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20 mil km de viaje en "bici" por la ruta de la seda

Más que proeza, Sonia y Felipe consideran que fue una lección de vida; ambos compartirán esta experiencia en el Foro Mundial de la Bicicleta, el próximo 19 abril, en la CdMx.

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A un en tiempos de globalización, cruzar el mar de Mármara, el Bósforo, Turquía, Irán, India, Nepal y China en un solo viaje es, sin duda, el viaje de una vida, y más si lo haces en bicicleta.

Los arquitectos mexicanos Sonia Medina y Felipe Mendoza decidieron seguir la ruta de la seda y tras un viaje de más de 20 mil kilómetros llegaron a Xi’an, la antigua capital de China, luego de haber salido desde Ámsterdam uno, y desde Bucarest, ella.

Y aunque se toparon con el estrés, la contaminación y un tráfico similar al de la Ciudad de México al llegar a Estambul, la mayor parte de su viaje fue por caminos secundarios y llenos de naturaleza, de la que aún hablan extasiados en entrevista para MILENIO.

Recién llegados a fines del año pasado, después de haber salido desde octubre de 2015, Sonia y Felipe preparan una presentación de su viaje para el Foro Mundial de la Bicicleta que comenzará en la Ciudad de México el 19 de abril.

Ambos participan de la comisión que recibirá a más de 200 cicloviajeros que, como ellos, se han aficionado a usar la bicicleta como medio de transporte en largas distancias.

“Sabemos lo que implica el cicloviaje, en lo que podamos apoyarlos y también daremos una plática en el foro”, explicó Sonia.

El idioma de señas y la necesidad de hacerse entender en las antiguas repúblicas soviéticas de Armenia y Georgia no les impidieron seguir los pasos de otros aventureros, como aquel personaje de Baricco en Seda, Hervé Joncour, que buscaba traer gusanos de seda a su pueblo en Francia.

Ellos más bien iban a Oriente para observar cómo a lo largo de ese viejo camino, las construcciones y las formas de habitar el espacio —al fin arquitectos— marcaron civilizaciones enteras y la relación de sus habitantes con el entorno, con el uso de materiales cercanos.

Y en pos de vivencias, paisajes y aventuras, por supuesto.

Si bien Marco Polo, el más famoso aventurero de la historia, hacía una ruta similar, pero saliendo de Venecia, Felipe eligió Ámsterdam como los burgueses del siglo XVI que llevaron las especias al norte de Europa.

“Y en Irán le gritaban a Felipe ‘¡Marco Polo!’ mientras reían a carcajadas”, recuerda Sonia. “El mejor piropo que me han hecho”, concluye él.

El viaje lo hicieron a bordo de bicicletas “de panadero”.

“Al final estás en medio de las montañas o perdido en el desierto, y si te fallan los frenos, entre más básica sea la bici es más fácil repararla. Tú eres el único mecánico disponible y así conseguir refacciones es más fácil”, argumentó Felipe.

Tampoco invirtieron mucho dinero en su periplo gracias a Warmshowers, una red de cicloviajeros que alrededor del mundo ofrecen, una cama y regadera para los ciclistas que van de paso.

Pero también a la generosidad de la gente.

“Teníamos unos patrocinadores fantásticos, la gente que encontrábamos en el camino y también otros ciclistas que hallábamos al paso, toda una red”, dijo Felipe.

Dormían en medio de las montañas, en tiendas de campaña y donde podían, sin temor alguno, excepto a los animales nocturnos y una vez a un grupo de jóvenes en motonetas que los persiguió en la India (solo querían tomarse una selfie con ellos).

La comida tampoco fue un gran problema, incluso, narra Sonia, en los campos y sembradíos de China tomaban directamente de los cultivos frutas y verduras para comer. Solo en India resintieron un tanto la abundancia de especies en los guisos y la falta de proteína.

“Como todos los viajes, depende del tipo de viaje que quieran hacer. Cambia cuando en vez de viaje se convierte en tu forma de vivir. Fue un año que al final se despliega en varios años de tu vida”, razona Felipe.

Parte de la historia la adelantó Sonia en el portal de Cletofilia y la documentaron en imágenes que subieron a su página https://rodarespacios.wixsite.com/seda y divulgaron en su cuenta de Twitter @rodarespacios.

En una vieja libreta de pasta dura, el germen de un próximo libro, Sonia atesora su bitácora llena de trazos, croquis y dibujos de esos meses pasados en tierras del antiguo imperio otomano, la dictadura soviética, la tierra de los zares, las dinastías chinas.

La arquitecta dice que del viaje le queda “muchísmo aprendizaje. Mientras más nos vamos acercando a lo que eran las antiguas civilizaciones, más nos damos cuenta de que todos somos iguales y estamos de alguna u otra manera conectados. Que nuestras formas de vivir vienen desde el Oriente”.

Para ambos, más que una aventura ciclista o una proeza deportiva donde cruzaron 24 países y más de 20 mil kilómetros, se trató de un viaje que les deja aprendizajes y lecciones de vida.

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