Durante décadas, el nombre de Palacio Negro de Lecumberri quedó asociado con una de las cárceles más conocidas de México. Pero ¿por qué se le llamó así?
El sobrenombre no surgió únicamente por la apariencia del edificio: detrás existe una historia de inundaciones, muros oscurecidos y, con el paso del tiempo, episodios de maltrato e injusticia que terminaron por darle un significado todavía más sombrío.
La Penitenciaría de Lecumberri fue inaugurada el 29 de septiembre de 1900 por Porfirio Díaz. De acuerdo con el Archivo General de la Nación (AGN), el proyecto fue concebido como una prisión moderna para su época y retomó principios del sistema panóptico, con una torre central que permitía controlar visualmente las diferentes crujías.
Pero incluso antes de abrir sus puertas, el inmueble comenzó a adquirir la fama que lo acompañaría durante décadas.
Así surgió el nombre de Palacio Negro
La explicación más concreta está documentada por Memórica México, plataforma de la Secretaría de Cultura. Meses antes de la inauguración, el inmueble sufrió una inundación provocada por aguas negras del cercano canal del desagüe.
El agua oscureció las paredes de cantera del edificio y contribuyó a que comenzara a ser conocido como el Palacio Negro. A esto se sumaba otro problema: el inmueble fue construido sobre el suelo blando de la Ciudad de México, por lo que experimentó hundimientos.
Su propia arquitectura también reforzaba aquella imagen. Lecumberri tenía grandes muros, torreones y una distribución radial diseñada para facilitar la vigilancia de los internos, características que le daban el aspecto de una fortaleza.
Sin embargo, con los años el sobrenombre adquirió un significado mucho más profundo.
De prisión moderna a cárcel temida
La capacidad inicial contemplada para la penitenciaría era de 700 hombres y 80 mujeres. Con el paso del tiempo, la población aumentó considerablemente y, de acuerdo con el INAH, llegó a alrededor de 3 mil 500 internos, lo que generó condiciones de hacinamiento extremo.
El AGN documenta que Lecumberri terminó asociado con maltratos e injusticias, además de convertirse en lugar de reclusión para presos políticos y personajes de la vida cultural de México.
Uno de los episodios más conocidos ocurrió después de la Decena Trágica, cuando Francisco I. Madero y José María Pino Suárez fueron llevados a la zona posterior de Lecumberri, donde fueron asesinados.
De esta manera, el nombre de “Palacio Negro” dejó de estar relacionado únicamente con el aspecto físico del inmueble. La historia de lo ocurrido dentro de sus muros terminó reforzando el carácter sombrío del sobrenombre.
Lecumberri funcionó como penitenciaría hasta 1976, cuando fue clausurada. Al año siguiente, el gobierno federal determinó que el antiguo penal sería destinado al Archivo General de la Nación. Después de los trabajos de adaptación, el inmueble comenzó una nueva etapa como sede del AGN en 1982.
El antiguo Palacio Negro dejó así de ser una prisión para convertirse en un espacio dedicado a conservar documentos fundamentales de la historia de México.
JCM