
Posteriormente, el resto del recorrido y hasta el final del día, las mujeres fallecidas en parto, quienes también se consideraban guerreras, acompañaban al sol, en su fase de Tzontémoc, todos los días a manera de orgulloso descanso eterno.
El Tlalocan, un paraíso de veraneo
Por otro lado, Talavera explicó que distinto era el destino de aquellas personas que morían por ahogamiento, hidropesía o incluso afectadas por un trueno.
Se trata del inframundo del Tlalocan, el cual era el recinto para las ánimas que perecían por algún evento vinculado con el agua, gobernado por las deidades de Tláloc y Chalchiuhtlicue.
En este lugar se cree que se vive eternamente bajo el influjo de la alegría, el goce y la diversión, ya que, de acuerdo con la epistemología mexica, las almas ahí están en constante celebración, bajo los influjos del canto y el baile.
El destino de los macehuales, el Mictlan
Uno de los destinos más investigados y conocidos de esta cultura es el Mictlán, lugar de los muertos, el cual, rescatado bajo una combinación sincrética entre la religión cristiana y la mexica, en nuestras celebraciones actuales se retoma en gran medida.
Este recinto, habitado por los ya referidos Mictlantecuhtli y Mictlantecihuatl, era el destino eterno más común, pues ahí llegaban las almas de los macehuales o gente del pueblo mexica que moría por cualquier otra razón distinta respecto a las anteriormente descritas.
Sobre esto, el gestor cultural Arturo Talavera explicó que, por la humedad, la oscuridad y su carácter de espacio cerrado, el Mictlán asemejaba el vientre materno.
Lo anterior da mucho sentido a la concepción mexica acerca de que la muerte da vida, razón por la que las almas retornan ahí, es decir, que, con el fin de dar paso a la continuidad cíclica, los difuntos vuelven a la Tierra de la que posteriormente germinará de nuevo la vida.
Para llegar al Mictlán, las almas debían atravesar nueve niveles, análogos a los nueve meses de gestación de un bebé, para poder llegar al descanso eterno. En cada nivel se debían pasar ciertas pruebas, las cuales eran las siguientes:
- Apanohuaya, “el paso del agua”
- Tépetl Monanamicyan, “montañas que se juntan”
- Iztepétl, “montañas de navajas”
- Yeehecayan, “lugar del viento de obsidiana”
- Pancuecuetlayacan, “lugar donde hacen mucho ruido las banderas”
- Temiminaloya, “lugar donde la gente es flechada”
- Teyollocualoyan, “lugar donde se come el corazón de la gente”
- Itzmictlan, “lugar de la muerte de obsidiana”
- Ahonpochcaloca, “lugar sin chimenea”
El árbol nodriza, el paraíso de los bebés
Por último, Talavera mencionó un paraíso de descanso eterno específicamente para los niños fallecidos en etapa lactante.
Se trataba del Chichihuacualco, o el árbol nodriza, del cual, según los relatos, colgaban senos a manera de frutos, en donde los recién nacidos seguían tomando la leche que, partiendo de la vida prematuramente, les fue arrebatada de sus madres.
Finalmente, en esta temporada de Día de Muertos, recordamos diversas creencias y tradiciones que, tal como podemos observar, están arraigadas en México desde la prehistoria.
Frente a diversas culturas, la mexica destaca por su cercanía con la muerte, la cual ha trascendido a través de un rescate y combinación con nuevas costumbres modernas e internacionales, pero ¿tú qué piensas de esta forma de percibir la vida después de la muerte?
AH