Cada Semana Santa, las puertas de decenas de hogares se abren en San Martín de Hidalgo, Jalisco, para compartir algo más que una tradición: una profunda experiencia de fe, memoria y comunidad.
Entre aromas de hierbas, luces de velas y silencios cargados de significado, el llamado “Tendido de Cristos” se convierte en el corazón espiritual del pueblo.
En una de esas casas, la señora Carmen Alicia Rosas Padilla resguarda desde hace más de tres décadas una imagen que ha marcado su vida y la de muchos creyentes: el Cristo de la Salud.
Lo que comenzó como una figura olvidada y cubierta de polvo, con el paso del tiempo se transformó en un símbolo de esperanza.
El origen del Cristo de la Salud
Fue un sacerdote quien, al verla, reconoció su valor y decidió restaurarla sin pedir nada a cambio, con una sola condición: que comenzara a ser tendida y venerada.
“Entonces venía a traer la comunión los viernes y ese día dije, padre, mira qué bonito Cristo, dije, ¡Ay, qué bárbara! Tienes una joya. Dámelo, me lo voy a llevar, me lo voy a llevar para restaurarlo, me dijo y me asusté: ¡Ay, no, no tengo dinero!, –no te preocupes por el dinero. Tú dame. No te voy a cobrar. Pero quiero que lo empiecen a tender–”, recuerda.
Desde entonces, Carmen Alicia no ha dejado de cuidar la imagen, levantarle un altar cada año y compartirla con quien lo necesite.
La fe en tiempos de pandemia
Durante la pandemia de covid-19, la imagen cobró un nuevo significado. Colocada en un punto visible desde la calle, permitió que personas, incluso sin entrar al hogar, se encomendaran en momentos de incertidumbre.
Fue entonces cuando comenzó a ser conocida como el “Cristo de la Salud”, nombre que permanece hasta hoy, acompañado de testimonios de favores y alivios que los devotos aseguran haber recibido.
Una tradición con profundo arraigo
Pero esta historia no está aislada. Forma parte de una tradición más amplia y profundamente arraigada: el Tendido de Cristos, reconocido como patrimonio cultural inmaterial de Jalisco desde 2016. Más de 60 imágenes —algunas con siglos de antigüedad— reposan cada año sobre petates, en una representación íntima del duelo por la muerte de Jesucristo.
Cada elemento tiene un significado. El petate, de origen prehispánico, simboliza el tránsito entre la vida y la muerte.
En el suelo, una mezcla de alfalfa, manzanilla, romero y laurel llena el ambiente con un aroma único, mientras ramas evocan el huerto de los olivos.
Las naranjas con clavos de olor recuerdan el dolor de la crucifixión; las velas, a los apóstoles; las telas moradas y blancas, el luto y la esperanza.
Detalles históricos y simbólicos
El cronista municipal Sergio Zepeda explica que incluso las propias imágenes guardan secretos históricos: Cristos con corazones flotantes o articulaciones móviles, características del arte barroco que permiten recrear el momento del descendimiento.
“La primera es que el Cristo de la piedad tiene un corazón flotante, que es algo verdaderamente muy interesante en los cristos barrocos del siglo XVII. El Cristo San Salvador está muy cercano directamente al Cristo la Piedad, tiene botones en sus brazos, que es una técnica propia del siglo XVII, lo que le permite subir y bajar los brazos. De hecho, hay un momento en el cual se hace el descender, el Cristo directamente a la cruz para poder tenderlo”, comparte emocionado.
El sonido que acompaña el duelo
Sin embargo, hay un elemento que distingue a esta tradición de cualquier otra: el sonido del will, un instrumento aerófono cuyo lamento envuelve los espacios.
Su eco, interpretado por músicos locales, se percibe como un llanto que acompaña el recogimiento y la reflexión.
“Dos hermanos que lo tocan de manera diferente y esto es muy importante el poder considerarlo porque no lo encuentra en ningún otro lado. Y tenemos otro que está acá por lo que es la calle zona del Río, donde también se interpreta este tipo de instrumentos. El sonido es como de quejo, como de lamento, que en este caso no es más que el luto y el llanto”, señala el cronista.
Visitar un tendido no es solo observar. Es entrar en un ambiente donde el tiempo parece detenerse, donde el respeto se siente en el aire y donde cada detalle invita a la introspección. Es una experiencia que no se explica fácilmente, pero que permanece.
“En una cama de alfalfa con manzanilla, con romero, con laurel, que combinado todo su conjunto es muy aromático y se genera un aroma muy propio de las casas de los tendidos. Todo esto representa junto con las ramas de sauce, haral y sabino, que se colocan en la parte de atrás en la pared. Viene a representar el huerto de los olivos. El lugar donde exactamente Jesús es aprehendido, el Jueves Santo, para poder ser enjuiciado y ser crucificado”, recalca.
Historia, origen y patrimonio cultural
Los tendidos de Cristo tienen sus raíces en los siglos XVI y XVII, durante el proceso de evangelización encabezado por frailes franciscanos en la región.
En aquel entonces, San Martín formaba parte de la jurisdicción de Cocula y era habitado por diversos pueblos originarios como purépechas, caxcanes, nahuas y cocas.
De acuerdo con el cronista municipal, los religiosos optaron por una estrategia que integraba elementos de la cosmovisión indígena con la doctrina católica, lo que permitió una apropiación más profunda de la fe.
Esta fusión dio origen a una tradición sincrética que ha logrado mantenerse vigente a lo largo de los siglos.
Su importancia cultural radica no solo en la antigüedad, sino en la continuidad generacional, ya que son las propias familias quienes han resguardado, transmitido y preservado esta práctica.
El reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial en 2016 reafirma su valor como una expresión única en el estado, tanto por su significado religioso como por su riqueza simbólica y estética.
Dentro de esta tradición, destacan los llamados “Cristos mayores”, algunas imágenes que datan de los siglos XVII y XVIII, consideradas verdaderas piezas históricas.
Estas figuras han sido heredadas de generación en generación y son resguardadas con gran devoción por las familias, quienes las consideran parte fundamental de su patrimonio familiar y espiritual.
Experiencia sensorial de aromas, símbolos y fe
Uno de los aspectos más distintivos de los tendidos de Cristo es la forma en que involucran todos los sentidos.
No se trata únicamente de observar una imagen religiosa, sino de vivir una experiencia que combina elementos visuales, olfativos y, en algunos casos, sonoros.
La imagen de Jesucristo es colocada sobre un petate, elemento de origen prehispánico que simboliza el tránsito entre la vida y la muerte.
A su alrededor, se disponen diversos elementos naturales que evocan el huerto de Getsemaní y el momento posterior a la crucifixión.
Entre los más representativos se encuentran plantas aromáticas como alfalfa, manzanilla, romero y laurel, cuyo aroma envuelve el espacio y crea una atmósfera de recogimiento.
También se colocan naranjas agrias con clavos de olor, que simbolizan el dolor de Cristo; velas que representan a los apóstoles; semillas germinadas que aluden a la vida; peces como símbolo cristiano; y el copal, cuyo humo perfuma el ambiente y remite a rituales ancestrales.
Cada tendido es único, ya que responde a la historia, devoción y creatividad de la familia que lo instala. Sin embargo, todos comparten un mismo objetivo: honrar la muerte de Cristo desde una perspectiva íntima y profundamente simbólica.
Fe que se transmite de generación en generación
Más allá de su valor histórico y cultural, los tendidos de Cristo son una manifestación viva de fe. Se convierten en entidades con las que las familias establecen un vínculo espiritual.
En muchos casos, los Cristos tienen nombres propios, asociados a experiencias o favores recibidos. Existen múltiples testimonios de personas que aseguran haber recibido milagros, principalmente relacionados con la salud, el trabajo o la familia.
Esta dimensión milagrosa ha fortalecido la tradición, ya que no solo se heredan las imágenes, sino también las historias que las acompañan. Así, cada Cristo se convierte en un símbolo de protección y esperanza para quienes lo resguardan y para quienes lo visitan.
Atractivo turístico y religioso
En los últimos años, los tendidos de Cristo han trascendido el ámbito local para convertirse en un importante atractivo turístico.
Durante la Semana Santa, particularmente el Viernes Santo, San Martín de Hidalgo recibe a miles de visitantes interesados en conocer esta tradición.
De acuerdo con Salvador Tadeo Ochoa, director de Turismo municipal, para esta temporada se espera la llegada de más de 20 mil visitantes, provenientes de distintas regiones del país y del extranjero.
“Creo que este año lo vamos a rebasar. De verdad, han sido mares y mares de personas que afortunadamente nos visitan, que año con año están viniendo a visitar los Cristos y que también han sido precursores para que la tierra que tiene el Tendido de Cristo sea visitada por más personas”, señala.
Entre los principales puntos de origen destacan varios estados de México, pero también llegan visitantes lejanos.
“Hemos tenido personas que nos visitan de Japón, de Israel, hemos tenido la oportunidad de la visita de ciertas personas que vienen de España. Hemos tenido gente que viene de Estados Unidos e inclusive, dicho sea de paso”, comparte.
Este incremento en la afluencia ha tenido un impacto directo en la ocupación hotelera, que alcanza prácticamente el 100 por ciento durante los días principales de la celebración.
Muchos visitantes optan por hospedarse en municipios cercanos como Ameca y Cocula, donde aún existe disponibilidad de alojamiento, dada la cercanía con San Martín de Hidalgo.
En San Martín de Hidalgo, cada tendido cuenta una historia, cada Cristo guarda un legado y cada visitante se convierte en testigo de una tradición que, lejos de desaparecer, continúa fortaleciéndose con el paso del tiempo.
JVO