Después de freír papas, pollo o cualquier otro alimento, muchas personas dejan enfriar el aceite y lo tiran directamente al fregadero. Es una práctica común, pero también una de las que más preocupa a especialistas por el impacto que puede tener en el agua y en los sistemas de drenaje.
De acuerdo con la Universidad Nacional Autónoma de México desechar el aceite de cocina usado por el drenaje no solo favorece la acumulación de grasa en las tuberías. También puede convertirse en un problema ambiental de gran escala.
La Universidad advierte que un solo litro de aceite o grasa desechado de forma inadecuada puede contaminar hasta 40 mil litros de agua, además de contribuir al taponamiento de los sistemas de drenaje, una situación que puede agravar las inundaciones, especialmente en zonas urbanas.
En un país donde gran parte de los alimentos se preparan con aceite, los investigadores consideran que cambiar este hábito puede marcar una diferencia importante para reducir la contaminación.
¿Qué hacer con el aceite de cocina usado?
En lugar de verterlo al fregadero o a la coladera, la UNAM decidió darle una segunda vida.
Investigadores de la Facultad de Estudios Superiores (FES) Zaragoza desarrollaron Es-Pumita, un jabón líquido elaborado con aceite de cocina usado que busca aprovechar este residuo antes de que termine contaminando el medio ambiente.
Para producirlo, cada semana recolectan alrededor de 20 litros de aceite provenientes de las cafeterías del Campus II. Después de filtrarlo y eliminar impurezas, lo someten a un proceso químico que permite transformarlo en jabón líquido.
Con esa cantidad obtienen entre seis y diez litros de Es-Pumita, un producto que ya cuenta con registro de marca y actualmente se utiliza como prueba piloto en los baños de la Facultad.
Además de reducir residuos, el proyecto promueve un modelo de economía circular al convertir un desecho doméstico en un producto útil.
La investigadora Alejandra Chávez Riveros, responsable del proyecto, explicó que el jabón fue diseñado para tener una alta biodegradabilidad y utilizar la menor cantidad posible de aditivos, con el objetivo de disminuir su impacto ambiental.
El siguiente paso será ampliar la capacidad del laboratorio para procesar más aceite de cocina usado y, eventualmente, convertirlo en un centro de acopio que permita evitar que este residuo llegue al drenaje.
JCM