M+.- Miles de envases de bebidas alcohólicas consumidos cada año en espacios de alta afluencia en Guanajuato, como el Palenque de la Feria Estatal de León, y cientos más que diariamente salen de bares, cantinas y restaurantes rumbo a centros de reciclaje, siguen una ruta sobre la que prácticamente nadie tiene control.
Se trata de una cadena que inicia cuando una botella queda vacía, pero cuyo destino final permanece en la incertidumbre, y que puede alimentar el negocio ilícito de alcohol adulterado en el país.
Ese vacío ha encendido las alertas en la entidad tras la intoxicación masiva registrada durante una fiesta de XV años en Salamanca, donde cinco personas murieron y otras 28 resultaron afectadas después de consumir tequila adulterado almacenado en botellas recicladas que aparentaban ser originales.
De acuerdo con revisiones hechas por MILENIO, los envases contaban con números de serie grabados en la base, tapaderas auténticas perfectamente selladas y marbetes falsificados del Servicio de Administración Tributaria (SAT), elementos suficientes para engañar incluso a consumidores experimentados.
La tragedia abrió una pregunta que hasta ahora nadie ha respondido con certeza: ¿qué ocurre con las miles de botellas que cada semana se consumen en ferias, conciertos, bares, cantinas y restaurantes? ¿Quién garantiza que esos envases no vuelvan al mercado convertidos en recipientes para bebidas adulteradas?
La respuesta, al menos en buena parte de Guanajuato, apunta hacia un mismo problema: la ausencia de mecanismos de trazabilidad que permitan conocer el destino final de esos envases una vez que dejan de estar en manos del consumidor.
El Palenque: miles de botellas cuyo destino nadie supervisa
Uno de los ejemplos más claros se encuentra en el Palenque de la Feria Estatal de León, uno de los espacios de espectáculos con mayor consumo de bebidas alcohólicas durante la temporada ferial, que ocurre periódicamente a principios de año.
Ahí, miles de botellas de whisky, tequila, ron, vodka y otras bebidas son abiertas durante las presentaciones artísticas. Sin embargo, una vez que el contenido llega al consumidor, nadie puede precisar con certeza cuál es el destino de esos envases.
MILENIO consultó directamente al director general del Patronato de la Feria Estatal de León, Alonso Limón Rode, para conocer qué ocurre con las botellas de alcohol consumidas en el recinto.
"Hay que recordar que el Palenque o la empresa Tapatía, ellos al ser arrendatarios pues contratan su propio servicio de recolección. Nosotros nos mantenemos completamente al margen de la decisión que ellos tomen respecto a la empresa de recolección de residuos".
Es decir, el destino final de miles de botellas queda en manos de la empresa concesionaria que opera el recinto y de la compañía recolectora que ésta contrate.
Como parte de las medidas de seguridad implementadas dentro del Palenque, las bebidas adquiridas por los asistentes nunca son entregadas en su envase original.
Cada botella es abierta frente al comprador y su contenido es vaciado a una botella de plástico completamente nueva. El cliente únicamente verifica que el recipiente esté cerrado y sin alteraciones antes de recibirlo. Mientras tanto, la botella de vidrio permanece detrás de la barra y es retirada inmediatamente por el personal encargado.
El procedimiento busca evitar accidentes dentro del recinto, pero al mismo tiempo concentra miles de envases originales en manos de la empresa operadora, cuya disposición final no está bajo supervisión del Patronato de la Feria.
Alonso Limón Rode reconoció que ni el Patronato ni el Sistema Integral de Aseo Público (SIAP) tienen facultades para intervenir en esa decisión.
"Sí hemos estado platicando con ellos (empresa Tapatía), pero a final de cuentas tanto el SIAP como nosotros no tenemos mucha injerencia en la decisión que ellos tomen respecto a esa recolección de residuos".
La insistencia sobre qué medidas existen para impedir que esas botellas regresen al mercado obtuvo una respuesta similar.
"La verdad es que ese tema sí lo tendríamos que ver directamente con la empresa Tapatía…, insisto, es un arrendamiento que ellos hacen".
En otras palabras, las autoridades encargadas del recinto donde se consumen miles de bebidas alcohólicas desconocen qué empresa recoge esos residuos, qué tratamiento reciben los envases o si existe algún protocolo para impedir que puedan ser reutilizados de manera ilegal.
Miles de asistentes, miles de envases
La dimensión del problema crece al revisar la capacidad del inmueble.
El Centro de Espectáculos de la Feria de León, mejor conocido como el Palenque, cuenta con 6 mil 928 butacas. Durante las presentaciones más esperadas —principalmente las de música regional mexicana— los boletos suelen agotarse desde días antes, especialmente los viernes, sábados y domingos.
Con cada concierto aumenta también el consumo de bebidas alcohólicas y, por consecuencia, la cantidad de botellas que quedan bajo resguardo de la empresa operadora.
El presidente del Patronato de la Feria de León, Héctor Rodríguez Velázquez, reconoció que incluso será necesario revisar quién realiza la recolección de esos residuos y cuál es el destino final de las miles de botellas y latas de cerveza que salen del recinto.
"Habría que checar con qué empresa es el arrendamiento y darle seguimiento a la empresa para ver dónde les echan toda la basura".
Rodríguez Velázquez subrayó que el problema del alcohol adulterado no se limita a eventos masivos.
"Lo que nosotros tenemos que hacer como ciudadanos es comprar el alcohol que vayan a consumir en establecimientos formales que tienen sus permisos".
Sin embargo, la tragedia ocurrida en Salamanca demostró que incluso una botella que aparenta ser auténtica puede ocultar una mezcla letal cuando logra regresar al mercado ilegal.
Y esa posibilidad no termina en los grandes espectáculos.
La ruta de los envases continúa mucho después de abandonar el Palenque. Cada semana, cientos de botellas procedentes de bares y cantinas siguen un recorrido similar hasta llegar a recicladoras donde cambian nuevamente de manos, casi siempre sin registro, sin supervisión y sin que exista un mecanismo que permita rastrear qué ocurre con ellas después.
La siguiente parada: las recicladoras
Cuando las luces del Palenque se apagan y las últimas botellas abandonan el recinto, la historia de esos envases apenas comienza.
El mismo fenómeno ocurre todos los días con cientos de botellas desechadas por bares, cantinas y restaurantes. Su destino son centros de reciclaje donde el vidrio deja de ser basura para convertirse en mercancía.
Ahí, sin embargo, también desaparece su rastro.
MILENIO localizó una recicladora donde cada semana reciben hasta dos toneladas de botellas de bebidas alcohólicas provenientes, principalmente, de bares y cantinas de la zona de El Coecillo, uno de los corredores comerciales más tradicionales de León.
Detrás de un portón metálico se acumulan costales repletos de envases de tequila, whisky, ron, vodka y cerveza. Algunos conservan sus etiquetas; otros mantienen incluso las tapaderas originales. Todos esperan ser vendidos nuevamente.
La empleada del establecimiento, quien solicitó mantener el anonimato, confirmó que buena parte de ese material llega directamente de negocios donde se comercializan bebidas alcohólicas.
"Por la zona de El Coecillo hay muchos locales de barecitos, cantinitas; de ahí nos las dejan. Con tal de recibírselos, ellos aquí lo dejan sin ninguna remuneración".
Es decir, los propietarios de esos establecimientos no reciben pago alguno por entregar las botellas. Simplemente las descargan y abandonan en el centro de acopio.
Durante el recorrido, MILENIO constató que cientos de envases permanecen íntegros, sin haber sido destruidos y, en algunos casos, conservando incluso sus tapaderas originales, almacenados al fondo de la bodega a la espera de ser vendidas.
La escena resulta especialmente significativa después de la intoxicación masiva registrada en Salamanca, donde las investigaciones apuntan a botellas recicladas que fueron reutilizadas para almacenar tequila adulterado.
Lejos de tratarse de un caso aislado, la propia recicladora confirmó que desde hace aproximadamente un año comenzó a recibir grandes cantidades de envases porque una empresa de mayor tamaño les paga mejor por ellos.
"Vino una empresa que es mayoritaria, más grande, y me dio precio para la venta y a la compra (...) Recibo más o menos como una o dos toneladas a la semana y pues llegan por él, se lo llevan a la empresa más grande".
Cada semana, unidades de carga con capacidad de tres toneladas llegan al sitio para retirar el material.
La empleada calcula que por cada tonelada pueden reunirse entre mil y mil 500 botellas de vidrio, dependiendo del tamaño de los envases, aunque reconoce que predominan las destinadas originalmente a bebidas alcohólicas.
La cifra permite dimensionar la magnitud del mercado.
Si un solo centro de reciclaje concentra hasta dos toneladas semanales, miles de botellas cambian de manos cada mes únicamente en ese punto de recolección.
Y, sin embargo, nadie puede precisar cuál será su siguiente destino.
Una cadena sin trazabilidad
La investigación permitió identificar un patrón que se repite tanto en espectáculos masivos como en establecimientos dedicados a la venta de bebidas alcohólicas.
Las botellas vacías salen de bares, cantinas, restaurantes o centros de espectáculos.
Después llegan a centros de acopio.
Posteriormente son adquiridas por empresas de mayor tamaño.
A partir de ese momento, la trazabilidad prácticamente desaparece.
No existe un sistema público que permita conocer si esos envases terminan convertidos en vidrio para fundición, si son destruidos o si, por el contrario, algunos vuelven a incorporarse de manera ilegal al mercado.
Esa ausencia de controles es precisamente una de las preocupaciones que hoy comparten especialistas, autoridades y legisladores.
Porque mientras el vidrio conserva intacta su apariencia, también conserva el valor comercial de una marca reconocida.
Una botella original con su número de serie grabado, una tapa auténtica y un marbete falsificado puede convertirse en el vehículo perfecto para introducir alcohol adulterado al mercado informal.
La tragedia de Salamanca evidenció que el riesgo no está únicamente en el contenido de una botella.
También comienza desde el momento en que un envase vacío deja de estar bajo cualquier tipo de supervisión.
El problema también está en la ley
A esa falta de control operativo se suma otro obstáculo: la legislación.
En Guanajuato no existe actualmente una norma que obligue a destruir las botellas de bebidas alcohólicas una vez consumidas en bares, restaurantes, cantinas o eventos masivos.
Ese vacío legal fue reconocido por legisladores locales, quienes admiten que la tragedia ocurrida en Salamanca obliga a revisar la legislación vigente.
El coordinador del grupo parlamentario del PRI en el Congreso del Estado, Alejandro Arias Ávila, señaló que actualmente no existe una disposición jurídica que obligue a inutilizar esos envases.
"No hay una ley, que es algo que se tendría que explorar para tratar de evitar este tipo de incidentes tan penosos y mortales que se dieron en el caso de Salamanca; se está trabajando, incluso lo han dicho otros compañeros de otros grupos parlamentarios, porque es un asunto que le atañe a todos".
Para el legislador, la discusión ya comenzó entre las distintas fuerzas políticas.
Adelantó que durante el próximo periodo ordinario de sesiones propondrá que la Junta de Gobierno y Coordinación Política construya una iniciativa conjunta que permita cerrar ese vacío legal y acelerar su aprobación.
"Se ha estado platicando la posibilidad de la obligación de destruir los envases de vidrio para que no sean reutilizados, para que no los rellenen; tendría que ser la posibilidad de ver en la Junta de Gobierno y Coordinación Política si puede ser una propuesta de nosotros, donde estamos todos los partidos políticos para que pueda transitar de manera muy rápida con los elementos legales y los alcances que debe de tener y que nos permite la ley".
La coincidencia también alcanza a otras bancadas.
El diputado pevemista Sergio Contreras Guerrero consideró indispensable revisar toda la cadena de comercialización del alcohol, desde su adquisición hasta el destino de los envases, para establecer nuevos candados que impidan que una tragedia como la de Salamanca vuelva a repetirse.
"Son puntos que tenemos como legisladores, tanto los federales como los locales, hacer una revisión profunda de esta cadena de adquisición del alcohol, para poder ir estableciendo los candados que eviten que esto vuelva a ocurrir aquí y en cualquier parte del país, porque sí creo que ahí tenemos un vacío de ley".
Hasta ahora, sin embargo, esa obligación simplemente no existe.
Mientras las iniciativas comienzan a discutirse, miles de botellas continúan recorriendo una cadena donde la supervisión termina justo cuando el consumidor da el último trago.
Especialistas piden cerrar la puerta al mercado ilegal
La falta de controles sobre el destino final de los envases no sólo preocupa a legisladores.
Para quienes durante años han estudiado el fenómeno de las bebidas adulteradas, la botella representa mucho más que un recipiente de vidrio: es uno de los eslabones que alimentan un mercado clandestino capaz de poner en riesgo la vida de miles de consumidores.
La Fundación de Investigaciones Sociales (FISAC), organismo dedicado a la investigación científica sobre bebidas alcohólicas apócrifas en México, advirtió que el reciclaje de botellas sin protocolos de seguridad facilita que envases originales terminen nuevamente en circulación, ahora rellenos con alcohol adulterado.
Por ello, la organización urgió a las autoridades y a la industria a establecer mecanismos que impidan que esos recipientes regresen al mercado ilegal.
"FISAC considera importante promover protocolos para el reciclaje seguro de envases para que no lleguen al mercado ilegal; (la destrucción de botellas) puede ser una medida que pueda formar parte de toda una estrategia", señaló Jessica Paredes Durán, directora general de la Fundación de Investigaciones Sociales.
La especialista explicó que la destrucción de los envases, por sí sola, no resolvería el problema, pero sí cerraría una de las rutas utilizadas por quienes comercializan bebidas adulteradas aprovechando la apariencia de autenticidad que ofrecen las botellas originales.
La tragedia ocurrida en Salamanca volvió a colocar ese riesgo sobre la mesa.
Cinco personas murieron y otras 28 resultaron intoxicadas después de consumir tequila adulterado almacenado en botellas recicladas que conservaban características propias de un producto legítimo: números de serie grabados en la base, tapaderas originales perfectamente selladas y marbetes falsificados del SAT.
Para FISAC, hechos como éste evidencian la necesidad de fortalecer no sólo la vigilancia sanitaria, sino también toda la cadena de producción, comercialización, recolección y reciclaje de envases.
"Este tipo de hechos nos recuerdan la importancia de fortalecer las acciones de prevención, del cumplimiento de la ley y también del combate al mercado ilegal de bebidas con alcohol (…) estas acciones nos ayudarían a evitar situaciones similares para que no vuelvan a ocurrir".
La organización insistió en que el reciclaje seguro debe formar parte de una estrategia integral que involucre autoridades, fabricantes, distribuidores, comerciantes y empresas dedicadas al manejo de residuos.
Un mercado que sigue creciendo
Las cifras muestran que el problema trasciende el caso de Salamanca.
De acuerdo con información de FISAC, durante la pandemia el mercado de bebidas falsificadas registró un crecimiento importante en América Latina, hasta alcanzar un 9.7 por ciento de alcohol ilícito en la región.
A escala mundial, las investigaciones de la fundación estiman que una de cada cuatro bebidas alcohólicas consumidas en el planeta —25.5 por ciento— corresponde a alcohol no registrado o ilegal.
En México, el panorama resulta todavía más preocupante.
Las estimaciones de FISAC indican que más de 36 por ciento del mercado de bebidas destiladas opera en condiciones de ilegalidad, una proporción que refleja la dimensión económica de un negocio clandestino que encuentra oportunidades en los vacíos de supervisión.
Por ello, la organización sostiene que combatir el problema requiere mucho más que operativos esporádicos.
También implica fortalecer la cultura de prevención entre los consumidores.
Entre las principales recomendaciones se encuentran verificar la autenticidad de los marbetes mediante su escaneo, revisar cuidadosamente el estado de los sellos y desconfiar de bebidas cuyo olor, color o sabor presenten alteraciones.
Pero advierte que la responsabilidad no puede recaer únicamente en quien compra una botella.
También corresponde a las autoridades cerrar los espacios donde hoy prospera el mercado ilegal.
Una botella que desaparece… y puede regresar a matar
Todo lo anterior permite documentar una cadena que hoy permanece prácticamente sin vigilancia.
Comienza en un centro de espectáculos donde miles de botellas quedan bajo resguardo de una empresa privada.
Continúa en bares y cantinas que diariamente desechan cientos de envases.
Sigue en recicladoras donde esos recipientes son almacenados y posteriormente vendidos a compañías de mayor tamaño.
Y termina en un punto que nadie puede precisar con certeza.
Ni el Patronato de la Feria de León conoce el destino final de las botellas consumidas en el Palenque.
Ni existe una legislación estatal que obligue a destruir esos envases.
Ni hay un sistema público que permita rastrear el recorrido que siguen después de abandonar centros de espectáculos, restaurantes o recicladoras.
Ese vacío es hoy una de las principales preocupaciones de especialistas y legisladores.
Porque mientras una botella conserve intacta su apariencia, también conservará el valor que representa una marca reconocida.
Y en manos equivocadas puede convertirse nuevamente en mercancía.
La tragedia de Salamanca dejó una lección que va mucho más allá de una investigación penal.
Demostró que el peligro no siempre nace en una fábrica clandestina.
En ocasiones comienza mucho antes, cuando una botella vacía desaparece silenciosamente entre toneladas de vidrio, sale del radar de las autoridades y emprende un recorrido invisible del que nadie puede dar cuenta.
El problema no termina cuando una botella se vacía.
En realidad, es ahí donde puede comenzar la historia más peligrosa de todas.

