M+.- Detrás de los primeros pasos de tres jirafas bebé que nacieron en el Zoológico Guadalajara existe un esfuerzo científico de alcance internacional orientado a la conservación de la jirafa reticulada, una subespecie catalogada como vulnerable debido a la pérdida de hábitat, la fragmentación de sus poblaciones y la caza furtiva en diversas regiones de África.
Las tres crías nacidas en el Zoológico Guadalajara, visitado por MILENIO, forman parte de programas especializados de manejo poblacional y conservación fuera de su hábitat natural, diseñados para preservar la diversidad genética de la especie bajo cuidado profesional y generar información científica que fortalezca las estrategias globales para su supervivencia.
Su nacimiento es resultado de años de planeación reproductiva, monitoreo veterinario, análisis genéticos y colaboración entre instituciones zoológicas de distintos países. Para los especialistas del zoológico tapatío, cada nueva cría representa no sólo un éxito reproductivo, sino una contribución concreta a los esfuerzos internacionales encaminados a asegurar la viabilidad futura de una de las especies más emblemáticas de la fauna africana.
El trabajo realizado en Guadalajara va más allá del nacimiento de nuevos ejemplares. Cada etapa del desarrollo de las crías es documentada por especialistas que analizan aspectos como nutrición, comportamiento social, crecimiento y cuidados maternos. Esta información posteriormente es compartida con zoológicos y centros de conservación de todo el mundo.
La vida empieza para Noel, Jabari y Mamba
Actualmente, Noel, Jabari y Mamba crecen bajo vigilancia permanente mientras aprenden a relacionarse con otras jirafas, exploran nuevos alimentos y desarrollan habilidades fundamentales para su especie.
La emoción todavía se percibe en la voz de Montserrat Carrasco, médica veterinaria encargada del área de megavertebrados, quien describe con entusiasmo la llegada y crianza de las crías.
“En este momento, en nuestro kínder de jirafas en Guadalajara tenemos tres crías chiquitas, de cuatro meses y dos meses de edad. Son dos machitos y una hembrita. El más grande y el medianito son machos y la más pequeñita es hembra”, explicó.
Nombres que cuentan historias
Noel nació el 27 de diciembre y llegó como “regalo de Navidad”. Jabari, cuyo nombre significa “valiente” en africano, tuvo unos primeros días complicados y logró salir adelante. Mientras tanto, Mamba se ha robado el corazón del personal por su carácter tranquilo y delicado.
“Nos ha gustado asociar el nombre del bebé al día en que nació o a la situación. Noel se llama Noel porque nació después de Navidad. Jabari significa valiente porque al nacer le costó un poquito los primeros días”, relató la especialista.
Aunque hoy juegan entre ellas, comen zanahorias y observan tímidamente a los visitantes, las tres pequeñas forman parte de un programa internacional de conservación de jirafa reticulada, una especie clasificada como vulnerable.
“La jirafa reticulada está en un estado vulnerable debido a la caza ilegal y la pérdida de hábitat. Entonces, como institución zoológica tenemos el deber y la intención de contribuir a la conservación de las especies”, señaló Carrasco.
La veterinaria aclaró que el objetivo de estos nacimientos no es simplemente aumentar el número de animales en cautiverio, sino generar información científica útil para otros zoológicos y para las poblaciones silvestres.
“Con estas crías seguimos en constante evolución y actualización de cómo se hace el manejo reproductivo, de la dieta de las crías, de los vínculos sociales. Son muchos aspectos que podemos reunir aquí en el zoológico como información para compartir con otros colegas en todas partes del mundo”.
Su futuro lejos de Guadalajara
Detrás de la imagen tierna de las jirafas existe una compleja coordinación internacional.
Cada nacimiento es registrado en plataformas globales donde especialistas analizan qué ejemplares pueden reproducirse sin poner en riesgo la diversidad genética.
“Las jirafas que aquí nacen en Guadalajara no siempre permanecen. Esto es parte del manejo poblacional que tenemos que hacer”, comentó. “Tenemos plataformas donde registramos a las jirafas de la institución y, a partir de ahí, hacemos un análisis de qué machos y qué hembras son viables para cruzar, justamente para impedir cruces entre familiares”, agregó.
Por eso, en algunos años, Noel, Jabari o Mamba podrían mudarse a otros zoológicos del país o incluso del extranjero. El objetivo es garantizar poblaciones sanas y genéticamente viables.
Sin embargo, antes de pensar en viajes o intercambios, hoy las pequeñas apenas comienzan a descubrir el mundo.
Las jirafas son animales altamente sociables y por eso el zoológico planeó que las crías nacieran en fechas cercanas. Crecer juntas facilita su desarrollo y fortalece sus vínculos.
“Es más fácil tener a las jirafas en grupo porque las jirafas son muy sociables y entre las mismas crías se ayudan a crecer y a desarrollarse, y las mamás también fungen como tías”, explicó la veterinaria.
La preparación para recibirlas comenzó mucho antes del nacimiento. Las hembras fueron integradas con el macho y, tras una gestación de entre 14 y 15 meses, inició la espera.
“Cuando sabemos que la fecha se aproxima, nos preparamos con dormitorios limpios, preparados, con tierra suavecita y con todos los insumos por si se llegara a ofrecer alguna intervención”.
Afortunadamente, ninguna de las madres necesitó ayuda humana para criar a sus bebés.
“Las jirafas han sido muy buenas mamás y ellas los han criado. Nosotros sólo estamos supervisando que coman, que caminen bien y que estén sanos”.
Guardias nocturnas y nacimientos que impactan
Pero el nacimiento de una jirafa no deja de ser impactante, incluso para quienes llevan años trabajando con ellas.
“Es algo muy bonito ver el parto. A lo mejor es algo medio explícito o un poco abrumador porque el hecho de ver a la jirafita caer desde dos metros al suelo de pronto es impactante, pero es la naturaleza”, relató Carrasco.
Y es que las crías prácticamente nacen de pie. La caída forma parte natural del proceso y, minutos después, las pequeñas comienzan el esfuerzo por levantarse.
Para el personal veterinario y de cuidadores, cada parto implica jornadas enteras sin dormir.
“Las primeras 42 horas las monitoreamos todo el tiempo. Hacemos guardias nocturnas justamente para supervisar que la mamá esté jugando bien su papel y que el bebé esté tomando leche”.
El equipo del área de megavertebrados está conformado por médicos y cuidadores que se turnan para vigilar cada movimiento de las crías durante sus primeros días de vida.
“Somos tres cuidadores y médicos trabajando en el área y nos rolamos horarios. De pronto amanecemos aquí”.
Un curioso, un tímido y una elegante
Esa cercanía diaria ha permitido que identifiquen claramente la personalidad de cada jirafa.
“Es muy curioso cómo hasta en las jirafas es muy notorio cuando convives con ellas todos los días”, comentó entre risas.
Jabari, por ejemplo, es el más curioso.
“Él se acerca y te huele, es muy curioso”.
Noel, en cambio, es más reservado.
“Noel es curioso, pero de lejitos, como más tímido”.
Y Mamba, la única hembra del grupo, destaca por su calma.
“Mamba ha sido una niña muy tranquila, muy elegante, muy delicada”.
La alimentación también forma parte fundamental de su desarrollo. Durante las primeras semanas, las crías dependen completamente de la leche materna, pero poco a poco comienzan a imitar a sus madres.
“Primero curiosean hasta que ya son capaces de comerlo y digerirlo”, explicó Carrasco.
Apenas a las dos o tres semanas empiezan a explorar alimentos sólidos como ramas, alfalfa y concentrados especiales.
“Empiezan a usar su lengüita, a agacharse y a explorar el mundo de manera oral, como cualquier bebé”.
Actualmente, aunque siguen tomando leche, ya comen zanahorias, manzana y otros premios que forman parte de su entrenamiento médico.
“Usamos los premios justamente para involucrarlos en los entrenamientos médicos y desde bebés aprenden súper rápido, como los niños en el kínder”.
Verlas crecer también resulta sorprendente. Aunque hoy parecen enormes para muchos visitantes, apenas están comenzando.
“Al nacimiento andan midiendo como un metro setenta más o menos y ya de ahí se dan el estirón”.
En sus primeros seis meses de vida, las jirafas experimentan uno de los crecimientos más acelerados del reino animal. En la naturaleza necesitan desarrollarse rápidamente para evitar convertirse en presa fácil.
“Para ver una jirafa ya de gran tamaño hay que esperar al menos un año, pero en los primeros seis meses se dan un estirón enorme”.
Actualmente, las madres de las pequeñas también son jóvenes. Luisa tiene nueve años, Juana diez y McKenba apenas cinco. El macho reproductor, Baki, tiene diez años.
Aunque las jirafas pueden vivir más de 30 años bajo cuidado humano, su etapa reproductiva es limitada.
“A partir de los cinco años pueden empezar a ser mamás y ya después de cierta edad dejan de reproducirse”.
Por ahora, Noel, Jabari y Mamba continúan descubriendo el entorno bajo la vigilancia permanente del equipo veterinario y el cuidado de sus madres. Entre juegos, carreras torpes y largas pestañas que enternecen a cualquiera, las pequeñas jirafas se han convertido en una de las atracciones más especiales del zoológico tapatío.
La especialista incluso adelantó que podrían venir más nacimientos antes de lo esperado.
“En cuanto menos se lo esperen, vamos a anunciar la otra camada de bebés. Sí… se están cocinando”.
JVO
