Afuera de las instalaciones de Tornel en Azcapotzalco, los trabajadores han cambiado la rutina de la fábrica por jornadas de guardia, organización y resistencia. Desde temprano, se reparten turnos, coordinan actividades y mantienen el plantón como parte de la huelga con la que buscan presionar a la empresa para que cumpla sus demandas laborales.
En este punto, la empresa opera principalmente como bodega y centro de almacenamiento, donde los empleados ahora vigilan las instalaciones en lugar de realizar sus labores habituales.
La huelga, explican, responde al incumplimiento de diversas condiciones laborales, entre ellas el aumento salarial —que aseguran no han recibido en dos años— y la exigencia de jornadas de 40 horas semanales conforme a lo que consideran su derecho.
“Tenemos que llevar comida a nuestras casas. Nos animan nuestras parejas, nuestros hijos, y aquí entre compañeros nos apoyamos”, cuenta Isaías Toledo, quien lleva 11 años trabajando como armador en el área de camioneta.
Como él, decenas de trabajadores se organizan en tres turnos para mantener la presencia en el lugar: de 6:00 a 14:00, de 14:00 a 22:00 y de 22:00 a 6:00 horas. Cada grupo cuenta con un representante y entre todos se reparten tareas como vigilar las instalaciones, conseguir alimentos o buscar apoyo económico.
La rutina fuera de la planta también implica ajustes en su vida diaria. “La economía es inestable y en casa tratamos de mantener la armonía con lo que hemos ahorrado, pero cada vez alcanza menos”, señala Leopoldo González, mecánico con ocho años en la empresa.
Además del impacto económico, el ambiente de incertidumbre pesa entre los trabajadores. “Lo más difícil es la economía y estar sin hacer nada”, dice Arturo Callejas, mecánico con 35 años en Tornel, quien ahora realiza guardias para resguardar las instalaciones.
A ello se suma el temor por su seguridad, especialmente durante la noche, tras hechos violentos registrados en otros puntos del conflicto. “Lo más difícil es enfrentar el miedo, sobre todo en el turno nocturno, por lo que pasó en Tultitlán”, agrega Isaías Toledo.
Pese a ello, los trabajadores mantienen la expectativa de que el conflicto se resuelva mediante el diálogo. “Queremos recuperar nuestro trabajo y llegar a un acuerdo en el que todos ganemos”, expresa Arturo Callejas.
Una postura que coincide con sus compañeros, quienes esperan que la empresa atienda sus demandas y les permita retomar sus actividades.
Mientras tanto, la vida en huelga continúa, sostenida por la organización colectiva y el apoyo entre trabajadores que, lejos de la línea de producción, ahora resisten desde la calle.
DIRV