Comunidad

“Yo también fui maltratada": María Isabel y su esposo abrieron en Torreón un comedor que ayuda a niños maltratados

En una colonia vulnerable de Torreón, un comedor comunitario brinda alimento y apoyo emocional a decenas de niños que enfrentan violencia y carencias.

M+.– Entre carencias, fe y resistencia, una pareja ha construido un refugio para cerca de 80 niñas y niños en situación vulnerable en Torreón, Coahuila.

En medio de una colonia marcada por el rezago, la violencia y la falta de oportunidades, un pequeño comedor se ha convertido en refugio, escuela y, para muchos, en el único espacio seguro del día. En la colonia Santa Sofía de Torreón, el comedor cristiano “Emmanuel” no solo alimenta a niñas y niños: reconstruye historias.

Un inicio desde la nada

Hace poco más de dos años, María Isabel Vargas Mercado regresó a Torreón junto a su esposo. Venían de Ciudad Juárez y, al llegar, apenas contaban con una pequeña casa prestada por unos días. No tenían recursos, pero sí una inquietud que pronto se transformaría en misión.

“Llegamos y empezamos a ver a los niños… traían mucha ira, mucho coraje, mucha violencia”, contó a MILENIO.

Al principio, pensó en canalizar esa energía a través del box, disciplina que ella practicaba. Pero pronto entendió que el problema era más profundo.

“Le dije a mi esposo: ‘Vamos a hacer algo por esta colonia’. No teníamos nada, dormíamos en el piso… pero teníamos fe”.

De una lotería a un comedor

Con apoyo de vecinas, organizaron rifas y pequeñas actividades. El primer paso fue reunir a las madres de familia. Luego, poco a poco, comenzaron a acercarse los niños.

“Empezamos con diez, luego quince… y cada vez llegaban más. Decían: ‘¿Qué habrá ahí que todos están entrando?’”.

Así nació el comedor “Emmanuel”: un espacio improvisado que pronto se convirtió en punto de encuentro diario.

Ahí no solo se sirve comida.

Ahí se enseña a convivir.

“Les decíamos: ‘No se peleen, respeten a las niñas’. También les enseñamos hábitos básicos: cómo sentarse, cómo bañarse, cómo lavarse los dientes. Les regalábamos cepillos. Empezamos desde lo más sencillo”.
Comedor comunitario en Torreón apoya a niños vulnerables con alimento y acompañamiento emocional.
También les enseñan hábitos básicos. | Eric Rivas

Alimentar el cuerpo… y también la vida

Hoy, el comedor atiende a cerca de 80 menores en situación vulnerable. Muchos de ellos provienen de entornos donde la violencia y la desintegración familiar son constantes.

La labor, sin embargo, no ha sido fácil.

“La gente me criticaba, me decían ratera, vividora. Hubo momentos en los que quise irme”, admite.

Pero no lo hizo.

Su propia historia la sostiene.

“Yo también fui maltratada, viví cosas muy duras. Hubo un momento en el que dije: ‘Ya no quiero esta vida’. Y decidí cambiar”.

Esa transformación es ahora el mensaje que intenta replicar.

Una lucha diaria contra la falta de recursos

El comedor se mantiene, en gran medida, gracias a donaciones y apoyo ciudadano. No hay financiamiento fijo. Muchas veces, el alimento llega “por fe”, como ella misma lo describe.

“Hay días en que no tenemos nada, pero siempre sale algo. A veces, mis hijos me ayudan, aunque ellos también tienen sus familias”.

Durante mucho tiempo, trasladar a los niños a la escuela fue otro desafío: caminatas largas, taxis que se negaban a llevarlos e incluso intervenciones de Seguridad Pública marcaron ese proceso.

“Nos íbamos con 20 o 25 niños. Nadie nos quería subir. Era muy pesado, pero no nos rendimos”.

Hoy, algunos de esos niños han logrado continuar sus estudios.

“Ya tengo siete en secundaria. Yo les prometí que no los iba a dejar”.
Comedor comunitario en Torreón apoya a niños vulnerables con alimento y acompañamiento emocional.
El comedor se ha convertido en un espacio de escucha, acompañamiento y reconstrucción emocional. | Eric Rivas

Más allá de los niños: sanar a toda una comunidad

La labor de María Isabel no se limita a la infancia. Con el tiempo, también ha trabajado con madres de familia, muchas de ellas marcadas por historias de violencia.

“Hay mujeres que nunca han recibido un abrazo. Cuando las abrazas, lloran como niñas”.

Su enfoque es claro: romper ciclos.

“Les digo: ‘No repitan lo que vivieron’. Muchas están cambiando, están poniendo más atención a sus hijos”.

En ese proceso, el comedor se ha convertido en un espacio de escucha, acompañamiento y reconstrucción emocional.

Una rutina que no se detiene

El trabajo inicia desde temprano y se extiende hasta la noche. Limpieza, preparación de alimentos, traslados escolares, actividades recreativas y acompañamiento emocional forman parte del día a día.

Incluso las lesiones físicas no han sido motivo para detenerse.

“Me infiltraron la rodilla y me dijeron que descansara, pero al segundo día ya andaba aquí. Nunca dejé de darles de comer a los niños”.
Comedor comunitario en Torreón apoya a niños vulnerables con alimento y acompañamiento emocional.
El comedor atiende a cerca de 80 menores en situación vulnerable. | Eric Rivas

Momentos de tensión

Recientemente, un operativo de autoridades generó incertidumbre entre los menores. Algunos niños dejaron de asistir a la escuela por miedo.

“Ahora no quieren ir. Voy a hablar con ellos, quiero que sigan estudiando”, señala.

Aunque reconoce no contar con todos los permisos formales, insiste en que su labor responde a una necesidad urgente.

“No tengo papeles, pero tengo corazón para ayudar”.

Una comunidad que responde

A pesar de las dificultades, la respuesta de la comunidad ha sido constante. Vecinos, donadores y personas solidarias han aportado desde materiales para el techo hasta alimentos y apoyo económico.

“Todo lo hacemos con lo que la gente nos da: rifas, cooperaciones, lo que se pueda”.

Las madres también han mostrado respaldo. Los niños, por su parte, expresan su cariño con dibujos, cartas y gestos cotidianos.

Comedor comunitario en Torreón apoya a niños vulnerables con alimento y acompañamiento emocional.
"Aquí, también se aprende a quedarse".| Eric Rivas

Más que un comedor

El comedor “Emmanuel” no es solo un lugar donde se sirve comida.

Es un espacio donde se enseña a convivir, a confiar y a imaginar un futuro distinto.

En una colonia donde muchas historias comenzaron entre carencias, este lugar representa una pausa, una oportunidad y, sobre todo, una posibilidad.

Porque aquí, como dice María Isabel, nadie llega solo a comer.

Aquí, también se aprende a quedarse.

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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