El Área Metropolitana de Nuevo León enfrenta un déficit de áreas verdes que ya es identificado por la ciudadanía como uno de los principales problemas de desarrollo urbano, mientras que las estrategias de reforestación de municipios y estado todavía no logran concentrarse en las zonas donde los árboles pueden generar mayores beneficios ambientales y sociales.
De acuerdo con datos oficiales, el déficit de áreas verdes en todo el estado de Nuevo León asciende a 21 por ciento. En la metrópoli es de 22 por ciento; en el área periférica el déficit es del 24 por ciento y en el resto del estado es de 10 por ciento.
Luis Ávila, director de la plataforma Cómo Vamos, advirtió que uno de cada cinco habitantes considera la falta de áreas verdes como el principal reto de desarrollo urbano, mientras que 70 por ciento percibe un exceso de concreto en la ciudad y 52 por ciento considera que las autoridades no hacen lo suficiente para proteger y ampliar estos espacios.
En tanto la percepción ciudadana de que hay más concreto que áreas verdes en su colonia, es más alta en el área periférica con 24 por ciento; seguida de la metrópoli con 22 por ciento.
Según el análisis realizado por Cómo Vamos, con información de la plataforma Ciudad Fin Invertec de Monterrey, 105 kilómetros cuadrados de concreto representan 85 por ciento de la zona urbanizada de la metrópoli, mientras que apenas 14 por ciento corresponde a áreas verdes.
Aunque los municipios y el Gobierno estatal mantienen programas de reforestación, Ávila señaló que el principal reto es dirigir los árboles hacia las llamadas islas de calor, zonas urbanas con grandes concentraciones de concreto y poca o nula vegetación, donde las temperaturas aumentan y la población enfrenta mayores condiciones de calor.
“De los árboles que han plantado los municipios metropolitanos hasta marzo de este año, que son alrededor de 25 mil, sólo el 18 por ciento está en islas de calor. Es decir, la mayoría de las reforestaciones, que por supuesto son útiles, hay que revisar qué tan sustentables son, es decir, qué tanto van a sobrevivir los árboles plantados”, explicó.
En el caso del Estado, de una meta de un millón de árboles, se habían plantado poco más de 770 mil al último corte analizado. Sin embargo, sólo tres por ciento fue ubicado en islas de calor urbanas, mientras que la mayor parte de la estrategia se concentró en la zona serrana para recuperar árboles afectados por incendios.
Ávila atribuyó la baja intervención en las zonas de mayor calor a dos factores: la falta de una estrategia que contemple el ciclo de vida de los árboles y el mayor costo que representa intervenir espacios urbanos ya consolidados. Agregó que la reforestación no debe medirse sólo por el número de árboles sembrados, sino por su capacidad de sobrevivir y generar beneficios reales para la población.
nrm