El sonido de las primeras gotas de lluvia ya no representa tranquilidad para decenas de familias de la colonia La Cantera. Por el contrario, marca el inicio de horas de incertidumbre al vivir a escasos metros del Cerro del Tenayo, donde enormes rocas amenazan con desprenderse y caer sobre sus viviendas.
Los habitantes aseguran que no es necesario que se registren lluvias intensas para que el temor se apodere de la comunidad. Cada precipitación los obliga a permanecer atentos a cualquier movimiento en la ladera del cerro, donde el riesgo es visible por la presencia de grandes rocas aparentemente sostenidas únicamente por la tierra y la vegetación.
“Vivimos al día, a lo que Dios diga”, relata Alexander, uno de los vecinos afectados, quien reconoce que los momentos de mayor preocupación llegan durante la temporada de lluvias.
Los habitantes afirman que la incertidumbre se ha convertido en parte de su vida cotidiana. Temen que un desprendimiento de rocas o tierra provoque una tragedia que cobre la vida de alguno de sus familiares.
“Se vive con incertidumbre, con terror de que se nos vayan a venir las casas de arriba, perder familiares por esto”, señala Alfonso Serrano, quien además acusa que, aunque autoridades municipales han acudido a la zona para realizar recorridos e inspecciones, las promesas de solución no se han materializado.
El peligro no es una posibilidad lejana. En días recientes, piedras de gran tamaño se desprendieron del cerro y ocasionaron daños en algunas viviendas, recordando a los vecinos que la amenaza permanece latente.
Marisela Cruz asegura que incluso ha tenido que cambiar la forma en que sus hijas juegan para evitar que permanezcan cerca de la ladera.
“Las tengo hasta allá atrás porque me da miedo que se les vaya a caer una piedra. De hecho, estaban jugando cuando cayó una; se espantaron mucho”, cuenta.
Las huellas de los desprendimientos aún son visibles. Alfonso Serrano muestra el lugar donde una enorme roca destruyó por completo un baño revestido con azulejo. Explica que, tras el incidente, la familia construyó una barda utilizando parte de la misma piedra que cayó, con la esperanza de ofrecer mayor resistencia ante futuros desprendimientos.
Cada temporada de lluvias obliga a las familias a permanecer en constante vigilancia, especialmente durante las noches, cuando el riesgo aumenta por la humedad que reblandece el terreno.
Los vecinos aseguran que la única protección simbólica con la que cuentan es una imagen de la Virgen colocada al pie del cerro, mientras las enormes rocas continúan dominando el paisaje y recordándoles el peligro con el que conviven diariamente.
Aunque personal de Protección Civil municipal ha realizado evaluaciones en distintas ocasiones, los habitantes sostienen que esas inspecciones no se han traducido en acciones concretas para reducir el riesgo.
Además, recuerdan que hace más de un año recibieron la promesa de ser reubicados debido a las condiciones de peligro en las que viven; sin embargo, el proyecto no ha avanzado.
“Ya tienen años diciendo lo mismo y nada. No creemos hasta no ver. Parece que hasta que ocurra un desastre van a tomar cartas en el asunto”, lamenta Alexander.
Mientras esperan una respuesta de las autoridades, decenas de familias continúan viviendo al pie del Cerro del Tenayo, donde cada lluvia revive el temor de que una roca pueda cambiar sus vidas en cuestión de segundos.